La recesión y la caída del poder adquisitivo golpean al comercio textil en Argentina. En las principales avenidas porteñas hay unos 300 locales inactivos en promedio, mientras la producción del sector cayó un 22,6% interanual.
El comercio minorista de indumentaria en Argentina atraviesa una de sus etapas más difíciles, con un fuerte aumento de locales vacíos y emprendimientos que no logran sostener su actividad. La recesión y la caída del poder de compra de los consumidores profundizan la crisis, de acuerdo con los últimos relevamientos de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC).
En las principales avenidas comerciales de la Ciudad de Buenos Aires se contabilizan, en promedio, unos 300 establecimientos sin actividad. El panorama refleja las dificultades que enfrentan los negocios tradicionales y contrasta con el crecimiento de la compraventa de ropa usada, una alternativa que gana cada vez más espacio entre los consumidores.
Comerciantes manifestaron su inquietud por la falta de políticas destinadas a respaldar a las pequeñas y medianas empresas y estimular las ventas. También cuestionaron la competencia de plataformas internacionales que ofrecen prendas a precios difíciles de igualar.
Históricamente, las tiendas de ropa fueron protagonistas de las principales avenidas porteñas. Sin embargo, actualmente muchas zonas comerciales exhiben una imagen diferente, con persianas bajas y carteles de alquiler que se repiten a lo largo de varias cuadras.
La avenida Cabildo figura entre las más perjudicadas y duplicó la cantidad de locales desocupados en las mediciones realizadas durante este año. En Flores, la avenida Avellaneda, reconocida por su concentración de comercios mayoristas y minoristas de indumentaria, registró un incremento interanual de más del 160% en la vacancia comercial.
La situación también alcanza a las avenidas Santa Fe y Córdoba, en sectores de Palermo y Recoleta, donde establecimientos con décadas de historia tuvieron que cerrar sus puertas. Por su parte, Corrientes y Rivadavia se encuentran entre las arterias porteñas con mayor cantidad de locales que dejaron de funcionar.
El deterioro comercial se vincula con una crisis que atraviesa toda la cadena textil. Un informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA) señaló que la producción del sector acumuló una contracción del 22,6% respecto del año anterior.
Los empresarios advierten que la caída de la actividad impacta tanto en los comercios como en las fábricas. Actualmente, las plantas industriales trabajan al 45,3% de su capacidad instalada. Desde fines de 2023, además, se produjo el cierre neto de más de 500 establecimientos productivos y la pérdida de más de 28.322 puestos de trabajo formales en las actividades textiles, de confección y calzado.
Frente a la pérdida de poder adquisitivo, las familias modifican sus hábitos de compra y priorizan los gastos esenciales. Referentes de la Fundación Pro Tejer señalaron que la indumentaria suele ser uno de los primeros rubros en los que se reducen los gastos, por lo que muchas personas optan por prolongar la vida útil de las prendas que ya tienen.
A esta situación se suma la competencia de plataformas internacionales de bajo costo, como Temu y Shein. Los comerciantes sostienen que los precios de esos sitios representan un desafío para la producción nacional, afectada por la presión impositiva, los costos de logística y el aumento de las tarifas.
En este contexto, la comercialización de prendas usadas se consolida como una opción para quienes buscan precios más accesibles y para los negocios que intentan adaptarse a las nuevas condiciones del mercado.
La crisis también modifica el funcionamiento de los comercios de barrio. Los propietarios aseguran que sus ingresos permanecen estancados o disminuyen, mientras que los gastos fijos continúan en aumento. Esta combinación complica la continuidad de marcas medianas y pequeños emprendimientos con más de una década de trayectoria.
Para mantenerse abiertos, muchos locales recurren a liquidaciones anticipadas, promociones y descuentos agresivos con el objetivo de obtener efectivo para afrontar compromisos inmediatos, entre ellos el pago de los alquileres.
Al mismo tiempo, algunos espacios que antes ocupaban tiendas de indumentaria son reemplazados por franquicias gastronómicas y otros negocios de rápida rotación. De esta manera, las principales avenidas porteñas comienzan a perder parte de su tradicional identidad comercial, marcada durante años por los locales de ropa familiares e independientes.
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