El domingo, mientras todos los ojos estaban puestos en las elecciones, el actor pronunció una frase -un razonamiento- repudiable durante un sketch en el programa de Susana Giménez

¿Cómo se frenan los femicidios desde el Estado? ¿Qué debería hacer el gobierno de turno para que dejen de secuestrarnos, violarnos, cagarnos a palos, prendernos fuego, empalarnos, matarnos? La respuesta no la tenemos –ni debemos tenerla- nosotras. Como máximo, podemos exigir que se declare la emergencia nacional y a partir de allí que se destine todo el presupuesto necesario para, por ejemplo, capacitar a todo el personal de comisarias, fiscalías y el resto de áreas que se ocupan de la problemática, para que se abran (más) hogares para víctimas, para que haya un organismo de control de estas dependencias. Pero eso no depende de nosotras.

Lo que sí depende de nosotras es desenmascarar al Patriarcado y combatirlo: no abandonar las calles ni los espacios que, a fuerza de lucha, de obstinación y reincidencia comenzamos a apropiarnos. Uno de esos ámbitos es simbólico: el discurso. Y eso también se va ganando, de a poco, a fuerza de machaque. No tolerar que un familiar o amigo cuestione el corto de una pollera y el horario en que una mujer puede transitar por ciertos lugares. Dejar de hablar (y de escribir) de “crímenes pasionales”. Impedir que se hable (y se escriba) de la violencia doméstica, en cualquiera de sus variantes, como una cuestión “privada”, de “puertas cerradas”. No naturalizar.

Después de las multitudinarias marchas del colectivo #NiUnaMenos y sus consecuencias algo de todo esto se conquistó: ya no nos quedamos calladas ante la violencia machista, ya no naturalizamos, ya no permitimos que se nos trate como objetos. Ya no.

Sin embargo, en los medios de comunicación, esos espacios en los que pululan personajes que forman opinión, a veces pareciera que hay que empezar de cero, que nunca alcanza, que faltan siglos de machaques, que siempre es cuesta arriba. Algo no se está entendiendo en los cerebros creativos si es que siguen pintando a las mujeres como amas de casa preocupadísimas por sacar una mancha de una remera o exponen a las “chicas del tiempo” como carne al asador con un plano contrapicado de sus muslos.

Tampoco entendió Susana Giménez cuando le preguntó a una víctima de violencia machista “qué hizo” para que le pegaran, ni Mirtha Legrand cuando increpó con un “¿Y vos no pegabas cuando te pegaban?”.

Este domingo, Antonio Gasalla –que hace más de 40 años interpreta a distintos personajes femeninos en la televisión argentina- demostró que tampoco entendió nunca nada. En la piel de Flora, la ya clásica empleada estatal que todas las semanas hace su sketch con Susana, dijo que no tenía novios porque les pega.

"Ando con una escoba siempre y a la primera lo cago a golpes", lanzó. "Pero se te van enseguida, entonces", dijo Susana. "No, a algunos les gusta", continuó y remató: "Porque pegarle a alguien es darle afecto también".

Susana, quien minutos antes había dicho que las mujeres “ahora están más fáciles”, pareció incómoda, pero no alcanzó a acotar más porque Gasalla le puso la frutilla a la torta: "Es una manera poco cariñosa pero lo tenés en cuenta. Porque si lo odias es que algo te interesa, si no te interesa nada, andate", agregó el actor.

Para Gasalla, si alguien te pega es porque te quiere. Aunque sea un poco, pero te quiere. El golpe es una manera de demostrar afecto. Como pasa en los “crímenes pasionales” ¿no? Hay pasión y amor en un femicidio: eso lo hace hasta épico. “La mató porque la amaba”. Fue un acto de amor.

Siguiendo la lógica retrógrada de Gasalla, del lado de la víctima hay placer en ese golpe. La misma lógica que utilizan quienes se preguntan por qué la mujer golpeada se queda, perdona, vuelve con el macho violento. ¿Es necesario volver a contarles que la violencia que ejerce el macho sobre la víctima es también –y muchas veces principalmente- psicológica y las devasta íntegramente? ¿Y recordar que muchas de las víctimas no tienen dónde ir, ni quién las contenga, ni cómo sustentarse económicamente? ¿Habrá que explicarle todo esto a Gasalla, un artista híper popular que es escuchado por millones de personas? ¿Habrá que recordarle que por esa extraña forma de amar una mujer es asesinada cada 18 horas?

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