Precursor de la fusión entre el rock y corrientes como el jazz y el folklore, Arco Iris marcó un camino diferente en el género. Dos de sus integrantes, Ara y Guillermo, radicados en EE.UU., recuerdan aquellos tiempos entre heroicos y difíciles

Corrían fines de la década del ‘60, y en Ciudad Jardín, en el partido bonaerense de Tres de Febrero, en una casa familiar la música establecía un reinado casi mágico. Era a raíz de los ensayos de una banda cuyos muy jóvenes integrantes iban haciendo un camino diferente y original dentro del naciente panorama del rock argentino.

Aquella banda de barrio con el tiempo se transformó en referente de un estilo inconfundible, donde el rock se fusionaba con el jazz y los ritmos andinos y latinoamericanos, y hasta en su nombre sugerían un clima bucólico y consecuente con postulados como el “amor y paz”: Arco Iris.

Ganadores del Festival de la Canción de Mar del Plata con su tema Blues de Dana, Arco Iris quedó grabado en la memoria de muchos por una canción emblemática en los llamados fogones estudiantiles: Mañana Campestre. Pero Arco Iris fue mucho más que ese tema folk pegadizo y armónico, y durante varios años incursionaron en formas más elaboradas y hasta con varios álbumes “conceptuales” que hablaban desde los pueblos originarios y la cultura nativa hasta la vida extraterreste, como Sudamérica o Agitor Lucens.

Arco Iris, como banda, a cuarenta y tantos años de su creación, aún existe, aunque con otras características. Esto es porque su cantante y compositor de muchos temas, Gustavo Santaolalla, emprendió en 1976 otros caminos, que lo llevaron a ser un reconocido intérprete, productor y hasta compositor de bandas de sonido a nivel internacional.

Pero Arco Iris, más allá de Santaolalla, - que además tuvo un rol preponderante durante los ‘80 en el gran trabajo de León Gieco “De Ushuaia a La Quiaca”- mantuvo el espíritu y la esencia de la confluencia de géneros, a través de dos de sus integrantes originales: Guillermo Bordarampé, bajista, y Ara Tokatlian, vientista y vocalista.

Mientras el baterista Horacio Gianello se fue de la banda y se quedó en Argentina, Ara y Guillermo emigraron también a la Costa Oeste del país del Norte, y se instalaron en Los Angeles, un poco corridos por los vientos tempestuosos de la dictadura y también por la falta de oportunidades en nuestro país.

Recientemente, Guillermo y Ara estuvieron de visita en Buenos Aires, donde realizaron un par de actuaciones, y también ultimando detalles para el lanzamiento, en un par de meses, de un libro que contendrá la historia de la banda, con testimonios, fotos y anécdotas poco conocidas, que estará a cargo del escritor y periodista Fabio Scaturchio.

En un bar céntrico, Ara y Guillermo hablaron sobre su vida actual y acerca de los recuerdos imborrables generados en aquellas épocas heroicas, que también compartieron en vida comunitaria con Dana, una artista y guía espiritual fallecida en 2003 que, aseguran, “les cambió el enfoque de muchas cosas de la vida”.

Ara, quien nació en El Cairo, llegó de muy chico con su familia, y se instaló en El Palomar, cuenta que “con Guillermo nos conocimos en el barrio, al igual que con Gustavo, y nos hicimos muy amigos, además enseguida descubrimos una identidad en lo musical”.

Cuenta que “Guillermo y Gustavo iban a un colegio y yo a otro, pero nos juntábamos a escuchar música y descubrimos las primeras bandas, que casi ni se conocían, como Traffic, cuyo flautista me influyó a mí para elegir ese instrumento, que toco además de saxo, traversa, quena y trompeta, pese a que desde chico, mi mamá me enseñó piano”.

Guillermo señala que “como todos, fueron The Beatles quienes nos deslumbraron, y yo al comienzo también tocaba guitarra, pero al armar la banda Gustavo era mejor con la viola, y yo agarré el bajo, y nunca más lo dejé, fue un instrumento que me armó un carpintero y la trastera se la compramos a Walter Malosetti, que era vecino”.

Por ahora es difícil proyectar un reencuentro

En los últimos años, y luego de un largo distancimiento, tanto Ara como Guillermo volvieron a reunirse con Gustavo, a partir de la muerte de Dana, durante muchos años pareja de Ara, y aunque ellos aseguran que les gustaría volver a aquella vieja magia, dudan que por ahora haya posibilidades de un reencuentro de la banda. En ese sentido Ara dice que “no creo que fuera bueno hacer lo mismo de antes, sino ofrecer cosas nuevas, hay etapas a las que es difícil volver, a menos que hubiera voluntad de todos de armar algo interesante”.

En su última visita, Ara, padre de un hijo adolescente que también es músico, se presentó con un trío de colegas argentinos en el Festival de Jazz, en el Parque Centenario, y también en el Festival Mariposas de Madera, que coordinó en lo musical Gustavo Gregorio, donde compartió la escena con Guillermo. Ara comenta que “fue una alegría participar ya que me reencontré con colegas que hacía muchos años no veía, y allí con Guille hicimos “Te quiero, te espero”, con la particularidad que Santaolalla participó en la canción a través de un video, y también reversionamos el Blues de Dana, con el gran guitarrista Marcelo Roascio como invitado”.

Exilio y nuevas experiencias en Estados Unidos

Luego de la partida de Santaolalla, el grupo sufrió algunos cambios de integrantes, y los últimos trabajos antes del exilio fueron discos conceptuales, como “Agitor Lucens”y “Los Elementales”. En agosto de 1977 Ara y Guillermo partieron junto a Dana a Nueva York, “donde de a poco nos vinculamos con artistas de mucha experiencia, como el baterista de Gloria Gaynor, o Chester Thompson, que tocó con Genesis”.

Guillermo señala que “el tema fue el invierno, era muy frío, y partimos hacia la costa oeste, y ahí encontramos nuestro lugar, y hasta 1982 seguimos juntos con la banda”. De ahí en más, el hecho de ser músicos que mezclaban el jazz y el rock con sonidos latinoamericanos y andinos les dio un plus por la originalidad de sus temas, en un estilo poco conocido allá.

Con el tiempo Guillermo señala que “cada uno armó un proyecto distinto, yo con el grupo Inca, con músicos peruanos, hacíamos música andina, y hacíamos recitales en asilos de ancianos, bibliotecas y universidades, fue una etapa muy rica a nivel humano”.

Bordarampé indica que “yo ya estaba casado, nació nuestra hija, que hoy ya tiene 35 años, y como quería parar un poco con las giras, se dio un laburo diferente, y logré ingresar como traductor e intérpete en los Tribunales del Estado, trabajo que continué hasta hace muy poco, y que me dio posibilidades de hacer música sin tantas presiones”.

ADEMÁS:

Antonio Birabent y Ariel Sanzo hablan sobre "Las Lenguas Muertas"

A 15 años de la muerte de Pappo lo recordamos con sus 30 mejores temas

Aparecen en esta nota:

Contacto

Registro ISSN - Propiedad Intelectual: RL-2018-58849696 - Domicilio Legal: Intendente Beguiristain 146 - Sarandí (1872) - Buenos Aires - Argentina Teléfono/Fax: (+5411) 4204-3161/9513 - internet@dpopular.com.ar

Edición Nro. 15739

Dirección

Propietario: Man Press S.A. - Director: Francisco Nicolás Fascetto © 2017 Copyright Diario Popular - Todos los derechos reservados