El multinstrumentista uruguayo, una de las leyendas vivas de la música rioplatense que en las próximas horas tendrá su primera película en la calle, charló mano a mano con DIARIO POPULAR sobre los proyectos que lo tienen en permanente movimiento a los 73 años. "Con la panza llena, pero con hambre", estudia más ahora que de chico. Los Shakers, el grupo con el que hizo historia en la Argentina; la ola musical uruguaya en nuestro país y por qué no podría tocar con algunos colegas

Fue actor decisivo en que el rock nacional tuviera su período de explosión. Después de editar "Rompan todo (Break it all)", en 1965 y mientras Los Beatles revolucionaban la cultura mundial del siglo pasado, Hugo Fattoruso y sus compañeros de Los Shakers comenzaron a cruzar el Río de la Plata muy seguido. Buenos Aires se llenó entonces de jóvenes con pelo largo y guitarra al hombro que soñaban ser algo parecido a los Fab Four de Liverpool. Y algunos terminaron siendo leyenda, como Lito Nebbia, quien alguna vez afirmó que si Fattoruso hubiera entonces cantado en español con su grupo, “nos habría obligado a dedicarnos a otra cosa”. Como Luis Alberto Spinetta, para quien este uruguayo que puso una semilla en el rock argentino fue “el mejor de todos”. Como Charly García.

Fattoruso sabe de la admiración que despierta en sus colegas y sabe que el origen está allí, en esos años y en aquellas canciones. Y sin embargo, reniega un poco de Rompan todo, de Los Shakers y hasta de Opa, el grupo con el que se transformaría, ya en los ’70 y junto con Rubén Rada, en un pionero de la fusión del jazz con el candombe. Le cuesta hablar de cosas que sucedieron hace cuatro o cinco décadas y que -como él mismo revelará en la entrevista con DIARIO POPULAR- encima arrojaron algunos sinsabores. Y le cuesta, probablemente, porque Fattoruso es un artista de oleaje inextinguible, con una paleta de inquietudes y curiosidades en permanente renovación. Porque nunca para. Porque siempre se está moviendo. Y bajo esa forma de caminar la vida, los 20 y los 30, parece, ya le quedaron muy viejos. Fattoruso y sus 73 años de espíritu adolescente prefieren hablar del hoy, de sus diversos proyectos y de los diferentes estilos que dan reposo a esos proyectos. Del ayer hablará, a partir de este 6 de mayo, Fattoruso: La película, dirigida por Santiago Bednarik y primer documental sobre la vida del músico. Y habla, desde siempre, su obra.

Ping-Pong con Hugo Fattoruso

—Miren, estoy con pila de cosas. Con Leo Masliah; con el Cuarteto Oriental (integrado además por sus compatriotas Daniel Maza, Leonardo Amudeo y Fabián Miodownik); con Albana Barrocas en el Ha Dúo; con Yahiro Tomohiro (músico japonés con el que grabó el álbum “Dos Orientales”), con quien una vez al año me encuentro para una gira por Asia; estoy con Rey Tambor y también me presento solo. Entonces el año se me acorta, los días parecieran tener apenas ocho horas. Y yo laburo de sol a sol… Entonces uno anda detrás de las fechas, detrás del reloj. Pah, vivís corriendo.

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—¿Y estás haciendo lo que te gusta?

—Absolutamente. Si tuviera que elegir uno de todos esos proyectos, te diría que me voy a trabajar de mecánico, de fotógrafo, de cocinero o de portero de hotel. Soy bueno para todos esos oficios (risas).

—¿No te cansás nunca?

—Pah, a veces me pregunto cuándo me rajaré, pero soy feliz. Mis dedos se mueven, mi cabeza funciona...Y tengo trabajo. Digamos que estoy con la panza llena, pero con hambre.

—Venís seguido por Argentina…

—En el ‘64, con Los Shakers, fue la primera vez. Y nunca paré. Siempre me reciben muy bien. De hecho tengo todas mis cosas en casa de una amiga y una cantautora increíble, Florencia Ruiz. Un acordeón, pedales, mixer, cables… Tengo todo ahí.

—Tocás muchos instrumentos. ¿Cuál es tu preferido?

—Teclados y acordeón. Toco más los teclados. El acordeón suelo usarlo para matizar sonoramente la velada. Y porque me gusta mucho.

