"Esta noche vamos a rendirle tributo a músicos que hicieron canciones increíbles en épocas de mierda de la Argentina", dijo
Tapia y le dio lugar, ahora sí, a los recontra clásicos del álbum de covers que venían a presentar. Fue así que sonaron las versiones de
"Ritmo y blues con armónica" de
Vox Dei,
"No tan distintos" y
"Mejor no hablar de ciertas cosas" de
Sumo,
"Una casa con diez pinos" de
Manal (banda a la que Tapia homenajeó también con la remera que usó para el show),
"Pato trabaja en una carnicería" de
Moris (a quien Ricardo calificó como "el mejor letrista de los '60")
, "Cementerio Club" y
"Post Crucifixión" de
Pescado Rabioso,
"La mamá de Jimmy" de
PorSuiGiego,
"Blues del estibador" de
Memphis la Blusera (festejadísima) y
"Masacre en el Puticlub" de los
Redondos, una de las más destacadas por el aporte de una flauta traversa a cargo del propio Tapia. Entonadas por todos, este bloque no sólo le dio la razón al título del último disco de La Missi, sino que confirmó el amor de su gente por estos grandes temas que los influenciaron tanto.
"Gente mala" devolvió al grupo a su propio repertorio y le dio lugar al primer clásico: la gran
"Café Madrid". Le siguieron "
Ermitaño",
"20 chicas 20" y
"Mala transa". Y cuando muchos nos preguntábamos por qué no había sonado ninguna de
Pappo, Tapia, y principalmente la guitarra de
Gustavo Ginoi, resucitaron el espíritu del carpo con
"Blues de Santa Fe". Gran versión y gran solo de
Ginoi.
El concierto llegó a su final con lo que todos estábamos esperando: los hits, los clásicos con los que La Mississippi se hizo un nombre en la música popular nacional. Primero fue la que vaticinamos horas antes:
"La danza de la lluvia". Y con ella el público se encendió y volvió a parecerse al de antaño: coreos, saltos, agite y parejas bailando rock and roll, un infaltable del blues local. El entusiasmo creció con los temas que siguieron:
"Blues del equipaje", la muy cantada y sentida
"San Cayetano" y el bluesazo
"Un poco más".
Y el final llegó con uno de los grandes favoritos de toda su discografía (sino el máximo):
"Un trago para ver mejor". Aplausos, Tapia invitándonos a los shows del 13 y el 27 de agosto y prometiéndonos que iban a ser distintos al que acabábamos de vivir, y chau.
Nos fuimos de La Trastienda y, como antes (y como siempre), seguimos sacando conclusiones. Una es también un reproche:
se extrañaron los vientos, sobre todo al escuchar los clasicazos del final. No sólo por el color que le aportaban a las composiciones, sino también porque, intuimos, le hubieran dado un poderío al contundente vivo que nos entregaron que hubiera resaltado todavía más el show. La otra, la más importante:
la pasamos bien. Nos divertimos. Cantamos. Bailamos. Y compartimos un amor común por el viejo rock y blues, que siempre nos hace recordar. Pocos bluesean como lo hace La Mississippi, y todos los que vivimos estas dos horas de show volvimos a comprobarlo.
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