El actor, que este fin de semana ganó el premio a la Revelación del año por su papel en Un Gallo para Esculapio, le contó a POPULAR que uno de sus sueños se cumplió, y adelantó sus próximos trabajos.

Casi un desconocido para el público televisivo, Diego Cremonesi lleva más de una década haciéndose fuerte en el cine. Pero la vida le dio una sorpresa: el último domingo, el platense se pudo llevar a su casa un Martín Fierro a la Revelación del 2017 gracias su papel en la miniserie Un Gallo por Esculapio, que emitieron Telefe y el canal de cable TNT en simultáneo.

“Estoy re contento y esperando que esto me ayude con lo que viene. No tengo ni idea de lo que se viene pero…”, le contó a POPULAR “Cremo”, que hace dos años también fue parte de otra serie realizada en coproducción, Nafta Súper, en el que interpretó a “Ráfaga”.

Fue precisamente ese rol, con el que repitió su trabajo de la película Kryptonita(2015), sumado a sus papeles en Un Gallo para Esculapio y El Marginal 2 los que han dejado a Diego dentro de la galería de actores más comprometidos con papeles jugados, quizá marginales.

-¿Te bancás un papel de galán de telenovela a los 40?

(Risas) No, no creo que se venga eso. La verdad es que no lo pensé porque sencillamente no me veo en ese rol. Vengo por ese lado pero también he hecho otras cosas. Quizá no tanto en la TV, aunque en El Jardín de Bronce (HBO, 2017) tuve una pequeña aparición en la que hacía el papel de un tipo “muy vigilante” pero que también anda en cosas turbias.

-¿Cómo fue para vos trabajar con Bruno Stagnaro?

Yo soy de la generación de Pizza, Birra y Faso y Okupas, que fueron bisagras en la forma de apreciar la tele y el cine. Yo lo admiro profundamente a Bruno y cuando tuve esta posibilidad lo ví como un sueño cumplido. Y la verdad es que Bruno es una mente brillante, tiene un talento increíble. Es un tipo en cuya mirada hay que confiar el cien por ciento. Es de esa gente con la que te tenés que entregar, porque está viendo algo que vos no. Él está más allá del relato, de la cáscara: indaga, profundiza en lo complejo y lo contradictorio de los vínculos; y yo me siento identificado con esa búsqueda, aunque estoy muy lejos de su talento.

-¿Cómo trabajaste el papel de Bruno con esos parámetros?

El desafío con Roque era poder encontrar todas esas capas que vio Bruno junto con Ariel (Staltari). Ellos veían un vínculo complejo, no solamente al “malo” de la historia. Bruno no es de hablar mucho pero lo que te dice es claro, y en un momento me dijo "acá hay que encontrar el amor", y esas fueron las palabras clave en las que me apoyé para alejarme del “malo” y encontrar junto a Peter (Lanzani) un vínculo para que el espectador pueda “comprar” la desesperación que tiene ese pibe por encontrar a un tipo que supuestamente le hizo tanto mal.

-Y hablando de Peter, ¿cómo fue trabajar con él?

Con Peter fue todo un goce laburar, fue un compañero ideal. Para mí él es uno de esos tipos que tienen “el ángel” encima; ni siquiera camina, flota. Él va a ser toda la vida una estrella porque no sólo trabaja con gran humildad a pesar de su popularidad, sino que tiene el deseo de ser un gran actor, de indagar en la actuación, que es lo más respetable. Pero además es un gran compañero, y eso es lo que termina de hacerlo un grande. Ojalá que no sea el único trabajo que hagamos juntos porque fue alucinante.

-Te quedan pocos integrantes de “Okupas” con los cuales trabajar...

Me falta trabajar con Rodrigo De la Serna, que me parece uno de los mejores actores argentinos por lejos. Ya laburé con Diego Alonso en un proyecto que no llegó a su fin (pero que me sirvió para conocerlo), con Jorge Sessán que además de actor es utilero de cine, y con Ariel Staltari. Ahora sólo me falta conocer a El Chiqui (Franco Tirri) y ya están todos (risas).