—¿Cuál aprendiste primero?

—Arranqué con el acordeón hasta que la profesora habló con mis padres y les sugirió que estudiara piano. "Este nene tiene facilidad, pónganlo a estudiar piano, que es un instrumento que va de acá hasta allá (mueve los dedos como recorriendo un piano imaginario) y te da otra visión de la cosa”, les dijo. Y así arranqué, pero no quería estudiar y era muy tramposo. Agradezco la paciencia de mi profesora, Iris Segundo, que me daba clases dos veces por semana y en vez de tirarme el piano por la cabeza me seguía enseñando. Yo estudiaba poco y hacía muchas trampas. Estudio más ahora que de chico, porque necesito tener las manos en forma para tocar lo que quiero tocar. Para subirme a un escenario con Leo (Masliah), que es un pianista y compositor de primer nivel mundial, tengo que estar bien. Para tocar con Maza o Amudeo, lo mismo.

—En Los Shakers tocabas principalmente la guitarra…

—Pero con la guitarra soy un principiante. Cuatro acordes, dos mayores, dos menores y listo.

—¿Y aquellas canciones las componías con la guitarra o con el piano?

—Con la guitarra, pero vieron que era un La Menor, un Mi Mayor, Sol, Re... Usaba la guitarra para completar la formación estilo beatle, pero no tengo intimidad con el instrumento. Osvaldo (NdR: su hermano menor, fallecido en 2012, a los 64 años) también hizo lo mismo. Siempre fue baterista. De niño ya se la pasaba tocando con los platos, con los tenedores y haciendo lío en el almuerzo. En Los Shakers agarró la guitarra para formar la banda.

"Cuando se Miran", de Hugo Fattoruso (exclusivo Diario Popular)
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Los Shakers y Opa, revoluciones y desencantos

—¿Qué evaluación hacés hoy acerca de Los Shakers?

—Era otro tiempo, cantábamos otra situación. Quisimos copiar (a Los Beatles) y, la verdad, los zapatos eran parecidos (risas).

—¿Creés que sólo fueron eso? ¿Una copia?

—Algunos temas quedaron okey, pero ta… salió lo que salió. Creo que fuimos detrás de alguna quimera espectacular.

"Rompan Todo (Break It All)", de Los Shakers
Los Shakers en Argentina (1966)

—Luis Alberto Spinetta llegó a afirmar que cuando escuchó por primera vez la canción “Espero que les guste 042”, pensó que Los Shakers habían superado a Los Beatl…

—(Interrumpe) Pero a él le encantaban Los Shakers. Era fan. Adorable, Luis... Hay algunos temas que los digiero bien, ¿ta? La mitad, ponele, está con buena nota… Nada, hicimos lo mejor que pudimos y no le hacíamos daño a nadie. Éramos muy inmaduros. Tipos rioplatenses cantando con esa pronunciación horrible… Eran temas de tiro corto. Si le errabas, le erraban por dos minutos. Tampoco cometías un crimen.

—En Internet no hay mucha información sobre el grupo. Ni siquiera están las letras de las canciones. ¿Te sorprende?

—No sabía. Y bueno, nadie las habrá puesto, ¿no?

—Se volvieron a juntar hace unos años...

—Sí, en el 2006. Grabamos algo. Digamos que llovió y paró. Y además también hubo algún movimiento malo con el sello que lo grabó… Ta, me hinché las pelotas. En su momento, EMI-Odeón también se portó horrible con nosotros. Los Shakers nunca cobramos un puto peso.

"Con Los Shakers fuimos detrás de alguna quimera espectacular", asegura Fattoruso.

—¿Por qué? ¿Qué pasó?

—Miren, una vez un productor amigo me pagó de su propio bolsillo a un abogado que trabaja con los Rolling Stones. Él escribió a la casa central de Odeon, aquí en Argentina. Les puso: “Acá tengo este grupo que dice que no cobró nada en 40 años, que esto, que aquello…". Y le respondieron: "Acá hay 500 dólares para cobrar, pero no vinieron nunca. ¿De qué se quejan?". Una locura, ¿no? Ya está… Son esos detalles que salen en letra chica, qué se yo…

—Hace un tiempo también tuviste una querella con el brasileño Airto Moreira, compañero tuyo en Opa, por la autoría de la canción “Tombo en 7/4”, luego renombrada y conocida mundialmente como “Samba de Janeiro”.

