A días de la salida de su nueva placa (uno de los discos del año) y de sus cuatro shows en Niceto con localidades agotadas, y en medio de una gira internacional y un crecimiento que parece no tener límite, DIARIO POPULAR charló con la banda platense que en pocos años se convirtió en un verdadero fenómeno generacional

“Perdón si estoy de nuevo acá, pensé que habías preguntado por mí. Me gusta estar de nuevo acá, aunque no hayas preguntado por mí. Voy a quedarme un poco acá”, canta Santiago Motorizado ante un Niceto Club colmado. Y suena como un saludo de reencuentro a la manera de su banda, Él Mató A Un Policía Motorizado, con su público, que responde cantando al unísono, como si ambas partes fueran la misma cosa. Como si todos fueran uno. Y lo son.

Y cada vez son más. Y cada vez llegan más. Si no, no se explica cómo a un mes del lanzamiento de “El Tesoro”, el primer nuevo single que contiene el mencionado manifiesto de regreso encubierto, y a tan sólo una semana de editada su flamante séptima placa (sin contar el compilado “El Nuevo Magnetismo”), tantos canten las nuevas canciones como si se trataran de clásicos de sus primeras épocas. Si no, no se entiende cómo se agotaron tan rápido las entradas de las cuatro fechas que organizaron en el recinto de Palermo. Ni cómo se embarcaron en una gira de casi 20 shows por Costa Rica, México, España y Uruguay. Ni cómo ya anunciaron tres nuevos recitales al hilo en el porteño Teatro Vorterix para octubre.

Pero mejor que explicarlo es sentirlo. Vivir el fenómeno, experimentarlo, más que pensarlo. Y eso hicimos en Niceto, cuando los platenses (y la respuesta de su público) nos tiraron encima toda su fuerza y sensibilidad, todo su poder sónico y su emoción, tanto con sus hits de antaño como con los nuevos. Instantáneos. Síntomas del gran presente artístico de una banda cada vez más grande y relevante, que amaga con un futuro de mayores dimensiones. En todo sentido.

Motivados por haber presenciado una tan buena presentación (no oficial) de un tan buen nuevo álbum, no pudimos con nuestro genio y decidimos hablar Santiago Motorizado (bajo y voz) y Pantro Puto (guitarra) para, esta vez sí, tratar de analizar y discutir lo que tantas veces cuesta encerrar con palabras: la magia que se produce a veces cuando un grupo de amigos se pone a componer y tocar música.

A continuación, la entrevista completa.

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—¿Por qué su disco nuevo se llama “La Síntesis 0’Konor”?

—Santiago Motorizado: Es un misterio que va a ir develándose lentamente. Por ahora sólo podemos decir eso.

—¿Es algo interno que surgió en el grupo o algo que sacaron de algún lado?

—SM: La verdad que es un concepto que salió de un amigo, Santiago Bianchi, a quien aprovechamos para mandarle un saludo. Nosotros tomamos ese concepto y lo redefinimos.

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—Mantuvieron la identidad de Él Mató en este nuevo álbum, pero el cambio musical es notorio. ¿Por qué se dio este cambio?

—SM: Cuando hicimos “Violencia” (NdR: EP previo a esta nueva placa) ya habíamos encarado el disco de otra manera distinta a los anteriores. En “La Dinastía Scorpio” (NdR: El LP previo a “Violencia”) el plan de la producción fue tratar de captar a la banda en vivo, aunque, claro, en un buen estudio. Con “Violencia” la grabación fue más de laboratorio, parte por parte, capa por capa. Fue más prolijo todo. Y cuando lo grabamos nosotros ya vimos un cambio. Obviamente desde adentro es distinto, porque uno ve los cambios de manera más brusca, porque ya sabe cómo se encararon las distintas cosas. Pero desde afuera no se generó esa sensación de cambio. Entonces, cuando grabamos “La Síntesis O’Konor” nos quedó la duda. ¿Esos cambios que hicimos son realmente tan profundos y del otro lado el oyente los va a sentir, o va a pasar lo mismo que con “Violencia”? Obviamente yo ya sabía que había otras capas, detalles y matices que estaban trabajados de una manera más profunda y diferente. Y esta vez sí el cambio se notó del otro lado. Lo que estuvo buenísimo es que además gustó, porque podría haber sido odiado. Y eso está bueno, porque uno quiere gustar. Pero lo mejor de todo es que el cambio se dio de manera natural. Porque uno puede decir “hay que cambiar”, como algo obligado, forzado. Y ya arrancar así es malo. No vas a buen puerto si lo hacés de manera forzada. Lo bueno de esto es que íbamos acumulando ganas de hacer que se fueron postergando, porque los discos empezaron a salir de manera más pausada. Al principio sacábamos un disco por año. Con “Día De Los Muertos” (NdR: su cuarta placa) tardamos dos años, y con “La Dinastía Scorpio” ya tardamos cuatro años. Y fue porque el ritmo de la banda cambió, porque empezamos a viajar y tocar mucho más. En esos lapsos que cada vez fueron más largos entre disco y disco fuimos acumulando un montón de información y ganas de hacer otras cosas. Y de todo eso salió este disco.

