La panelista del programa de Georgina Barbarossa contó el drama que atravesó detrás de su trastorno de salud mental.
Analía Franchín abrió las puertas de su intimidad para contar un drama que arrastra desde chica. La integrante de A la Barbarossa, en las mañanas de Telefe, sufre de TOC, Trastorno Obsesivo Compulsivo, por el que está medicada. Y que ese problema de salud mental la llevó a situaciones insospechadas como la de desenterrar animales muertos.
"El trastorno obsesivo-compulsivo es muy complicado, jodido y doloroso: te hace sufrir mucho mucho mucho. Yo sufrí los dos tipos de trastorno obsesivo. Uno es el de la acción: tengo que hacer sí o sí una cosa porque si no, algo va a pasar. Lo que más bronca te da es que sos reconsciente de que no va a pasar nada, que eso que estás haciendo no tiene ningún sentido, pero no podés vivir si no lo hacés", comenzó, Analía.
"Y está el trastorno del pensamiento, que es el más cruel. Por ejemplo, mi papá estaba internado muriéndose del corazón y el TOC me decía: “Ojalá te mueras”. Entonces, te querés arrancar la cabeza. Como que tenés dos cerebros: uno funciona perfectamente y el otro es el del pensamiento intrusivo. La cabeza me hacía así (gesticula). Es insoportable".
"Me lo diagnosticaron a los veintipico y empezaron a ver un poco mi historia: se me había desarrollado en la infancia y mis papás no lo detectaron. Por ejemplo, me soplaba mucho los ojos, tiraba besos al cielo, no podía ver patentes que terminaran con el número 2. Cuando se me moría un animal, lo enterraba y lo desenterraba. Había un montón de situaciones que después se fueron potenciando, pero no los hicieron sospechar que yo sufría de esto", recordó, Franchín.
"Desenterraba animales por mi TOC: Dos animales: un hámster y un perro. Yo tenía ocho, nueve años, y había enterrado al hámster con una foto mía y entonces, tenía que sacarla. Después, pobrecito, no podía volver a meter al hámster muerto, entonces lo escondí en una caja en el techo de mi casa, entonces iba todos los días a estar un ratito con él: lo besaba, lo abrazaba, lo cuidaba y lo protegía; le hablaba", explicó, Analía, en diálogo con Infobae.
"Te imaginarás: el hámster ya estaba azul, podrido... Hasta que mis papás me descubrieron y me lo tiraron a la basura. No los juzgo, hicieron lo que pudieron, pero si mi hijo pasara por una situación similar le haría entender, con una ceremonia, con una despedida, que va a estar mejor en otro lugar".
"De más grande, tuve dos momentos largos con un TOC muy muy severo, de no poder salir de mi casa, de despertarme a las cuatro, cinco de la mañana con las pupilas dilatadas del nivel de ansiedad y de pánico. Si vos tenés diabetes o presión, te tienen que medicar de por vida. Bueno, yo tengo este problema de salud mental, y me tengo que medicar de por vida", cerró, Franchín.
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