—Que es mía, claro. La melodía fundamental es una música mía... Es que yo no me ando con mucha vuelta. Siempre fui igual. Si arreglo contigo para hacer un disco, para mí lo que vale es la palabra. No ando con papeles y abogados. Me decís dónde hay que firmar y listo. Yo vendo un disco por mes. Soy conocido, pero no soy vendedor. Capaz que el día que me muera vendo cien mil discos, ¿ta? Pero hoy no. Entonces si la compañía me vuelve a engatusar ya no me importa, porque yo no vendo. Pero Los Shakers sí vendían. Y esa canción (Samba de Janeiro) también vendió. Vendió en los 90 y la volvieron a usar para el Mundial de Brasil.

—¿Y por qué apareció exclusivamente a nombre de él?

—Pregúntenle a él. Empieza con una música suya. En el medio hay ocho compases que puse yo, con la melodía fundamental… Ta ra ra ra ra, ra ra ra (reproduce el conocidísimo riff de la canción). El final también es mío. Y quien figura como compositora es la hija, Diana Moreira, que cuando el tema se hizo tenía diez meses. Pah, si lo hizo a los diez meses es mejor que Mozart, ¿no?

—¿En qué quedó ese litigio?

—También lo abandoné. Los abogados de Montevideo contra los Estados Unidos son como una viejita de 80 años queriendo agarrarse a las trompadas con Mike Tyson. No les movés un pelo… Después escribí una carta a SGAE (Sociedad General de Autores y Editores, con sede en España), conté que formé parte de este grupo (agarra una servilleta, una lapicera y garabatea) y me respondieron: “Usted se tiene que conseguir un abogado, que esto, que lo otro…”. Uffff (sopla), me recontra calenté… Ya está. Se fue.

"Samba de Janeiro" de Hugo Fattoruso y Airto Moreira

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* * *

—Está difícil esto, che. Está difícil.

Hugo Fattoruso refunfuña al recorrer las octavas del antiguo piano del bar y centro cultural del barrio de Palermo donde se acordó la nota. El instrumento suena algo desafinado y el músico no puede disimular cierto desencanto al notar que no hay otra alternativa para aceptar la invitación de DIARIO POPULAR. Es ese piano o no será ninguno. Y adiós al material audiovisual pensado para ilustrar la nota. Pero Fattoruso elige mover los dedos sobre las teclas y empieza a marcar el pulso con los pies. Las cámaras se encienden y él no parece notarlo. Sigue tocando y son minutos de pura intimidad entre él y un piano que lo hace renegar, sin atender a nada de lo que sucede alrededor. Termina y resopla como sepultando esos instantes de concentración y desgaste. Vuelve a sonreír.

"La Papa", por Hugo Fattoruso (exclusivo Diario Popular)

—¿Cómo te definís como músico?

—Lo mío es modesto y pelota al piso. No estudio armonía, no entiendo lo que dicen los libros… Hay gente que se mueve con eso, pero no sé cómo hacen. Yo lo entiendo por el oído. Bueno, también hay gente que compone música sinfónica y no toca ningún instrumento.

—¿Qué música escuchás?

De todo, especialmente música folclórica. Árabe, de los Balcanes… Cocino algo y escucho. Me gusta mucho, dame que te lo anoto (se estira sobre la mesa, agarra otra servilleta y vuelve a escribir) este, mirá… Ivo Papazov. Capo. Después me gusta “Cuchi” (Gustavo) Leguizamón, (Astor) Piazzolla, (Horacio) Salgán… De Piazzolla y Salgán diría que es lo único que me gusta de lo que es música ciudadana. La música ciudadana para mí es como McDonalds. Basura.

—¿Qué tiene que tener una melodía para que te cautive?

—No sé, es inexplicable. Te toca o no te toca... La música se deja tocar sin que la persona sepa. No tenés que estudiar. Después, con la práctica, mejorás o no. Eso es lo maravilloso. Te sale de adentro. Y es muy generosa.

—¿Y qué música no te gusta?

—(Sonríe) Hay muchas cosas que no tienen gracia.

