Lejos del personaje de rompecorazones con el que conquistó al público femenino, busca emocionar con la interpretación de un particular locutor de radio. Y toca el saxo, que todavía es el mismo que soplaba en el subte antes de convertirse en estrella de TV. Además de la obra, habla de sus hijos y de la luna de miel con su flamante esposa, María Susini.

El cartel que anuncia "en el aire", se enciende y se escucha un aluvión de noticias terribles. Desde terremotos en Asia hasta salideras bancarias en La Plata. Los anuncios son cada vez peores. Entonces, él le pide al operador que por favor corte con las malas nuevas, que es una noche para hablar de otros temas. Saca su saxo y empieza a tocar. Así arranca, justamente, En el Aire, la obra que Facundo Arana protagoniza en Mar del Plata, cada jueves y viernes a las 23 en el Teatro Güemes. Allí se pone en la piel de Marcos, un locutor radial que trasmite su programa desde el pueblito de Las Rocas. Durante la función, el actor enamora, se enoja, hace reír, lucha y, por sobre todo, emociona. "Creo que esto no es un unipersonal, un género que tengo asociado a otra cuestión. Me parece que es más un actor haciendo varios personajes. Es una obra que está pensada, desde el primer minuto, en lo que debe ser dicho", remarca el galán.

¿Por qué arriba del escenario te jugás con propuestas diferentes?


-Encontré que en teatro me gusta mucho contar cierto estilo de cosas. Me pasó con Visitando al Sr. Green y me volvió a pasar con Poder se Puede, donde descubrimos una forma de contar que acá se repite mucho, con un sello particular que ya va encontrando un camino y que a mí me entusiasma mucho como actor, es un descubrimiento enorme porque hallé un color que me interesa desarrollar. Y probarme con Manuel González Gil como director también era todo un desafío que yo tenía muchas ganas de probar. Ensayar una obra y sacarla de gira lleva un par de meses, un gran laburo, pero acá estamos. Es genial traerla a Mar del Plata. Arrancamos por el interior, primero San Luis y después hicimos toda la Patagonia, así que venimos con trece o catorce funciones. Es un espectáculo que está probado, lo vio público de todo tipo: gente que vive cerca de la montaña, que vive cerca del río, cerca del mar, gente que vive de maneras distintas y todos lo disfrutaron muchísimo. Vengo muy cómodo.

¿No sería más cómodo estar en cartelera con una comedia romántica que es, quizás, un éxito asegurado?

-El éxito seguro tiene que ver con que vayan muchas personas a verte y que puedas hacer una temporada en la que ganás mucho dinero, que permite mantenerte en la época de vacas flacas. Yo, gracias a Dios, ese problema lo tengo resuelto. Estoy tranquilo y puedo venir a hacer dos funciones por semana. No es que sea perezoso, es el espacio que había en la sala y yo vengo a mostrar la obra, a que la vean, a cuidarla. No sé si la llevaré a Buenos Aires o estará eternamente de gira. A mí me gusta mucho dar vueltas por todo el país, siempre encuentro una excusa para hacer un viaje, ya sea por trabajo o para practicar algún deporte.

En la obra desarrollás mucho tu perfil musical...

-Sí, de hecho me pude dar un lujo muy grande que es tocar con el mismo saxo con el que tocaba en la línea D del subte, que para mí es muy especial. Contar las cosas de determinada manera tiene que ver con qué las contás, cómo lo hacés, qué recursos utilizás, cómo lo relacionás con tu vida. Cuando hacíamos Poder se Puede, con Nicolás Scarpino, los personajes se iban a escalar una montaña y caían en una grieta. Después, en mi vida, cuando fui a escalar una montaña, y todo se complicó, tenía la obra de teatro todo el tiempo en mi cabeza. Eso es no haberme equivocado en la profesión; yo me la llevo y está aplicada a todo lo que después me va sucediendo y voy entendiendo en otros lugares. Esto, para mí, es muy importante. Tocar hoy con mi viejo saxo hace que mi último paso a nivel profesional esté hermanado con el primero que di, que fue tomar la decisión de ser un artista.

Con pasaje de ida y vuelta

Recién casado con la modelo y conductora María Susini -después de cinco años juntos-, el ex Padre Coraje estará en La Feliz hasta que termine la temporada, pero sólo pasará en la ciudad balnearia los días de función. "Después me vuelvo a Buenos Aires. El verano, que es cuando los hijos no tienen colegio, es el momento para poder estar con ellos y filtrarme un ratito en sus ratos libres. No me lo quiero perder, es algo que me tengo que permitir ahora. Si hubiera tenido funciones seis días por semana, nos veníamos pero siendo dos, me parece que es mucha movida para ellos", reconoce el papá de India y de los mellizos Yaco y Moro.

¿Te gustaría llevar a tu familia a las giras?

-Por supuesto, me encantaría. No voy a cargar con ellos hasta dentro de unos añitos más. Pero espero a que crezcan y los llevo a todos. Además, hoy no es como antes, que las rutas estaban hechas pelota y, por ahí, ibas en un auto sin aire acondicionado. Hoy vas con aire, y los chiquitos tienen su televisión -que va colgada en el asiento- y se divierten más que vos.

María y vos dieron el sí hace pocas semanas, ¿dejaron la luna de miel para más adelante?


-Siempre es un buen momento para una luna de miel y yo vivo de luna de miel. Podría ser que nos vayamos cuando termine la temporada. Pero cuando sos medio culo inquieto, como yo, siempre encontrás el tiempo. Además, tenemos una familia que lo permite. Las dos abuelas están super dispuestas a venir a casa y tener las riendas para que nos podamos escapar un rato. No es necesario irte cuatro semanas, podés irte tres días a Purmamarca y ya la tenés.

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