—¿Algo que hayan estado escuchando en el último tiempo influyó de manera directa o particularmente en el disco?

—SM: Yo siento que hay como una nueva era en la música donde se rompieron ciertas formas, que de alguna manera ordenaban los movimientos musicales. Antes hasta podían identificarse bandas y sonidos con distintas décadas o momentos musicales. Y entonces, por ejemplo, la música de los ochenta rompía con la de los setenta, y la de los noventa con la de los ochenta, y así. En un momento se empezó a disolver esa concepción, y creo que tiene que ver con la nueva forma de consumir música, con cómo se rompieron barreras y se abrieron posibilidades de escuchar música de todo el mundo y de todas las épocas. Eso abrió el juego un montón y creo que eso nos afecta a nosotros y a toda las bandas en general, y para bien. Notamos también como una influencia, no sé si directa en las canciones pero sí en nosotros, el hecho de haber podido participar de festivales que tenían una curaduría muy puntual. Por ejemplo, somos muy fans del Primavera Sound (NdR: festival internacional que se lleva a cabo anualmente en Barcelona), donde tuvimos la suerte de tocar cuatro veces. Ahí hay una mezcla de cosas: lo que está pasando en este momento, lo que están haciendo las bandas de distintas partes del mundo, mezclado con las bandas históricas. Y ves que esas bandas que antes, en los noventa por ejemplo, no conocía nadie pero que uno amaba, porque estaba enamorado de esa música, ahora están cerrando festivales. Como que se dio vuelta la cosa. Y eso es inspirador. Ver que esa música alternativa que siempre estuvo un poco en la periferia también puede ser protagonista. Te motiva ver que se pueden hacer cosas, poder viajar y tener aventuras a partir de esta música… rara.

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—En cuanto a las letras, y también al sonido pero sobre todo en cuanto a las letras, el álbum es el más melancólico de su discografía. Vos Santiago siempre dijiste que escribís sobre historias y personajes que conocés, y sobre cómo te sentís en el momento. ¿Qué momento emocional estabas atravesando cuando escribiste estas canciones?

—SM: No sé… Las letras no estuvieron escritas todas en un mismo momento. Cuando hicimos el corte final, le dije a los chicos que el disco me parecía muy dark. Como que me sorprendió a mí mismo, porque tengo una imagen más alegre de mí, porque siempre estoy tirando chistes. Pero bueno, salió esa parte melancólica. No sé de dónde salió eso. Puede ser que de mi amor por los Ramones, que a pesar de que son bien al palo y arriba son bastante melancólicos. Evidentemente hay algo ahí melancólico que tengo y que me sale sacarlo. Qué va a ser. Perdón (risas).

—Su convocatoria es cada vez más grande y ya hay una cierta presión o expectativa de que toquen en un lugar con mayor capacidad, como Obras o el Luna Park. ¿Aspiran a eso y a profesionalizarse más en el trabajo de la música, a llevar cada vez más gente y tocar en lugares más grandes como para vivir más holgadamente de la música?