—¿Te puede gustar algo muy simple?

—Una ranchera mexicana. ¡Claro! La simpleza no determina qué es bueno o es malo. A vos te movió eso y ta. Es tan personal.

—Si alguien quiere grabar un disco o compartir un escenario con vos, ¿qué tiene que tener?

—¡Nada! Si me llama, ya está. Es como si me invitara a la casa. Vení, pasá, sentate.

—¿Qué visión tenés de la música uruguaya actual y el impacto que algunos grupos causaron en la Argentina durante los últimos años?

—Veo un buen trabajo de No te va Gustar. Me invitó a tocar Alejandro Balbis, que tiene un grupo muy sólido. Toqué con él un par de temas y veo que tiene mucho eco, tanto en Argentina como en Uruguay... Después, la verdad, no sé qué decirte... Perdió un poco de vuelo la cosa. No hay internautas, no hay aventureros. Es un poco más normal el asunto. Pero no conozco todo lo que hay, así que te pido disculpas... No sé, antes vos escuchabas a (Eduardo) Mateo y parabas la oreja. “¿Y esto qué es?”, te preguntabas. Te llamaba la atención. Escuchabas a Totem y de nuevo: “¿Esto qué es?”. Ya no pasa tanto.

Fattoruso vuelve a conectar la memoria con la música que lo conmueve. Retoma una pregunta anterior y otra vez se estira sobre la mesa para tomar servilleta y lapicera. Se reincorpora y vuelve a escribir y recomendar.

—¡Música de Japón! Gagaku tradicional –escribe sobre la servilleta- Tiene como 5000 años. Es fabuloso... Hay un estilo –sigue escribiendo- que se llama Enka, con unos hombres espantosos y unas mujeres divinas. Ojo, después la música pop japonesa es espantosa, con todos esos pelos pintados, cantando "a che quio wa" (simula cantar en japonés). Espantoso.

—¿Hay algún músico con el que te hubiese gustado tocar, que te haya dejado una cuenta pendiente?

—Bo, te digo uno solo: Ray Charles. Para mí era tocar con él y decirle "loco, sos lo más grande que hay". Miren, en Nueva York tocábamos con Opa en un boliche que supuestamente pertenecía a la mafia. Cada dos por tres limpiaban a uno. Así era el cuento.... Una vez tocó Ray Charles y nos quedamos a verlo. Abajo del escenario había una mesa de tanos. Parecía la última cena. “¡Eh, ma que catzo que!” (simula hablar en italiano). Todos gritaban y le daban cero pelota a lo que pasaba en el escenario. ¡Y estaba tocando Ray Charles! Termina de tocar y el dueño del boliche nos invita a pasar al camarín. Yo tenía todos sus discos, me sabía todos los temas... Ringo (Thielmann, compañero suyo en la banda) entró y salió llorando. Yo no pude entrar. No pude… Después hay gente que admiro, pero con la que no puedo tocar. Por nivel, eh… No puedo. John Coltrane, ponele. Ivo Papazov, que ya lo nombré… No sé qué hay que tener para tocar con esos tipos. Otro cerebro. Yo jamás podría. Para mí son inalcanzables.

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Fattoruso y los músicos con los que tocó

Eduardo Mateo: “Faaa, mágico. Inventó acordes, tumbados. Genio”.

Jaime Roos: “Capo”.

Rubén Rada: “Capo, tiene una intuición increíble”.

Chico Buarque: “Lo más grande”.

Milton Nascimento: “Superdotado”.

Eduardo “Pitufo” Lombardo: “Capo”

Hermeto Pascoal: “Faa. Un genio. Y trabaja mucho”.

Lito Nebbia: “Divino. También trabaja mucho. Se entregó a la música”.

Fito Páez: “Un amigazo. Dotado”.

Andrés Calamaro: “¡Ja! Muy simpático, muy capo... Me invitó a grabar un disco. Es otro plan que está ahí en la olla. Hay que prender el fuego y cocinarlo”.

Djavan: “Divino. Como persona, músico, compositor... Todo”.

Osvaldo Fattoruso: “La mitad de mi música. Ahora estoy al 50 por ciento”.

"Tu Alegre Paso", de Hugo Fattoruso (exclusivo de Diario Popular)

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