Marca sus diferencias con el show el intérprete que está presentando un unipersonal. Además, define como rasgo “criminal” la tendencia a ningunear al otro en un país que juega un eterno Boca-River.

El humor es un punto de vista", dice Marcelo Mazzarello, que ha hecho del humor una carrera y un modo de expresión artística. El actor que todas las noches hace reír con su personaje de El Polaco en "Viudas e hijos del Rock & Roll", siempre caminando en el límite entre lo gracioso y lo que puede llegar a incomodar, acaba de debutar con su propio espectáculo de humor: Mazzarello no Chilla. El Unipersonal, creado y dirigido por él mismo en el teatro Picadero, todos los viernes a las 23.

Allí, interpreta a un hombre que no se sabe bien si es un actor o no, pero que espera en su camarín-cueva a que lo llamen a escena. Mientras espera, interpreta personajes muy diversos y se pregunta qué hacen los actores cuando quieren un papel importante: "Shakespeare, príncipes dinamarqueses, reyes ingleses. Pero los argentinos estamos muy lejos de eso y más cerca del rey de la bondiola o del rey del panqueque", dice Mazzarello.

Desde el humor, se produce entonces una reflexión sobre el ser nacional que navega entre el prócer y el economista, que va de Discepolín al psicoanalista y del Rey Inca a un Hamlet en guaraní. "El espectáculo habla de eso, de si no se puede hacer a un rey inglés, qué sí se puede hacer, qué personajes nos representan más".

¿El humor actual indaga en la identidad del ser argentino?

-Para mí el humor siempre está relacionado a la observación social. Cada cómico le pone su impronta, desde Tato Bores hasta Olmedo estamos representando personajes reconocibles para todos. Para que el humor resuene en el espectador tiene que hablar de cosas que vos puedas entender por dónde viene el chiste.

¿Tiene que ver con personajes más bien barriales, costumbristas, o con cuestiones relacionadas a la política?

-Hay de todo. Hay uno comunista y el comunista para mí ya es un personaje gracioso. Gracioso y trágico a la vez. Pero el espectáculo no está apoyado en sí en la política porque creo que es un rasgo que en este momento de tanta crispación no aportaría nada bueno. En el espectáculo aparece Discepolín, un artista que fue muy castigado por tener una opinión política. Pero su grandeza como artista sigue representándonos en el mundo. Su poesía es de las mejores cosas que tenemos, pero en su momento la realidad social le cobró la vida por una opinión. Como rasgo político lo más interesante me parece ese personaje.

Mencionaste la "krispación" de la que tanto se habla ahora. ¿Reflexionás sobre eso en el unipersonal?

-El momento político es aparte, pero como rasgo de observación del espectáculo yo lo llevo mucho al tango, porque siempre fuimos así. Esto no es de ahora, los de D'Arienzo odiaban a Pugliese, los del tango clásico lo odiaban a Piazzolla. A Piazzolla lo mataron. Hasta que no se murió, no lo perdonaron. ¿Y quién duda ahora de que lo que él hizo es tango? Nadie. O sea que esa polaridad, que yo llamaría bipolaridad, viene de mucho tiempo antes.

¿Cómo definirías ese rasgo?

-Como criminal. Es la negación del otro. El otro "no es", lo que importa es yo por arriba de la opinión del otro. La opinión del otro no existe.

¿Qué tipo de humor te gusta o te representa más?

-Me gusta el humor donde lo que se actúa es una verdad, donde al personaje le está pasando algo en serio y al espectador le causa gracia.

Mazzarello es un amante del tango. No sólo de su música, sino del baile. Fue justamente bailando tango como conoció a su pareja, Flor Argento productora, además, de su espectáculo teatral.

El baile es una faceta tuya poco conocida. ¿Bailarías en el programa de Tinelli?

-No creo. Alguna vez me llamaron, pero no. Hay un maltrato ahí que no está bueno. No me gusta el maltrato al otro y mucho menos a mí. No me gustaría participar de eso. Si entrás, es como que aceptaste. Es como un juego donde te dicen: "Mirá, en ese juego te pegan cachetazos". Y bueno, jugás o no jugás. Pero una vez que jugás, te dan cachetazos.

Hay quienes aceptan la propuesta y después se dan cuenta, o al menos eso dicen...

-A esta altura, después de veinte años de Tinelli, ya deberían saberlo. Siempre acá hay un argumento de ingenuidad del cual deberíamos ya desprendernos. No podemos seguir diciendo: "no me di cuenta". Hay que empezar a darse cuenta. Hace treinta años que vivimos en democracia y todavía se escucha decir "no me di cuenta que me estaban engañando". ¡Otra vez!

¿Qué pensás de todo lo que generó la polémica a raíz de los dichos de Ivo Cutzarida sobre la inseguridad?

-Creo que son las dos caras de la misma moneda, los que están de un lado y los que están del otro piensan igual.

¿Vos qué pensás?

-Pienso que hay que ver quiénes piensan propuestas superadoras de esto y una de esa personas, para citar un ejemplo real, es el Doctor Abel Albino que tiene la fundación Conin y trabaja contra la desnutrición infantil. Él dice que si aseguramos la nutrición en el primer año de vida, aseguramos cloacas, agua caliente y agua fría, y electricidad en todos los hogares de la Argentina, en 25 años seremos potencia. Y yo le creo. Creo que ese el camino, lograr un acuerdo social entre todos los sectores políticos y los argentinos, que en vez de preocuparse por la seguridad, estén preocupados de que todos estemos bien.

¿De qué partido es Albino?

-De ninguno, eso es lo interesante. No se meterá en política para que no lo ensucien, cosa que hace muy bien. El tipo dice: "si vos en el primer año de vida no asegurás la nutrición, el cerebro no se forma y no vas a tener qué educar". Hay gente que está hablando en serio pero no es la que vemos todos los días en los medios.


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