—SM: No en ese plano. Sí aspiramos a mejorar, y a que los shows estén mejor en cuanto a puesta en escena, luces y eso. Es algo que lo fuimos haciendo poco a poco con el tiempo, a medida que empezaron a darse las posibilidades. Si vienen a verte diez personas no tenés para pagarle a un iluminador, por ejemplo. Entonces, la cosa va creciendo a medida que te viene a ver más gente. Y si se da tocar en un lugar más grande, la apuesta se vuelve más compleja, vamos a necesitar más ayuda y esas cosas. Pero aspiramos a que todo se dé de manera natural.

—Pantro Puto: Siempre con Él Mató el crecimiento de la convocatoria fue muy gradual. La primera vez que tocamos había cinco personas, la siguiente diez, y así. Fue siempre un crecimiento escalonado. No fue que de la noche a la mañana cayó un montón de gente. Entonces no tenemos esa manera de pensar que le puede pasar a una banda que de repente explota, que sí tiene que cambiar rápidamente el chip a ver cómo encarar las cosas.

—SM: Y el crecimiento gradual es mejor, obviamente. Igual, con respecto a profesionalizarse… Por ejemplo, fui a ver a los Rolling Stones a La Plata. Y cuando terminó el show de dos horas y media, en el que Jagger, que tiene setenta mil años y no paró de bailar y cantar perfecto en todo momento, subí la escalinata de la platea en la que estaba y terminé todo agitado. Y pensé en Jagger, que tiene el triple de edad que yo, haciendo todo eso. Y ahí dije “soy un desastre” (risas). Como que me marcó. No es que aspiro a ser un Mick Jagger, pero sí tengo que ponerme más las pilas y ordenar mi vida para poder rendir mejor en el escenario, cantar mejor… Pequeñas boludeces que antes no me importaban tanto. Y eso como que en un momento sí empecé a cambiar un poco, porque me di cuenta que le estaba dedicando mi vida entera a esto. Por ejemplo, una gira la hice con un yeso porque me lesioné jugando al futbol. Esas cosas. Como no jugar al fútbol antes de hacer una gira (risas).

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—¿Por qué creen que calaron tanto en su público, que cada vez es más grande? ¿Qué fibra creen que tocaron para que cada vez sean más grandes a nivel convocatoria?

—SM: Yo creo que lo básico es el poder de las canciones. Capaz también algunas cosas más, como el gusto por cómo hacemos las cosas o porque nos escucharon en una entrevista y de casualidad se confundieron y les caímos bien (risas). Pero, básicamente, para mí es el poder que tienen las canciones y lo que transmiten.

—PP: A mí me pasó que apenas empezamos con la banda, en un momento estaba tocando “Guitarra Comunista”, una de las primeras canciones que trajo Santi, y se me empezó a poner la piel de gallina cuando la tocaba. Porque me emocionaba, me llegaba la canción. Y ahí dije: “si esto me pasa a mí, va a haber otra persona a la que le pase lo mismo”. Así que ahí dije: “uh, joya, que bueno estar acá haciendo esto” (risas).

—Ustedes vienen diciendo hace rato que ven un cambio en la cultura y la manera de hacer rock en las nuevas generaciones. ¿Qué características comunes ven entre las nuevas bandas y sus nuevas maneras de encarar el rock?

—PP: Lo que veo es que hay una visión común del mundo, en la que las bandas no se toman tan en serio, como por ahí otras que vienen ya con una especie de pose. Creo que hay una cuestión más de relajación, de hacer la tuya sin preocuparte por el que te está mirando.

—SM: Creo que también hay una postura común en cuanto a la realidad, a la música, al arte y a otras bandas, distinta capaz a la de las bandas mainstream. Y la lírica por momentos es más directa y por otros más poética, pero tiene mucho sentimiento.

—PP: Y creo que no hay una búsqueda de encasillarse en un género como pasaba antes…

—SM: En donde si eras hardcore tenías que hacer algo político, porque si no no encajabas…

—PP: Creo que eso se rompió, que ya no se está buscando tanto “ser algo”. Por eso, cuando nos preguntan a nosotros qué música hacemos, jugamos un poco con eso y decimos que somos indie-pop-campestre-kraut-y qué se yo. Todas boludeces para no etiquetarnos en algo. Creo que las bandas nuevas con las que nos sentimos identificados tampoco buscan encerrarse en géneros.

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