Cerrando un ciclo de seis décadas en la radio, Héctor Larrea se despidió de los oyentes. Encabezó varios éxitos, pero Rapidísimo fue sin duda su obra cumbre.

Héctor Larrea puso esta tarde final a su impactante y referencial trayectoria radial de seis décadas al conducir por última vez El carromato de la farsa, el espacio vespertino con 16 años de historia que se emite en dúplex por Radio Nacional y Radio Nacional Folklórica.

"Tenemos que despedirnos. Agradecer la buena disposición de los oyentes en tantos años", dijo el animador a instantes del cierre del envío, a las 16, en medio del saludo de compañeros y colaboradores.

En esa ceremonia emocionada, el propio Larrea recogió el guante del momento y comentó: "Se hizo el silencio de la despedida" y entonces, con el oficio y la gracia que lo distinguen, dijo: "Saben qué es lo único que falta y lo mejor que podría suceder ahora ¡Que cante Gardel!". Y el tango Golondrinas acompañó su adiós.

Antes y con el mismo espíritu, el también hacedor de "Gardel por Larrea" (del que se despidió el domingo último) había anticipado su idea de final de trayectoria: "Gardel por todos. Cierra Gardel y después de Gardel nadie habla más nada".

La pieza de 1934 que "El Zorzal criollo" creó junto a su ladero Alfredo Lepera, coronó además el tradicional espacio que el locutor dio en sus populares ciclos al género tanguero, que en Nacional llevó por título "Tangópata" y que completó su habitual serie de cinco títulos con "Volver", "Pan", "El día que me quieras" y "Sus ojos se cerraron".

Casi dos horas antes, apenas pasadas las 14, el animador, de 82 años. comenzó su despedida recitando "Quinta luna", de José Pedroni, y sostuvo: "Esto es una maravilla. Bendito sea este día. Celebremos la vida".

Entre la seguidilla de voces grabadas que lo saludaron, hubo una presencia concreta del director de la emisora pública, Alejandro Pont Lezica, quien le anunció la confección de un archivo Larrea en la web de la radio (http://www.radionacional.com.ar/archivo-hector-larrea/).

Horas antes del comienzo del ciclo, sus compañeros de Radio Nacional le obsequiaron la luz de aire, todo un símbolo del oficio radial que Larrea ejerció con maestría y responsabilidad.

El amor de Larrea por la radio lo llevó a estudiar en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER) y tuvo como expresión más contundente el programa Rapidísimo, que desde 1967 y por 30 años engalanó el éter de El Mundo, Continental y Rivadavia convirtiéndose en un emblema de la radiofonía nacional.

"Para mí no hay nada mejor que la radio, es el mejor descubrimiento que se haya hecho, nada me abrió los brazos como la radio, nada me hizo pasear el alma como la radio, nadie me mimó como la radio, nada me ofreció todo lo que me ofreció la radio", graficó en un charla con Télam en agosto pasado.

Larrea dio la noticia de su inminente retiro en su propio programa el 13 de noviembre pasado: "Quiero decirles que ayer, luego de un encuentro interesante con mis médicos, con mi psicóloga y mis familiares y amigos más cercanos, resolví ponerle fin a esta carrera de 60 años, el 31 de diciembre", anunció.

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