"Y dicen que desaparecí porque estaba por ahí, porque usaba la falda muy corta se la pasan culpándome a mí... Nos duele el cuerpo y las entrañas. No quiero que me toques chabón. No tengo ganas. Soy esta herida que se pudre y no sana. Paren de matarnos”, escribió y recitó la cantante Paz Ferreyra, conocida como Miss Bolivia, en la marcha del año pasado por el colectivo Ni Una Menos.
La semana pasada el mundo del espectáculo vernáculo y de Hollywood alzó bien fuerte la voz en contra de la violencia de género. En la entrega del domingo pasado de los premios Golden Globo, las figuras femeninas de la meca del cine acordaron vestir de negro para visibilizar las denuncias por acoso sexual, y el lunes pasado en nuestro país, el cantante Cacho Castaña en una nota en televisión lanzó en forma de chiste una frase desafortunada: “Si la violación es inevitable, relájate y goza”.
En Hollywood desde hace un año que tiene en foco las denuncias por acoso sexual que comenzaron contra el productor estrella Harvey Weinstein y desde entonces se hizo una ola imparable. En nuestro país, la situación es bien diferente. Se dividen las aguas frente a las denuncias por acoso sexual, como en el caso de Calu Rivero y Juan Darthés y, lo poco que se conoce, se podría decir que son gracias a las campañas del Colectivo Ni Una Menos, que armó hace tres años con los femicidios, la de la La Fundación Avón en comunión con La Casa del Encuentro y la de Naciones Unidas con Hombres por la Igualdad.
“En la violencia de género hay que sacar de plano la discusión de la vestimenta de la víctima, de las amistades. Son sencillamente delitos contra la condición de mujer. Como afirma René Valdes (coordinador de los programas de Naciones Unidas en Argentina): “La violencia de género es la violación más naturalizada de los derechos humanos. Lisa y llanamente en nuestro país como en el mundo es una pandemia”, cuentan la directora de la Fundación Avón Florencia Yanuzzio y la encargada de la campaña Alza La Voz, Ana Inés Alvarez.
Las campañas de prevención se separan de la causa judicial: “Nuestro trabajo es cómo plantear el tema de la desigualdad, la madre de todas las batallas, para el acceso al derecho. Cuando vamos a dar la charla, nos tildan de feministas y ahí se cierra la persiana. Se tiende a ver la punta del iceberg. Nosotras partimos de la pregunta ¿cómo estamos en materia de igualdad? Pero la negatividad que se imprime por el título de feministas te limita mucho. No se entiende bien que fijar la mirada en un enfoque es abrir el debate”, coinciden las dos representantes de Avón.
Las entidades dedicadas a luchar contra la violencia de género son a veces críticos de cómo los medios abordan el tema: “No se preguntan qué pasa, sino que apuntan a lo que hizo la mujer. Por eso es importante a quién le damos el micrófono. Hay una materia pendiente de buscar la mirada integral en los medios, no alcanza con mencionar el tema y dar el número de teléfono 144 para que las mujeres que sufren violencia se comuniquen. Muchas veces se queda en lo superficial, falta su abordaje más profundo”.
Las campañas de concientización no se meten en el caso específico en cuestión, no toman partido, pero describen una cruda realidad de las mujeres víctimas de la violencia de género: “En uno de los talleres que brindamos por todo el país una de las chicas contó que a su mejor amiga embarazada fue quemada y le llevó mucho tiempo para acceder a la justicia. Lo que queremos afirmar es que este flagelo pasa muy cerca nuestro y no se tiene tanta información”.
En la meca del cine mundial como es Hollywood para Yanuzzio y Alvarez “hoy se preguntan por qué hay que llegar al casting sábana y se rebelaron gracias a dos campañas Time’s Up (El Tiempo Ha Terminado) y Me Too (Yo también). Se terminó el tiempo de revictimizar a la víctima”. A su vez señalaron que en el país cada dos años realizan un fuerte entrenamiento entre miembros de la Justicia (fiscales y jueces), policía y organizaciones no gubernamentales contra la violencia de género y la mujeres para mejorar la coordinación e interrelación de los actores. Hoy esta interacción es una materia pendiente”.
Desde un lugar micro, el abogado especialista en femicidios, Guillermo Cámpora, señala que este tipo de delito “lleva implícito la vergüenza. Por eso la mujer puede tardar años en hablar y asimilar el abuso. Es cierto que ahora se tiene más cuidado y si vas a una comisaría te toma la denuncia. Todavía hay mucho por luchar contra los resabios de una cultura machista en el mundo policial y judicial”.
Cámpora traza una línea divisoria entre la farándula y la justicia: “El denunciado puede caer en un estigma social ante la acusación de Calu Rivero. Por esta razón, Juan Darthés se autodenunció en la justicia y pide que la justicia investigue. La justicia es lenta como en todas las cosas, pero en este tipo de delitos por más complejos que sean se avanzan. En otros delitos, muchas veces se archivan. Hoy la justicia siente mucha presión mediática y social y se avanza”.
En cuanto a la frase de Cacho Castaña, el facultativo señala que “el machismo está muy ligado al acoso sexual (por ejemplo, piropo grosero en la vía pública) y se castiga porque cae en la figura de una contravención que se condena con una multa o 15 días de cárcel. En tanto, el abuso sexual es diferente, es un delito porque está tipificado en el código penal”.
En su estudio, Campora señaló que recibe “muchas denuncias de abuso de menores intrafamiliares y las mujeres adultas denuncian el acoso sexual en el ámbito laboral”. Sobre este último punto agregó: “Las nuevas tecnologías, redes sociales y whatsapp, son un herramienta fundamental de prueba de hostigamiento”.
Tanto en Hollywood como en nuestro país se cuentan con campañas de concientización, leyes de protección. Sobre este aspecto la directora de la Fundación Avón, Florencia Yanuzzio: En el año 2009 se aprobó la Ley 26.485 donde se condena la violencia física y psíquica dentro y fuera de la casa. Lo cual nos abrió los espacios y con una base legal para accionar”. Hollywood dio el paso adelante y alzó la voz...
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