La victoria de la promesa del momento, el mexicano Jaime Munguía, más que realzar su figura lo que hace es potenciar solapadamente un superduelo a futuro contra el Canelo Álvarez, que no tiene muchas figuras de fuste por delante para satisfacer el negocio que se creó en torno a él.  ¿Tiene con qué?

¿Alguien tiene alguna duda de que los mexicanos Jaime Munguía y Saúl “Canelo” Álvarez se van a enfrentar alguna vez?

Más concretamente, ¿hay dudas de que todos los pasos que la promotora Golden Boy da junto al gran negocio del boxeo –TV, PPV, streaming, casinos-, apunta directamente a eso?

¿Será pronto? ¿Será este año? ¿El que viene? Puede que sea en un par, pero será. Y por varias razones. La principal es que hay que buscarle ante todo un rival potable y “vendible” al Canelo, pero cuanto más se alargue ese camino se alargará el negocio en forma directamente proporcional. Y la otra, paradójicamente, para buscarle un sucesor.

Ya no importa demasiado si Munguía es bueno o malo. Es carismático. Es mexicano. Pega, luce, es joven, tiene un record inmaculado (35-0-0, 28 KO, con apenas 23 años), es decir, “cierra”. Además, se apuntó a él, se invirtió en él, y ahora es él. Hablamos de “La Gran Pelea”, no de una común y corriente.

Lo que hay que buscar ahora es agigantar su imagen corriendo el menor riesgo posible. La categoría mediano en la que debutó el último sábado en Texas, donde venció por KOT 11 al irlandés Gary O’Sullivan le sentó bastante bien; mejor seguro que la superwelter donde militaba, en la que debía exprimirse para darla, con un físico que aún está en evolución.

Pero O’Sullivan tiene 35 años, y en ellos encierra la misma cantidad de peleas que tiene Munguía (34), solo que con la del sábado tiene 4 perdidas, 3 de ellas antes del límite. Y salvo el inglés Billy Joe Saunders, que en 2013 lo venció por puntos, de los tres que lo vencieron por la vía rápida a Munguía es al que más le costó noquearlo (los otros fueron David Lemieux, por KO 1 y Chris Eubank Jr, por KOT 7).

Es más; el irlandés ante Munguía por un momento parecía indestructible.

Si vamos a evaluar, coincidiremos en que mediano le sienta mejor que superwelter, pero para ser sinceros, si bien sus rivales actuales se van elevando en cuanto a nivel, respecto de los primeros tiempos la joven promesa ha retrocedido.

La primera vez que lo vimos era Leonard con la pegada de Tyson. Hoy es Tyson con la pegada de Leonard.

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Y mejor no indaguemos por su mandíbula, porque cada vez se va acercando más a la de Tommy Hearns. No es que se caiga al primer soplido, pero uno advierte que le pegan bastante, porque tiene defensa precaria o nula, y algunas veces las siente, aunque no provengan de un Golovkin. ¿Qué pasaría si le pegara alguien como Triple G?

Jamás lo sabremos, porque jamás le pondrán a alguien que pegue parecido a GGG. Ojo, el pibe todavía aguanta, pero como un vidrio rajado a punto de romperse. Será cuestión de puntería, o de insistencia, si antes no le enseñan a evitarlos más que a darlos.

Tampoco pega a la perfección. Debiera ser más eficaz si poseyera la técnica precisa para cada golpe y la inteligencia de combinarlos según la ocasión, en vez de arrojarlos a mansalva. No alcanza con pegarlos sin ton ni son, ni tampoco con zumbarlos con fuerza.

Si revisamos con paciencia su record, descubriremos que Munguía, salvo a Sadam Alí –y hasta por ahí nomás- no le ganó a nadie. La expresión de deseo y la ansiedad por crear una figura internacional depositan en él cualidades que no tiene, o aún le falta desarrollar. Hoy con Canelo no es pelea, no porque Canelo sea gran cosa, sino porque los minutos de ring pesan, y la jerarquía de oposición también.

Munguía hoy no es lo que muchos piensan, o lo que puede llegar a ser si acierta algunos pasos en su crecimiento, si reconoce sus Talones de Aquiles sin vergüenza, y no se deja influenciar por las sobadas de lomo de los amigos del campeón.

El sábado pasado la pelea contra O’Sullivan fue pareja hasta la definición, y cometió infracciones (golpes bajos, generalmente) descalificables. Desequilibró al final, y hasta puso en riesgo la salud del irlandés, porque todavía allá –en USA o en México- los sabihondos del boxeo se resisten a adoptar la cuenta de pie, que le hubiera ahorrado media docena de golpes más al irlandés, que podrían haberles costado la vida a cualquiera en tales circunstancias.

En árbitro Mark Calo-oy usó “el manual”, y al no caer el británico, dejó seguir como si el match fuera “a finish”, sin conciencia de su función, ensimismado, al punto de que cuando desde el rincón le tiraron la toalla, ni la vio.

El propio rincón de O’Sullivan, que es parte interesada, advirtió sobre su pupilo un peligro que no fue capaz de advertir él, que está en una situación neutra y en una mejor posición para ver y sentir las derivaciones de un ataque, cuando una de las partes no responde.

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