Semanas atrás, Marcela Feudale (47) sintió en jaque su salud. Un recurrente cuadro de presión alta la alarmó y asustó. Alejada de la televisión, se hizo todos los estudios médicos requeridos hasta que el diagnóstico se convirtió en un hecho. Un cuadro de estrés le abrió las puertas a la reflexión y las conclusiones no tardaron en llegar, en medio de las versiones que le adjudicaron un cuadro de depresión al sensible momento que atraviesa. "Soy franca y transparente, sin vueltas. Nunca en mi vida oculté nada. Si hubiese tenido depresión como dijeron, lo hubiese dicho, por eso quiero aclarar las versiones que fueron circulando por distintos medios. Sé que son cosas con la que le gente la pasa muy mal, por eso no quiero que se confundan las cosas. Tampoco, quiero alejarme de la televisión y de la radio. Lo que me doy cuenta es de que tengo ganas de hacer un montón de cosas. Proyectos que vengo arrastrando a lo largo de los años e ideas que fui creando en mi mente en esta última etapa. Quizá, cada vez esté un poco más cerquita el momento de empezar a ponerlas en curso, de activarlas y transformarlas en algo en concreto. Lo que me venía pasando, entre otras cosas, es que corría comidas, horas de sueño, presentaba un insomnio llamativo. Me despertaba pensando en el tema en el que pensaba cuando me había quedado dormida. Me atemoricé y viví una situación medio límite porque no tenía un diagnóstico ", destacó la panelista de Infama, programa de espectáculos de las tarde de América.
¿Cuánto influyó el trabajo en el pico de estrés?
-No digo que lo que me pasó sea solo por las presiones del medio. Si uno estuviese en un mal permanente, claro que optaría entre estar o tomarse el buque. Lo que si no se sabe es que por estar en los medios uno no deja de tener problemas. Parecería que por trabajar en la televisión, uno no tiene problemas económicos, que se compra la mejor ropa pero no, no es así. Pero no señores, señoras, a todos nos pasa lo mismo.
¿Y cómo es?
-A veces, estás corriendo detrás de la guita, entonces agarrás un laburito más para tener unas mejores vacaciones o vas a un programa porque le debés algo a alguien. Es un ambiente donde vas creando una burbuja de presión y donde uno mismo se presiona. Desde hace muchos años que no lloro cuando tengo ganas de hacerlo. Ahora bajé unos cuantos cambios. Me encanta la vida, no quiero morirme. Tengo que darme el tiempo para pequeñas cosas que son naturales para cualquier persona.
¿Te faltó tiempo necesario para desenchufarte de los compromisos laborales?
-El mío es un trabajo en el que no cortás nunca. En medio de la vorágine, del día a día, no pensás en lo que tenés que pensar. Adoro el lugar en el que estoy. Es de privilegio y me lo he ganado pero te llama uno para que hagas una nota para la universidad tal porque se está recibiendo, el otro, es permanente. No te desenchufás, estás todo el tiempo conectado. Estás todo el tiempo arriba de una ola que se va reproduciendo y vos te trepás porque sentís que es para vos, para estar mejor. Te pongo un ejemplo concreto. Mi hermana había hecho una reforma en su casa, todo el tiempo le decía que la iba a ir a ver pero pasaron tres meses.
Claro, tiene su lado B.
-Ojo, como te digo una cosa, te digo la otra: me encanta mi trabajo. La adrenalina y la pasión que me genera que siempre le he puesto. Si la pongo por delante y siempre le digo que si a lo que hago es porque adoro el trabajo. Se prende la luz del aire y vivo.
¿Te hubiese gustado formar una familia?
-Algunos pueden decirme que con tanto trabajo tapo cosas pero no creo que sea así. Hoy en día no siento pena por no haber tenido hijos. No sentía la necesidad de tener hijos si no de una libertad permanente. Lo que sí necesito es expandirme, romper todo el tiempo paredes. Así soy yo, y así me gusta ser.