Tiene 56 años, es guardavidas y puede pasar hasta una hora sumergido en aguas heladas y sin traje de neoprene.

Walter Ruano en un guardavidas de 56 años, nacido en Quilmes, considerado como uno de los padres de la natación en aguas frías, deporte que comenzó a practicar junto con dos amigos hace más de 20 años y que hoy en día cuenta en el país con más de 2300 nadadores, que desafían las bajas temperaturas y el hielo para sumergirse sin siquiera un traje de neoprene.

"Todo pasa por la mente", aseguró este ‘superhombre’, que dejó su Quilmes natal para radicarse en Tierra del Fuego, donde se prepara para cumplir su sueño de nadar en la Antártida. En sus comienzos, comenzó a sumergirse en lagunas congeladas y con el tiempo llegaron los logros: pasó su primera hora rodeado del hielo en el ‘Fin del Mundo’, atravesó el Canal de Beagle y llevó hasta el Faro Les Éclaireurs la Antorcha Olímpica de los JJOO de la juventud de 2018.

Según contó, sus primeros contactos con las bajas temperaturas fueron durante las escapadas que hacía para acampar, tanto en verano como en invierno. Entonces notó que no buscaba abrigo, como otras personas, sino que deseó sentir frío extremo, lo que lo llevó, casi sin querer, a meterse por primera vez en esas gélidas aguas. Al principio con traje de neoprene y luego sin él.

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El nacido en Quilmes es considerado como uno de los padres de la natación en aguas frías

El nacido en Quilmes es considerado como uno de los padres de la natación en aguas frías

"Es increíble la capacidad del cuerpo para adaptarse a las temperaturas. Recuerdo que rompía el hielo para meterme en el agua y un día logré estar allí más de una hora", contó Walter, que hace unos días fue reconocido por Nadadores de Aguas Frías (NAF) "por mostrarnos el camino".

Asimismo, el guardavidas agregó: "Trabajé muchos años en la Costa Atlántica, en San Bernardo, y viví muchos años en Buenos Aires y cuando me mudé a Ushuaia veía tanta agua y sólo pensaba en meterme, sabía que estaba fría, pero le encontré la vuelta: usé un traje como los de buzo y empecé a meterme cada vez más tiempo en el agua íhasta que hicimos el primer cruce del Canal de Beagle!. Éramos cinco guardavidas y un profe de Educación Física. El único que siguió metiéndose en el agua fría de ese grupito fui yo y cada vez con menos protección térmica".

En ese sentido, explicó que ese primer cruce en aguas abiertas frías lo hizo en 2004 enfundado en un traje de neoprene, pero como con el paso del tiempo el frío comenzaba a pasar, decidió quitárselo y quedar "en cueros".

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El nadador de Quilmes desafía temperaturas extremas

El nadador de Quilmes desafía temperaturas extremas

Haciendo lo que sabía que hacían los nadadores rusos para aislarse del frío, comenzó a untar su cuerpo con lanolina, luego con grasa del cuerpo de distintas especies animales, pero dejó todo de lado. "Mi experiencia me demostró que lo mejor es no ponerse nada. El cuerpo responde al entrenamiento y a la constancia; eso hace que el organismo adquiera solo las defensas que necesita, hasta que se va acostumbrando y cada vez se aguanta más tiempo", reconoció.

Con esa premisa y horas de práctica, el segundo cruce al Beagle lo hizo sólo con la gorra de natación, el short y las antiparras. "íNo lo olvido más! Fue el 2 de agosto de 2013: hice 2200 metros desde el aeropuerto hasta un islote. En pleno invierno y con -10°c, pero el agua estaba un poco más caliente que afuera. La temperatura del mar oscila siempre entre 3 y 5 grados, en cambio el agua dulce sí se congela", detalló.

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