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En La Plata, ciudad en la que nació y sigue viviendo, Diego recuerda que allí inició una “formación muy heterogénea” que incluye clases de actuación con Febe Chávez, Ricardo Bartis, Alejandro Catalán. Pero además, y en un proceso de constante aprendizaje, Diego también entendió que la práctica era lo que lo iba a ayudar a alcanzar su sueño. “En paralelo, vengo haciendo desde hace una década Café Concert con el grupo Los Rimenver en La Plata con un personaje que se llama Paco Rimenver. También hice mucho teatro, dirigiendo y filmando cortos con amigos para aprenderé y descular el lenguaje cinematográfico que requiere otro tipo de actuación”, recuerda.

“Todo eso lo hice con la expectativa de que cuando me llegara una posibilidad estuviera en buena forma con relación al entrenamiento actoral. No hay otra forma de aprender que haciendo y a pesar de eso, cuando llega el momento, uno nunca está lo suficientemente preparado”, agrega.

-¿Cuál fue tu primer trabajo profesional?

Mi primera película fue Aguas Verdes (2007) de Mariano De Rosa, y después filmé mucho con amigos de La Plata cine de terror. Más tarde trabajé en Penumbra (2011) de Adrián y Ramiro García Bogliano, con Carmila Bordonaba y Serbastián "Berta" Muñiz.

-¿Y cómo llegaste a Kryptonita, la película que te puso en el mapa?

Bueno, en 2014 trabajé en Socios por Accidente, que fue donde lo conocí a Fabián Forte y a Nicanor Loreti. Éste último me eligió para Kryptonita (2015), que fue la película que me ubicó en la plataforma cinematográfica, ya que hasta ahí no había tenido roles de responsabilidad. Yo siento que Nicanor me tuvo una confianza extrema para darme un lugar importante en la película, que me dio algo de visibilidad. El rol narrativo del personaje en la historia lo convirtió en una especie de pivot que le dio mucha presencia y salí bastante bien parado de ese desafío. Y sé fehacientemente que muchas de las cosas que me han llegado fueron por ese trabajo, así que siempre le voy a estar agradecido a Nicanor.

-Tu explosión fue enorme desde que trabajaste en esa película…

Yo siempre digo que Kryptonita me llegó casi a los 40 pirulos, pero todo el bagaje que tenía por detrás fue lo que me permitió sentirme lo suficientemente seguro y firme. Y todos los directores que me vengo cruzando no hacen más que enseñarme. Me estoy cruzando con compañeros que me enseñan permanentemente. Ahora, por ejemplo, hice un papel en El Ángel de Luis Ortega, del que no sé cuánto habrá quedado porque es una película que se achicó bastante porque era muy larga, y ahí estuve con Mercedes Morán y Daniel Fanego, gente que yo admiro muchísimo y que trato de emular desde el respeto, después de escucharlos hablar. Es impagable aprender de ellos.

-En los últimos dos años estuviste muy prolífico…

Ahora que lo pienso, entre el año pasado y éste no paré de filmar. Ahora mismo estoy en medio de la filmación de Devoto de Martín Basterretche (Punto Ciego), acá en la ciudad de La Plata, y hace poco hice un papel no muy noble para la película de El Potro Rodrigo de Lorena Muñoz. También filmé en Paraguay el año pasado la película Gauchito Gil, que me dijeron que está prácticamente terminada, y Rojo de Benjamín Naishtat.

-Y esas son sólo algunas muestras…

En marzo se estrenó Invisible de Pablo Georgelli y hace poco terminamos de filmar La Afinadora de Árboles, de Natalia Smirnoff que protagoniza Paola Barrientos y en donde compongo a un personaje muy simpático que me dejó muy contento. También estuve en La Sabiduría de Eduardo Pinto, con Sofía Gala y Analia Couceyro; y otros “monstruos” como Daniel Fanego, Paloma Contreras y Lautaro Delgado.

-¿Volviste a trabajar con Lautaro? Es como una costumbre...

Si, y con Lautaro estamos esperando el estreno de una película que filmamos el año pasado junto a (Sergio) Maravilla Martínez que se llama Pistolero. Tengo mucha ansiedad porque laburamos mucho para hacer esa película hermosa que además es la ópera prima de Nico Galvagno, que actuó en Kryptonita con nosotros.

Como si todo esto fuerea poco, Diego también hace teatro: todos los jueves se lo puede ver en la obra "Artaud" de Sergio Boris en el Teatro Beckett (Guarida Vieja 3556) donde también actúan Pablo De Nito, Elvira Onetto, Verónica Schneck, Rafael Solano. Otra oportunidad de ver el talento de este actor en una de las obras más recomendadas por los críticos teatrales.

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