Con Peter Lanzani y Germán Palacios como protagonistas, el film se rodó entre Bolivia, Argentina y Chile. "la película juega mucho con el concepto de 'belleza intoxicada'", describe su director.

Los Ultimos es una película que si no se estrenaba lo antes posible debía cambiar de formato, tendría que ser un documental. Lo que empezó como un film de género post-apocalíptico, se convirtió en uno sobre historia de refugiados en un contexto social en América Latina por la guerra del agua y “Hoy viendo las tapas de los diarios, en especial en Bolivia, me parece tremendamente increíble que aquello que estaba a la vuelta de la esquina, refleje el presente”, señala su director Nicolás Puenzo sobre su reciente estreno en nuestras carteleras.

La película termina con un hecho real, la declaración de emergencia nacional por la falta de agua en cinco de los nueve departamentos de Bolivia producto de la sequía como fenómeno climático y por el intensivo uso del agua para explotación minera. El film había nacido con otro periplo: “Arrancó como una idea post-apocalíptica casi una década atrás, con historias de drones y sobre qué pasaría si en un futuro posible la escasez del agua genera una fábrica de refugiados. El motor de la historia, obviamente, fue el film Mad Max (1979, con Mel Gibson, cuya trama se obsesiona con la escasez de combustible), pero sobre todo el gran disparador fue la foto del nene sirio muerto en las costas del mediterráneo tratando de escapar de la guerra en septiembre de 2015”, insiste Nicolás Puenzo.

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Una imagen que conmovió al mundo entero en el conflicto de Medio Oriente por la obtención del recurso más codiciado, el petróleo: “Yo me acuerdo que el presidente de Francia dijo que iba a bombardear al ejército de Siria y al Isis, las dos facciones del mismo conflicto. Lo que importa es la conexión entre el capital y la explotación de los recursos humanos y naturales y en medio la violencia lastimando los cuerpos. Esto es trasladable, con sus diferencias y matices, al cobre en la Cordilleras de Los Andes o el avasallamiento sobre los mapuches para quedarse con sus tierras o los trabajadores en las fábricas con un Estado insuflando la violencia”.

La elección del casting con la pareja de refugiados protagonistas no es para nada aleatoria la búsqueda de dos rostros bonitos. El actor argentino Peter Lanzani y la modelo de origen peruana que triunfa en Nueva York, Juana Burga: “La película juega mucho con el concepto de ‘belleza intoxicada’. También se rodó en un territorio tremendamente bello de Bolivia, Argentina y Chile. En éste último, el Desierto de Atacama, un lugar de belleza máxima está siendo intoxicada de la manera más bestial. Es emocionante ver ese paisaje de Atacama y yo partí de una base de un lugar lindo o gente bella sobre la cual volcar un nivel de gran destrucción que hiciera evidente lo que le está pasando a los seres humanos y a la tierra”.

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Otro dato que llama la atención del film es la escasez de diálogos, con la mirada, los gestos y frases cortas se describe una crisis social: “Yo la verdad que no me imagino un refugiado que cruza el Mar Mediterráneo escapando de la guerra, tenga mucho para decir. Hay una base que es la realidad misma, no hay intensiones de bajar línea en la película para impresionar. La idea sí es dar el primer paso para llamar la atención de lo que puede pasar en un futuro con un presente tan inquietante. Fuimos muy medidos con la información y hubo mucho debate en los guiones sobre lo que poníamos y qué sacábamos”. El resto dependerá de la acción de cada uno de nosotros y de cada sociedad

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