Cada noche brilla con su composición de Alicia Ferreyra en "Argentina, tierra de amor y venganza" y mañana estrena en cine Shalom Taiwán, donde hace de mujer de un rabino. Sueños y logros de una enorme actriz

Enrolada en una postura de elecciones actorales que claramente marca la diferencia, Mercedes Funes, sobresale y se revela cada noche con su composición de Alicia Ferreyra como singular antagonista de Argentina, tierra de amor y venganza, la tira suceso de las 21:30 de El Trece.

En un nuevo acercamiento de su manera de bucear en la complejidad de personajes que en su mayoría otras se negarían a retratar, mañana estrenará Shalom Taiwán. El segundo film de Walter Tejblum la coloca en un breve, pero contundente relato sobre la mujer de un rabino que plantea su independencia laboral ante la vida familiar, en el lapso en que el religioso, desesperado por salvar a su templo del remate, viaja a Nueva York y Taipei en busca de donaciones que lo ayuden a cubrir deudas.

"Yo parto del concepto de que alguien tiene que ponerle el cuerpo a esos personajes que todas quieren evitar ser. Todas queremos que se nos vea bien. Y yo busco que se me vea mal. Todas queremos quedar bien paradas y yo busco quedar mal parada. Todas queremos decir cosas interesantes y yo digo todas estupideces. Pero detrás de todo eso, también hay un ser humano", desliza en su propósito de mostrar creaciones diferentes y hallar su costado más íntimo y humano quién como pocas se puso en la piel de Tita Merello en la película Yo soy así, Tita de Buenos Aires.

"Está lleno de personas así y me gustó el contraste de encontrar allí claramente el pequeño payaso y también encontrarle así la humanidad. Yo siempre busco encontrar al ser humano detrás del personaje. Encontrarle sus por qué, sus para qué, sus verdades. Creo que la actuación es eso y lo que a mí me motiva y lo que amo de mi profesión es tratar de encontrar la verdad de ese ser. Qué pasa, ¿quién es? ¿Por qué es así? Soy muy analítica en algún lugar y me gusta mucho encontrar esa verdad", se cuestiona Mercedes con gesto dulce y firme a la vez.

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"En este caso, mi personaje con sus deberes voluntariamente y felizmente ejercidos necesita decir: 'Esto quiero cambiarlo' y está bueno que un personaje que vive en el marco de lo ortodoxo, lo diga. Desde su pequeño lugar y simplemente mostrándolo. Lo que le pasa al personaje de Facha, de Fabián va de la mano con eso, con ver que todos somos humanos no importa en qué marco nos estemos manejando", comenta sobre su construcción en Shalom Taiwán, protagonizada por Fabián Rosenthal.

El perfil de composición de Mercedes Funes en las más de las veces exhibe un sello distintivo. Su rol en Argentina, tierra de amor y venganza, a la sombra de su hermano, Don Torcuato, interpretado por Benjamín Vicuña, lo confirma. "Armamos una hermana acomplejada, la hermana solterona y también resultó querible por el lado defectuoso del habla y también quería ser quién lleve la comedia. A mí Alicia me divierte mucho. Creo que en Alicia las verdades que yo encontré son de una orfandad y una soledad y un dolor y esa cosa de sobreponerse toda la vida con pequeños dolorcitos; con rechazos, con burlas. Es sobreponerse todos los días a la cosa que duele. Hay algo muy conmovedor detrás de ese payaso", dice respecto a un trabajo que la consagra y definitivamente la aleja de la beldad física.

"No es fácil afearse. Hay algo de la búsqueda personal de la belleza que siempre me atravesó y también de la búsqueda de imagen y de modelo de belleza. Gracias a Dios con los años entendí que la belleza de las personas está en otro lado", confiesa esta actriz haciendo referencia a la lección de vida que aprendió de su madre a causa de una enfermedad degenerativa que atacó su belleza crudamente.

"Aprendí abrazar la belleza desde otro lugar y a no temerle a la ausencia de belleza física. A mí me enseñaron tantas cosas que yo no necesito más que estar feliz conmigo y con la gente que me ama. Y además tengo la dicha de tener un marido que me dice todos los días que soy hermosa y si me entra un pantalón más o menos o me sale una cana, no influye", señala en alusión al periodista Cecilio Flematti, su pareja desde hace más de dos años.

