El Mundial 2018 tiene que ser definitivamente el que espera Lionel Messi para saldar la única deuda que le queda con la historia. Allí, con toda su magia intacta, estrenará sus 30 años de edad y buscará alzar la Copa.

Hace 4.866 días, en Leipzig (Alemania), Lionel Messi ingresaba en reemplazo de Maxi Rodríguez. Iban 30 minutos del segundo tiempo del partido en el que la Selección Argentina goleó 6 a 0 a Serbia y Montenegro, cifra sellada, precisamente, con un tanto de La Pulga.

Ese día, 16 de junio de 2006, a una semana de cumplir 19 años, el astro argentino debutaba en una Copa del Mundo. Cinco días después, en el empate sin goles ante Holanda, con el equipo clasificado, el entrenador José Pekerman lo confirmó por primera vez como titular (estuvo 70 minutos en la cancha, antes de ser reemplazado por Julio Cruz).

Esa fue su primera experiencia mundialista. A medias. Como suplente y sin haber ingresado en el partido frente a Alemania, cuando Argentina quedó eliminado por penales en cuartos de final. “Nunca le perdoné a Pekerman que lo haya dejado en el banco aquel día”, le reconoció tiempo más tarde a Diario Popular el por entonces presidente de la AFA, Julio Grondona, el primero en advertir las cualidades de aquel juvenil adoptado por Barcelona al que el dirigente le organizó un partido especial para que jugara con la casaca argentina y los españoles no pudieran nacionalizarlo.

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Entonces hay que viajar a Sudáfrica, en 2010, para ver a Messi definitivamente confirmado como el símbolo del equipo argentino. Allí, con Diego Maradona como técnico, estrenando sus 22 años y en la parábola ascendente de su demoledor rendimiento, fue el abanderado de una selección que volvió a quedar eliminada por Alemania, otra vez en cuartos de final, pero en este caso como consecuencia de una contundente goleada: 0 a 4.

En aquella ocasión, Maradona dispuso que Messi durmiera en la habitación junto a Juan Sebastián Verón, "para que moldeara su perfil de líder de grupo".

Tiempo después, la Brujita contó en un off the record, que el liderazgo de Messi iba a llegar “pero desde otro lado”. El dato curioso para el mejor jugador argentino en esa Copa del Mundo fue que terminó sin anotar un gol: cinco partidos, decenas de situaciones y ningún festejo.

En su plenitud le llegó el Mundial de Brasil en 2014. Con Alejandro Sabella de entrenador, quien resolvió entregarle la cinta de capitán que hasta entonces ostentaba Mascherano. Messi tuvo actuaciones de alto nivel acompañadas de golazos con su sello inconfundible. De su mano, el equipo llegó a la final frente a la ya temible sombra negra alemana, que encima venía de aplastar por 7 a 1 a los dueños de casa.

El partido, desde el trámite favorable al equipo argentino, se definió en el tiempo suplementario a favor de los germanos, después de que el equipo de Sabella desperdiciara varias situaciones muy claras de gol: una de ellas, en los pies de Messi, con un tiro cruzado de los que, de cien, 98 terminan adentro del arco rival.

Hace 13 años, 3 meses y 25 días, Messi debutaba en un Mundial. Jugó tres y sabe que, con esa acreedora implacable que es la historia, sigue en deuda. En ocho meses empezará un nuevo capítulo con ribetes de revancha.

En Rusia, tierra a la que nos lleva de la mano, Lío estrenará sus 30 años y aún en nivel superlativo, demoledor. No será, necesariamente, su última Copa del Mundo; pero sí, probablemente, la de su consagración definitiva. Al menos, esa es la sensación que ya agita a los inestables pero siempre entusiastas corazones argentinos.