Lanús no pudo "con su genio" y volvió a adueñarse del duelo zonal con una soberbia labor del Pepe Sand, autor de tres goles, dos de ellos de penal. Banfield jugó casi todo el segundo tiempo con diez hombres y no tuvo argumentos.

Ya es costumbre ver festejar a Lanús ante Banfield. El historial entre ambos sigue hablando de una supremacía del Taladro lograda en otros tiempos, cada vez más exigua y relativizada por los tiempos nuevos que corren, donde el Grana marca notorias diferencias en cada choque, acorde a la realidad de ambos. Aquéllo de “el clásico lo gana el que no suele llegar bien” no cuenta en absoluto en esta historia. Es una época de Lanús sólo comparable con la década del noventa de Vélez, envidiable y hasta salida del contexto que envuelve al fútbol argentino.

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En Lanús se ve crecimiento constante como club y todo se traduce en el rendimiento y calidad de un equipo de fútbol dirija quién lo dirija, desde Ramón Cabrero a Jorge Almirón, sin necesidad de ir más atrás y remontarnos a los lapsos de Miguel Angel Russo, coincidentes con la recuperación de un club que había aterrizado años antes en Primera C y sumido en una cuasi bancarrota por enfrentarse legalmente al poder de Julio Grondona en la AFA. Todo, absolutamente todo, confluye en una línea futbolística y en una calidad que Lanús arrastra más allá de resultados deportivos circunstanciales, para orgullo de su propia identidad. Y cuando esos resultados son como el de ayer, la fiesta es total. El auténtico clásico de Lanús es Quilmes, pero es innegable que en los últimos años se fortaleció el derby zonal con Banfield y es imposible decirle lo contrario a las nuevas generaciones de hinchas de ambos clubes. Desde allí se explica tanta euforia, que en los últimos años tiene un dueño casi exclusivo.

Dos posturas y estilos diferentes para jugar, confrontados. Lanús hasta puede “hartar” haciendo gala de su control de pelota mientras busca abrir huecos en campo rival y generar luego la jugada de gol, pero como argumento es tan válido como indiscutible, porque el resultado lo respalda. Por eso, Banfield lo atoró presionando bien arriba y robándole la pelota del medio en adelante, generándole problemas. Por eso el primer tiempo se fue “en veremos”, en un empate de un gol por lado, porque tras un inicio arrebatador del Grana, con el foul-penal de Jorge Rodríguez al Laucha Acosta y la conversión implacable de Sand, siguió el descuido defensivo local que terminó en el gol de Bettini, captando un rebote delante de Andrada, ingresando desde la derecha.

Pintó para una continuidad del estado de cosas el juego desde el inicio de la segunda etapa, con el Taladro esperando con dos líneas de cuatro mientras Lanús movía el balón buscando sacar la jugada. Otro foul-penal de Rodríguez le facilitó las cosas al Grana, con expulsión incluida. Sand tampoco perdonó y puso el resultado a favor por otro rato, ya que en una tibia respuesta visitante que acabó en corner, el Pepe metió la mano donde no se puede y el penal cambiado por gol por Brian Sarmiento volvió a emparejar el resultado. Lanús no inmutó. Un virtud de su sello es seguir en la suya. No perdió la calma, no cambió pelota segura por pelotazo apurado. Se mantuvo y tuvo razón. Herrera entrando por el segundo palo y Sand terminando una gran jugada con Román Martínez sellaron el destino del partido. Para inflarse el pecho de orgullo.

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