La banda de blues y rock liderada por Ricardo Tapia presentó en vivo su álbum de covers en el recinto de San Telmo, con entradas agotadas. Lo que se vivió el jueves por la noche, en esta nota
"Lo que tenemos anotado en la lista es un 50% de lo que vamos a tocar", anunció un sonriente Ricardo Tapia tras "El titular", el primer tema de la noche. Su felicidad era evidente, y no era para menos. Es que el show que La Mississippi dio el jueves en La Trastienda era especial, por varios motivos. Por un lado, porque era el primero de una seguidilla en el que presentan "Inoxidables", su último disco. Por otro, porque habían agotado las localidades. Y por último, pero no menos importante, porque se trataba de su recital número 70 en el recinto de San Telmo. "Tengo más tiempo acá que todos los que están laburando hoy", dijo más tarde, orgulloso.

"Mono" fue el segundo en sonar, "Salvavidas" (dedicada a Pity Álvarez) el tercero y nosotros ya habíamos sacado algunas conclusiones. Primero, que a pesar de que se vendieron todos los tickets, el local no estaba a reventar, como en los viejos tiempos. Claro, en las épocas de "Yo Estuve Ahí" todavía no había ocurrido la tragedia de Cromañón y las capacidades de los lugares eran mucho más explotadas, pero quizás influyó también lo feo que había estado y que pintaba la noche a nivel climático. Muchos fuimos los que miramos el cielo antes de entrar y pensamos que íbamos a bailar la danza de la lluvia de manera anticipada.


Por otro lado, también está claro que el público no es el mismo que el que llevaba la banda a fines de los 90 y principios de los 2000. El piberío es mucho menor (en cantidad, no en edad) y la cultura "rockero-futbolística de recital" casi que brilla por su ausencia. Hoy en día, el público de La Missi es uno más entrado en años (aunque, cabe decirlo, la banda siempre tuvo una audiencia con más de un "veterano"), más tranqui y súper fiel, que más que agitar quiere escuchar, cantar y bailar blues y rock clásico.

Y, por último, la conclusión más importante: que el grupo suena muy bien y muy ajustado, y que de entrada la gente la estaba pasando bien.

"Esta noche vamos a rendirle tributo a músicos que hicieron canciones increíbles en épocas de mierda de la Argentina", dijo Tapia y le dio lugar, ahora sí, a los recontra clásicos del álbum de covers que venían a presentar. Fue así que sonaron las versiones de "Ritmo y blues con armónica" de Vox Dei, "No tan distintos" y "Mejor no hablar de ciertas cosas" de Sumo, "Una casa con diez pinos" de Manal (banda a la que Tapia homenajeó también con la remera que usó para el show), "Pato trabaja en una carnicería" de Moris (a quien Ricardo calificó como "el mejor letrista de los '60"), "Cementerio Club" y "Post Crucifixión" de Pescado Rabioso, "La mamá de Jimmy" de PorSuiGiego, "Blues del estibador" de Memphis la Blusera (festejadísima) y "Masacre en el Puticlub" de los Redondos, una de las más destacadas por el aporte de una flauta traversa a cargo del propio Tapia. Entonadas por todos, este bloque no sólo le dio la razón al título del último disco de La Missi, sino que confirmó el amor de su gente por estos grandes temas que los influenciaron tanto.


"Gente mala" devolvió al grupo a su propio repertorio y le dio lugar al primer clásico: la gran "Café Madrid". Le siguieron "Ermitaño", "20 chicas 20" y "Mala transa". Y cuando muchos nos preguntábamos por qué no había sonado ninguna de Pappo, Tapia, y principalmente la guitarra de Gustavo Ginoi, resucitaron el espíritu del carpo con "Blues de Santa Fe". Gran versión y gran solo de Ginoi.

El concierto llegó a su final con lo que todos estábamos esperando: los hits, los clásicos con los que La Mississippi se hizo un nombre en la música popular nacional. Primero fue  la que vaticinamos horas antes: "La danza de la lluvia". Y con ella el público se encendió y volvió a parecerse al de antaño: coreos, saltos, agite y parejas bailando rock and roll, un infaltable del blues local. El entusiasmo creció con los temas que siguieron: "Blues del equipaje", la muy cantada y sentida "San Cayetano" y el bluesazo "Un poco más".

Y el final llegó con uno de los grandes favoritos de toda su discografía (sino el máximo): "Un trago para ver mejor". Aplausos, Tapia invitándonos a los shows del 13 y el 27 de agosto y prometiéndonos que iban a  ser distintos al que acabábamos de vivir, y chau.


Nos fuimos de La Trastienda y, como antes (y como siempre), seguimos sacando conclusiones. Una es también un reproche: se extrañaron los vientos, sobre todo al escuchar los clasicazos del final. No sólo por el color que le aportaban a las composiciones, sino también porque, intuimos, le hubieran dado un poderío al contundente vivo que nos entregaron que hubiera resaltado todavía más el show. La otra, la más importante: la pasamos bien. Nos divertimos. Cantamos. Bailamos. Y compartimos un amor común por el viejo rock y blues, que siempre nos hace recordar. Pocos bluesean como lo hace La Mississippi, y todos los que vivimos estas dos horas de show volvimos a comprobarlo.




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