River mostró capacidades específicas para derrotar 2-0 a Boca en La Bombonera. Esas capacidades se enfocan en el nivel de sus resoluciones para defender y atacar. Fue implacable arriba. Y fue muy solvente atrás. El desconcierto de Boca

¿Qué fundamento justifica la nueva victoria por 2-0 de River sobre Boca? Uno que es determinante: la calidad que expresaron algunos de sus jugadores. La calidad para resolver lo que pocos resuelven.

La calidad que mostró el Pity Martínez para clavar un formidable zurdazo de aire a una pelota que le llegó envenenada y que la colgó cerca del palo izquierdo del arquero Rossi. Esa puñalada determinó el rumbo posterior del encuentro. Afirmó y serenó a River. Apuró y desesperó a Boca, hasta arrinconarlo en los latidos de su propia urgencia.

La calidad que denunció el colombiano Quintero (entró por Martínez lesionado promediando el primer tiempo) para meter una pelota profunda, habilitar a Borré, quien descargó a su derecha para que Scocco (reemplazó en la segunda etapa a Pratto), con reminiscencias del mejor Batistuta, sacara un sablazo infernal para decretar el 2-0.

Y si hay que hablar de calidad, no se puede pasar por alto la presencia de Franco Armani. Una verdadera muralla en el arco de River. El cabezazo de Mas que tapó sobre el final del partido fue descomunal. Esa atajada de otra dimensión que pareció inspirada en las antológicas atajadas del Pato Fillol, quizás también resuma ese aire de superioridad que revela River en situaciones de altísima complejidad. Y en especial cuando del otro lado está Boca.

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La diferencia más influyente a favor de River se enfocó en sus capacidades específicas. En ese escenario de mejores resoluciones que siempre demanda el fútbol. Porque no hay distancias notables que separan a ambos equipos. Pero hay distintos niveles en las respuestas individuales y colectivas a la hora de defender y a la hora de atacar.

Este River conducido por Marcelo Gallardo que hace cuatro años le viene quemando ilusiones a Boca en diferentes contextos y competencias, tiene más recursos futbolísticos que Boca. ¿Cuáles son esos recursos aplicados al fútbol? La combinación de técnica y conocimiento del juego.

River Boca

Se vio claramente en La Bombonera. Se vio en las circunstancias decisivas del partido. Allí, River, no perdonó. Como, por ejemplo, perdonó Benedetto (no es el mismo goleador implacable, anterior a la grave lesión que sufrió) en algunas aproximaciones. O Tevez, ya fuera de forma y ritmo para desequilibrar con la potencia que siempre lo identificó. La pobrísima actualidad de Tevez lo muestra en su ocaso irremediable. Estuvo 65 minutos en la cancha y no aportó nada. Una auténtica sombra de lo que fue. Por eso los Barros Schelotto lo desplazaron en la última recta del complemento, como después también sacaron a Benedetto, más empecinado en protestar que en ganar en el área adversaria.

La impotencia creciente e inevitable de Boca terminó delatando las fortalezas anímicas y estratégicas de River. Que cuando tuvo que aguantar, aguantó. Con muy pocas fisuras. Organizando ese aguante que fue pasajero, en especial en el arranque del segundo tiempo, cuando Boca pretendió empujarlo al abismo sin conseguirlo. Pero sin Pablo Pérez, Boca no tiene un pase ofensivo importante. No tiene un pase que clarifique. Un pase que encuentre el espacio. Entonces choca. Y no para de chocar.

Esa ausencia indisimulable de calidad se paga. Aunque haya generado algunas chances que pudo desactivar la figura majestuosa de Armani. Porque la calidad trasciende incluso al funcionamiento. Y mucho más al empuje. O al temple. O al voluntarismo.

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River, en definitiva, lo puso a Boca enfrente de un espejo. Y las imágenes que a Boca le devolvió el espejo, fueron muy discretas, mediocres. Porque Boca continúa siendo un equipo de apariciones. Un día Pavón. Antes Benedetto. Otro día Cardona. O Tevez. O algo de Zarate. O el panorama de Pablo Pérez. Pero le falta armonía al equipo. Le falta juego colectivo. Cuando no se ratifican esas apariciones siempre erráticas, Boca entra en su fase más desconcertante. Y no hace pie en ningún sector.

Ante River quedó expuesto. River lo dejó al desnudo sin hacer un partido brillante ni mucho menos. Pero expuso las fragilidades estructurales de Boca. Y le ganó con autoridad en las dos áreas: en la propia y en la ajena. Le ganó con una contundencia imbatible. Y no le dio posibilidades de reacción efectiva, más allá de un par de arrebatos insuficientes que Boca denunció en su agonía.

Le quedaron todas las preocupaciones a Boca. Varias de ellas subordinadas a la superioridad ya instalada que le transmite River. Y le quedaron a River todas las gratitudes. Si hace décadas, Boca le marcaba la cancha a River, ahora aquellas páginas históricas sufrieron cambios radicales. Y es River quien le marca la cancha a Boca. No parecen casualidades. Son episodios del fútbol. Es cierto, circulares. Los padece Boca. Los goza River.

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