En esta ocasión, el primer actor Juan Leyrado, quien se encuentra protagonizando la pieza teatral “El elogio de la risa” en el Multiteatro, bucea en su mundo interior y pone sobre la superficie las respuestas más sinceras a cada uno de los interrogantes que se le plantearon a lo largo de la siguiente entrevista que se sumerge en distintos aspectos de su vida privada y profesional.
l ¿Por qué hace lo que hace?
-Porque así como necesito el oxígeno para respirar, necesito jugar arriba de un escenario para vivir y como sobre el escenario el juego está permitido, puedo jugar sin que me tilden de loco (risas).
l ¿Qué no debe estar ausente en una buena interpretación?
-La verdad profunda.
l De acuerdo a su experiencia, ¿de que no se debe privar un actor?
-Del sentir el vértigo, que no es otra cosa que experimentar esa sensación de no saber para dónde va ni qué va a pasar. Debe transitar ese estado con total libertad y plena confianza en sí mismo.
l En lo profesional, ¿se siente de vuelta de algo?
-Afortunadamente, no. Aún pienso que sigo yendo.
l ¿Y hacia dónde?
-Hacia el resto de lo que me queda por vivir.
l La profesión del actor, ¿puede ser considerada de alto riesgo psíquico y físico?
-En lo personal, pienso lo contrario. Considero que esta es una profesión totalmente curativa. Sana todos los males, los mentales, los sentimentales, los corporales y los espirituales. Actuar cura, no enferma.
l A la hora de actuar, ¿duda de algo?
-En absoluto. La actuación es uno de los poquísimos espacios, hasta podría decir el único, en el que no dudo de nada.
l Profesionalmente, ¿con qué se conectan las decisiones que más le cuestan tomar?
-En aceptar una propuesta en la cual el personaje, el texto o la historia no tengan algo que ver con lo que me interesa transmitirle al otro.
l ¿Cuáles son sus límites profesionales?
-No sentir que lo que voy a hacer me representa, ya sea con certezas o dudas, ni va a hacer crecer.
l ¿Cuánto hace que empezó a elegir sus trabajos?
-Siempre elegí, pero adaptándome a mis necesidades básicas de supervivencia.
l ¿Padece de alguna obsesión laboral?
-Soy muy perfeccionista con mi tarea, sobre todo a la hora de construir un personaje.
l A su juicio, ¿cuáles cree que son los obstáculos más frecuentes que debe enfrentar un actor?
-Cualquier actor, sea del país que sea, debe enfrentar los obstáculos de la duda y de la inseguridad.
l ¿Siempre tuvo en claro que era esto lo que quería hacer y no otra cosa?
-Sí. Jamás sentí dudas, más allá de los resultados posteriores.
l ¿Cómo se acomodó a la inestabilidad profesional?
-Hamacándome. Así como se hamaca un chico en una plaza: yendo y viniendo, tratando de no caerse, del mismo modo me hamaqué yo en esta profesión.
l En ese sentido, ¿qué papel jugó su entorno?
-Muy importante, los llevé a jugar conmigo a la plaza y estuvieron viendo cómo jugaba, procurando que no me lastime.
l En estos momentos, ¿por dónde pasa su búsqueda artística?
-Por poder expresar mi pensamiento y mi palabra sobre un escenario.
l ¿Qué simboliza el trabajo?
-La vida.
l ¿Usted vive para trabajar?
-No. Yo trabajo para vivir.
l Actuar, ¿lo acerca a un estado de felicidad?
-La actuación es en sí misma la sensación de felicidad.
l Esa sensación, ¿es efímera?
-Ese estado dura hasta que surgen las dudas y la crítica de uno mismo.
l ¿Qué se aprende del fracaso?
-El fracaso enseña a que uno siempre se puede equivocar y que vale la pena intentar todo aquello que uno desee, porque si sale mal uno no pierde, suma puntos a su vida.
l Un refrán popular sostiene que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, ¿a usted le pasó?
-En mi vida he tropezado con muchas cosas y eso me ha trajo enseñanza. Aprendí de la lección. Después, me seguí tropezando pero bueno, es parte del camino.