La venezolana esta en medio de una serie de conciertos porteños. Recuerda sus comienzos y denuncia la interesada desinformación que circula sobre su país.

Llegó a la Argentina en 1973, exactamente el mismo día del último regreso de Perón al país. Terminó definir su oficio de cantora popular e intérprete de cuatro mientras estuvo aquí, hasta un mes después del comienzo de la dictadura. Hoy celebra cuatro décadas y media con la música desde el primer concierto formal, en 1972, en una universidad de su Venezuela. Lo hace con una serie de ocho conciertos en Vinilo (Gorriti 3780), cuya segunda parte se extenderá del jueves al próximo domingo, a las 21. La trayectoria de Cecilia Todd difícilmente se pueda desligar de los diferentes contextos históricos que atravesó la región. El sendero que va tomando la entrevista hacia la actualidad venezolana da toda la impresión de confirmarlo

l ¿Por qué vino al país la primera vez? En principio pensaba viajar a Brasil.

-Tenía, y sigo teniendo, unos grandes amigos, que son del Zimbo Trío, que tenían una escuela de música muy importante en Brasil y entonces me entusiasmé con esa idea. Eso involucraba planes familiares de viajar juntos, pero cambiaron esos planes y ahí comenzaron a llegar músico de aquí, de Argentina. Empecé a relacionarme con ellos y la gente de Buenos Aires 8 me dijo que tenían una maestra maravillosa (Susana Naidich) y bueno... terminé en Buenos Aires.

"Es muy fuerte el avasallamiento de la radio que difunde música pagada. El 90 por ciento pone la música que viene de las grande disqueras internacionales"

l Tenía 21 años, empezaba. Imaginaba lo que se vendría.

-No, no. Ni siquiera pensé que iba a grabar un disco. Las cosas se fueron dando de esta manera, pero nunca pensé en hacer otra cosas que no fuera la música, nunca. Lo que no pensé es que pasaran los 45 años tan rápido.

Dice y lanza la primera de las risas suaves que poblarán la entrevista, pese a que la situación de su país dominará la charla.

"Despacito se oye acá, se oye allá, se oye en China, en Corea, Justin Bieber la grabó... Eso es la globalización"

l ¿Hay una deuda pendiente en Latinoamérica respecto del conocimiento y difusión de sus artistas en los países de la región?

-Totalmente, totalmente. Hoy en día, parece mentira, no sabemos lo que pasa en otros países, ni siquiera el tipo de música que se hace. También la avalancha de la música hipercomercial ha acabado con todo, o sea no le ha dado espacio a otro tipo de música. Mientras existan las disqueras... En cada uno de los países hay que hacer algo porque la mejor manera de conocer un país es a través de la música.

l Se legisló en Venezuela para defender la música propia. ¿Se implementó, se pudo cumplir o los intereses afectados eran muy grandes y lo impidieron?

-Nosotros hicimos esa ley que se empezó a respetar al principio; después se fue perdiendo por el camino. Eso habría que retomarlo. Es muy fuerte el avasallamiento de la radio que difunde música pagada. El 90 por ciento pone la música que viene de las grande disqueras internacionales. Entonces esa ley protegía muchísimo y las empresas se molestaron mucho porque no cobraban. Entonces empezaron a buscar la manera de neutralizarla, por ejemplo no terminaba la canción. Ponían una cuarta parte o la mitad de la canción e iban a comerciales. Se buscaron las mañas para no cumplir con la cosa. Y faltó autoridad, definitivamente.

"En cada uno de los países hay que hacer algo porque la mejor manera de conocer un país es a través de la música"

l Personalmente trabajó para visibilizar el folklore de su país. ¿Qué balance hace de esa tarea?

-No fui, ni soy yo sola. Muchos están como yo hace 45 años trabajando en esto. Y si estamos y la gente va a los conciertos significa que gusta lo que hacemos. No es que a la gente no le guste la música venezolana, es que no se la dan. A través del Ministerio de Cultura se hizo el Centro Nacional del Disco (Cendis), que tiene un estudio de grabación. Ahí puedes grabar tu disco gratis. Se graba todo tipo de música, desde lo tradicional de la música venezolana hasta música de cámara, coros, rock... Te dan tu cd y además se pueden replicar discos. Por ejemplo, a mí se me acabó el disco con Canciones de Henry Martínez y lo repetimos. Tienes que presentar un proyecto y una comisión aprueba. Claro, ahí no van a aprobar Despacito (más sonrisas). Despacito se difundió de una manera bárbara y no sabemos por qué. Y detrás de esa canción hay otras dos millones con esa intrascendencia y banalidad que se escucha en todos lados.

l Habló de falta de autoridad para hacer valer algunas disposiciones, lo que contradice la idea que se suele presentar de un Poder Ejecutivo fuerte.

-Claro, totalmente. Porque no tiene nada que ver lo que dicen los medios de los realmente pasa en Venezuela. Yo hoy creo que no se puede ser medias tintas. O somos una cosa o somos la otra. Pero ahorita estamos en una situación muy particular. Estamos en guerra por todos lados. Nos tienen acosados tremendamente. Guerra económica, guerra mediática, guerra de todo tipo. Y la mediática es muy fuerte. En estos días hubo una situación, pasó una cosa... Las manifestaciones violentas de la oposición, que han sido muy violentas y se ha querido ver al revés. Es una locura: incendian gente, incendian gente. Queman gente viva. Han quemado gente viva en manifestaciones supuestamente pacíficas. Pero cómo va a ser pacífico.Y la Guardia Nacional desde Chávez no está armada. Lleva gases lacrimógenos, pero no armas de fuego. Esa situación fue del 30 de marzo al 30 de julio. Cuatro meses. No podías salir a la calle.

"El 90 por ciento pone la música que viene de las grande disqueras internacionales"

l ¿Se hizo más chavista con el tiempo?

-Sí, claro, me fui convenciendo más. La oposición me ha hecho más mala (ríe). Es que hicieron cosas espantosas. Y alguna gente, que está entre los primeros beneficiados está en contra del gobierno. Es como ocurre en la Argentina. Es que el poder de los medios es muy fuerte.

l La clave de Venezuela parece ser la invisibilización durante décadas de un sector social. ¿Cree que hay un correlato con la situación de desplazamiento de la música criolla, folklórica del país?

-Sí, claro, por supuesto. (Ríe, como siempre) Nada es gratuito, nada es gratuito, nada, absolutamente nada. Ayer vi un libro que me regalaron de Atahualpa (Yupanqui), que era un sabio. Cuando lo conocí en esos años antes de venir acá, él me dijo que la música de nosotros, la música que hacemos es una posición frente a la vida, una posición ideológica frente a la vida. Es así, la cosa es borrar todo el vestigio cultural de cada uno de los países en la globalización. Despacito se oye acá, se oye allá, se oye en China, en Corea, Justin Bieber la grabó... Eso es la globalización: que no estemos inventando que cantamos chacareras y joropos. No, vas a hacer lo que yo diga, el imperio. Sí que tiene correlación.

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