Es un tipo áspero Gabriel Heinze. Siempre lo fue. Antes como jugador, ahora como técnico. Un duro del fútbol. Lo que no significa que camine por arriba de las emociones. O que las trascienda y no se emocione.
Es áspero con quien quiere serlo. Por ejemplo con la prensa. Y con los dirigentes. Y en todo caso con esa gran abstracción que es el ambiente del fútbol. En este caso del fútbol argentino. Un ambiente siempre en carne viva. Nunca en paz. Ese ambiente con el que el Gringo Heinze nunca fue cortesano.
Prefirió la distancia. El trato alejado de la franela. O de la complicidad naturalizada con algunos periodistas. En este escenario el hombre que hoy tiene 40 años y ejerce como entrenador de Vélez, se ganó no pocas antipatías. O en todo caso se ganó enemigos variopintos que circulan por la ancha y generosa avenida del fútbol.
No es que Heinze sea un tipo intratable. De hecho ha visitado en su etapa de jugador distintos estudios de televisión contando anécdotas y distintas situaciones más o menos conflictivas que el fútbol puede generar. Quizás lo que Heinze menos se banca es el conventillo. El rumor de vuelo bajo. Las versiones oportunistas y retorcidas. La búsqueda, en definitiva, de la polémica para crear o promover una confrontación que alimente el ida y vuelta.
En ese territorio explorado, el ex defensor de la Selección que participó como titular en los mundiales de Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, parece inflexible. Y lo es. Si interpreta que tiene que disgustarse por una pregunta en una rueda de prensa, lo hace. Si interpreta que lo quieren correr en determinada dirección, lo dice. Si interpreta que la consulta es desafortunada, no lo duda y lo plantea.
No se calla. No responde con un tono políticamente correcto. No sonríe con los interlocutores ocasionales para quedar bien frente a una audiencia. No deja pasar lo que él considera que no tiene que dejar pasar. Esa manera no muy frecuente de relacionarse con el universo mediático lo dejó en varias oportunidades expuesto como un tipo difícil, hermético y desconfiado.
Es probable que un gran elogio lo haya manifestado el último domingo el volante de Vélez, Gastón Giménez (tiene pase y manejo), después del 1-0 sobre San Martín de Tucumán. Dijo Giménez: “Heinze es un técnico que está loco, pero es un loco lindo. Para nosotros es enseñanza, aprendizaje constante. Lo disfrutamos y tratamos de aprender y esforzarnos para quedarnos con todo lo que él sabe”.
Experiencias valiosas no le faltan a Heinze. Se inició en Newell’s y luego jugó 15 años sin interrupciones en Europa en clubes de España, Portugal, Francia, Inglaterra e Italia: Valladolid, Sporting de Lisboa, París Saint Germain, Manchester United, Real Madrid, Olympique de Marsella y Roma, para cerrar su carrera en Newell’s el 10 de mayo de 2014, luego de consagrarse campeón en el 2013.
Como entrenador arrancó en Godoy Cruz, continuó en Argentinos Juniors logrando el ascenso y llegó a Vélez en enero de 2018 en una circunstancia muy compleja vinculada al promedio del descenso.
¿Qué distingue a Heinze en el rol de técnico? Su vocación docente. Su construcción. Y su gran capacidad de trabajo en contextos de alta dificultad. Reivindica a Marcelo Bielsa, pero no es solo un alumno aplicado de Bielsa. Tiene voz propia. En estas primeras imágenes de Heinze como entrenador quizás late un profesional despojado de la teoría de la resignación.
Por eso pretende ser influyente cuando conduce a un plantel. Influyente adentro y afuera de la cancha. En especial, con los jugadores más jóvenes. Con los que tuvo antes en Argentinos. Con los que tiene ahora en Vélez.
Si no regala gestos demasiado amables a los periodistas que lo entrevistan después de cada partido o en una charla acordada durante la semana, no dejan de ser episodios insustanciales. Lo importante, más allá de su perfil áspero, es lo que les transmite a los jugadores que dirige. Y lo que logra.
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