La actriz estrena mañana "Rojo", la película que ganó en el Festival de Cine de San Sebastián (España) en los rubros Mejor Director (Benjamín Naishtat) y Mejor Actor (Darío Grandinetti)

Mañana Andrea Frigerio estará de estreno por partida doble con su presencia en el cine nacional: Rojo y Solo el Amor ganan la cartelera. Para la actriz, las dos películas tienen significados distintos. Rojo se proyecta como una de los mejores films del año, ganó en el Festival de Cine de San Sebastián (España) en los rubros Mejor Director (Benjamín Naishtat) y Mejor Actor (Darío Grandinetti).

La segunda, es una comedia romántica pero que tiene la impronta de recordarle su primer amor con el cine. Es del director Diego Corsini y con él, la ex modelo y actriz debutó con Pasaje de Vida en 2015.

Rojo la afianza como actriz dramática, incluso vivió una experiencia parecida a la de El Ciudadano Ilustre(2016): “Pensé que nunca se iba a repetir lo que había pasado con El Ciudadano Ilustre (de la dupla Gastón Duprat y Mariano Cohn), en el Festival de Venecia, que arrasamos con los premios. Y ahora con Rojo, en San Sebastián, pasó algo mágico con una película hecha a pulmón”.

Y de todas las películas en su haber, siete en total, es la única que retrata un momento político: el momento previo a la dictadura militar en el año 1974 mostrando cómo la sociedad civil fue cómplice de ese contexto. “A Rojo la dirigió Naishtat, un chico de 30 y pico que no había nacido, no vivó esa época. A mí me gustó porque en el cine nacional no hay una película que te cuenta mucho el cuento. Digo, no lo contó casi ninguno y es la complicidad civil con el advenimiento del Golpe. En ese tiempo los dirigentes pedían paz, uno entiende que detrás de ese pedido hay algo positivo. Bueno, yo te digo que no es así. Detrás de un pedido de paz, hay un pedido de sangre”.

Ese aire que se respiraba en los albores de la Dictadura se asemeja a los peores tiempos no sólo de ese período de nuestro país sino de cualquier nación. Por eso la gran repercusión de Rojo en Europa: “Cuando dicen que se quiere paz, en verdad se quiere decir otra cosa, lo contrario y es que se maten a los que joden”.

Rojo retrata la atmósfera previa al golpe en un pueblo del interior del país. Es tal cual el dicho que “se venía venir y nadie hace nada”. Con el gobierno de Isabelita, Frigerio tenía 14 años y recuerda aquella época en la que su núcleo familiar y en el colegio pedían a gritos que se vaya: “La sociedad estaba de acuerdo con un golpe, estaba también la Triple A (cuadro paramilitar de secuestro de activistas de izquierda y terroristas). Se quería terminar con el desborde, el desorden. Se quería que venga alguien y que termine con todo esto. Querían paz, pero en verdad fue un baño de sangre”.

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Para Frigerio Rojo es una película universal “porque no sólo afecta a los argentinos. No estamos libres de estos pedidos de paz. Por eso digo que los políticos de hoy tienen que ser muy responsables con lo que dicen y hacen. Es tremendo que ante hechos visibles, como sucedió con el nazismo que se sabía que se venía, nadie diga nada.Todos aceptan”.

El recuerdo de su madre, una maestra rural abnegada

Con Rojo, como nunca, Frigerio trae a colación el recuerdo de su madre, una maestra rural que todos los días recorría 50 kilómetros a dedo desde Belgrano, su hogar de la infancia, hasta Del Viso, provincia de Buenos Aires: “Lo hizo hasta que en 1974 compró en cuotas su Citroen y dejó de ir a dedo o de comprar el boleto en el Chavallier. Mi papá le decía: “Marta, la plata que vos ganás no nos alcanza ni para pagar la señora que cuida a nuestros hijos”. Ella no retrocedió nunca, siempre le contestaba que era su vocación y discusión más o menos, nunca se doblegó. Quizás otra mujer en aquella época hubiera dejado de trabajar. Ella de joven llegó a engañar a sus padres (mis abuelos) y le decía que iba a estudiar a la facultad de psicología y en verdad se iba a dar clases en un vagón de un tranvía a los chicos de la villa. Trabajó hasta el último día de su vida como maestra rural. Fue un ejemplo de mujer que incluso desafió los tiempos. En aquél entonces, la mujer hacía lo que decía el marido, hoy entre el hombre y la mujer son pares”.

Tres papeles bien distintos para mostrar su versatilidad

Tres mujeres distintas le tocó a Frigerio interpretar en el cine desde agosto en adelante. En Mi Obra Maestra se puso en la piel de Dudú, una mujer distinguida y de alta sociedad que se mueve en el mundo del arte. Se estrenó en agosto y recién salió de la cartelera tras una convocatoria de 700 mil espectadores. Mañana, a Frigerio se la verá al mismo tiempo en dos papeles disímiles en el cine. En Rojo, se pone en la piel de Susana, “una mujer casada con un abogado, callada pero no por ello deja de tener su carácter, sabe lo que hace y es cómplice de la situación y en Solo el Amor interpreta a una mujer malvada, una representante de cantantes jóvenes que no tiene escrúpulos para cortar los sueños de un adolescente por dinero”.

Para este papel cambia notoriamente de look, usa el pelo platinado (foto) y dice que cualquier relación con la malvada de la comedia romántica no es pura coindidencia. Solo el Amor se presenta como un musical para adolescentes, genero pocas veces frecuentado por el cine nacional. Los protagonistas son Franco Massini y Yamila Saud.

En Mi Obra Maestra, junto a Guillermo Francella y Luis Brandoni, Frigerio se lució como Dudú, una mercantilista del mundo del arte que se maneja en un mundo de hombres: “Una mujer estresada, a la defensiva y tratando de ganar un espacio en el mundo del arte”, describe. Frigerio reconoce que con el papel en el Ciudadano Ilustre con Oscar Martínez y Dady Brieva, le llega el reconocimiento como actriz dramática en el rol de Irene: “Podía hacer un personaje en las antípodas de mi imagen pública. Hasta entonces me llamaban para papeles de mujer de clase alta, refinada, para comedias con personajes distantes y fríos”.

En Rojo “me convocaron para un papel similar de Irene en el Ciudadano Ilustre, pero con distintos matices en el género dramático”. A sus 57 años, Frigerio asegura que se siente cómoda con su etapa etaria: “Yo tengo la convicción de no operarme la cara ni nada porque no quiero modificar mis rasgos. No estoy disconforme ni añorando la juventud perdida. Estoy en un momento que amo mi vida”.i

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