El director rgentino obtuvo el máximo reconocimiento en la categoría de cortometrajes del Festival de Cannes con una obra filmada en México.
El cine argentino volvió a tener una noche histórica en el Festival de Cannes. El director Federico Luis conquistó la Palma de Oro al mejor cortometraje y sumó su nombre a la lista de realizadores que lograron dejar una huella en uno de los escenarios más prestigiosos del cine mundial.
La consagración llegó con una obra de apenas 15 minutos filmada en México y centrada en una historia tan sencilla como potente: una pelea de boxeo protagonizada por Damián López, un chico de 10 años cuya vida transcurre entre la inocencia de la infancia y las exigencias de un deporte marcado por la disciplina y el sacrificio.
El premio representa un nuevo paso en la carrera de un director que ya venía construyendo un recorrido destacado a nivel internacional. Federico Luis había competido anteriormente en Cannes en 2019 y recientemente había ganado el Grand Prix de la Semana de la Crítica por Simón de la montaña. Sin embargo, esta vez alcanzó la máxima distinción en su categoría.
Tras recibir el reconocimiento, el realizador explicó que uno de los principales desafíos fue sostener la simpleza narrativa. “Quise contar una sola historia, sin expandir la trama”, señaló.
Luego agregó: “A medida que uno hace más películas va conociendo sus fortalezas y debilidades. Descubrí que tiendo a volver más complejas las cosas de lo que son, así que me propuse hacer un relato simple. La simpleza es de las cosas más complejas que uno puede proponerse”.
El núcleo de la película está en una pelea que ocupa gran parte del cortometraje y que fue filmada en Tepito, un barrio popular de Ciudad de México conocido por su fuerte tradición boxística.
Según explicó el propio director, la elección del lugar y del protagonista surgió de manera inesperada mientras trabajaba en el guion de su próximo largometraje, inspirado en una obra del escritor mexicano Mario Bellatin.
“Un día me llevó a ver box a Tepito. La sorpresa fue que los que peleaban eran chicos de entre 6 y 15 años. Cuando vi a Damián me impactó tanto que sentí que valía la pena intentar filmarlo”, recordó.
A diferencia de otros proyectos, Federico Luis decidió prescindir completamente del casting tradicional. Damián no es actor: es boxeador. Y justamente allí encontró el elemento que buscaba para la película.
“Es imposible actuar lo que está filmado. Lo que vemos es a un niño que tiene grabados los reflejos y movimientos de un boxeador profesional, pero con la vulnerabilidad y la inocencia de cualquier chico de esa edad”, explicó.
Uno de los aspectos más llamativos es que la pelea central no fue recreada ni ensayada. El combate ocurrió realmente, fue puntuado y el desenlace tampoco estaba previsto.
“Durante la pelea él empieza a perder, algo que nunca le había pasado. Sentí que incluso la cámara era una presión más para él”, contó.
Y agregó una definición que resume buena parte del espíritu de la obra: “El llanto, que para un boxeador está prohibido, para un actor es una virtud increíble”.
Mientras disfruta del reconocimiento obtenido en Francia, el director ya trabaja en su próximo desafío. Su nuevo largometraje se llamará El entrenador de perros y estará centrado en un hombre inmóvil considerado el mejor adiestrador de pastor belga malinois del país.