"Lógico quiero veme bien, pero no contra la carrea porque es imposible", explica quién también se destacó en las puestas teatrales Le Prénom (El nombre) y en la reciente Perfectos desconocidos. "Quizás hay alguien como yo que dice: 'yo hago ese personaje'. Nunca haría una tapa en bikini en la playa haciendo las ondas del verano. Hay quien lo haga. Hay de todo para todos", deja en claro al tiempo que apunta sobre la tira diaria que produce Adrián Suar.

"Es una novela que incluso volvió a algo que hace mucho que no ocurría que es que la gente se siente al lado de la mesa a esperar que empiece la novela. Aunque hoy todo el mundo tiene formas para elegir cuando quiere ver las cosas, está bueno que esa poesía se mantenga un poco más. Es una puesta muy grande económica de Pol-Ka y me pone muy feliz porque es trabajo para todos".

"Sé que algún día voy a ser madre"

"Dios quiera llegue pronto la maternidad. Para mí la maternidad está ligada al amor y a mis ganas profundas de dar amor a un hijo. Estoy poniendo todo de mí para que suceda. También entendiendo que yo que soy una persona creyente, hay un universo que ya predispuso lo que va a ser para mí. Yo sé que algún día, no sé cuándo ni cómo. Yo sé que algún día voy a ser madre. Y eso ya está en algún lugar escrito. Y cuando suceda sé que lo voy a abrazar y decir a Dios: ‘caminaría miles de caminos para volver a este lugar’. Así que abrazo este momento’, sostiene con emoción y convicción Mercedes que, a los 40 años, busca su primer hijo junto a Cecilio Flematti, quién ya es papá fruto de otro matrimonio. ‘Cecilio quiere ser padre conmigo y quiere volver a ser padre, me hace muy feliz porque somos dos personas cumpliendo un deseo individual de cada uno y a su vez haciéndolo juntos".

Tita de Buenos Aires, bisagra en su carrera

La película sobre la vida de Tita Merello dirigida por Teresa Costantini, Yo soy así, Tita de Buenos Aires, marcó un antes y después en la carrera de la dúctil Mercedes Funes. "Fe una bisagra por lo que representa y por ser un protagonismo absoluto. Tampoco es muy común en el cine argentino tener un personaje que esté el 100 por ciento de las escenas. En lo personal sentí la necesidad de ser lo más fiel posible sin caer en una imitación. A mí me pasaba con Tita que estábamos haciendo una película sobre una persona que existió. Después uno puede decir si corresponde a una biografía cien por ciento fidedigna o no", asegura. ‘Eso ya corresponde a la mirada de la directora, quizá una mirada más personal de Teresa con respecto a su mirada de Tita. Pero, en definitiva, yo le puse el cuerpo a una persona que existió y que es de todos, es patrimonio de todos los argentinos. Le debo el respeto no solo a ella sino a la gente’, da cuenta Mercedes. "Pasaba que Tita era tan particular en su manera de decir, en su manera de expresarse que siempre las cosas que he visto sobre ella tienden a la maqueta y a la caricatura graciosa. Pero Tita no era una caricatura. Tenía una gestualidad y un decir único, pero de una mujer sumamente sensual, sumamente interesante, sumamente profunda. No era ningún payaso del cual reírse. Yo me propuse erradicar el monigote y poner una mujer que fue quién fue", señala jerarquizando la figura de la gran emblema del tango arrabalero que dio el arte nacional.

Nuevo film

En la película Shalom Taiwán interpretada por el actor Fabián Rosenthal que desde mañana asomará en la pantalla del cine, Mercedes, encara a un ama de casa que, de pronto, despierta a su realización profesional. ‘Esta mujer está siempre despierta pero quizá no encuentra la manera de manifestarlo. Es bueno colocarlo en el marco de la cultura a la que pertenece. Si bien alguien puede estar enfrascado dentro de una determinada forma que le da la cultura a la que profesa y que elige vivir, no implica que sienta cosas humanas como todo el mundo y que no quiera manejarlas’, razona del film escrito y dirigido por Walter Tejblum que muestra los pormenores de un rabino por conseguir dinero para su templo. "Me interioricé un poco más sobre las culturas ortodoxas para mi personaje. En la cultura ortodoxa no es que la mujer acompaña al hombre, sino que pone roles y cada rol tiene su cuestión a ejecutar y ambos son iguales de valiosos y de necesarios. El concepto es que los dos somos un equipo. Ella tiene unas tareas y yo otras. Las de ella son exactamente igual de respetables que las mías y su resultado es igual de valorable que el mío. Pero ante la mirada social general que eso escapa a la ortodoxa, se reconocen más los logros que se pueden mostrar de la puerta de casa para afuera que los logros que no se visibilizan, de la puerta de casa para dentro que son igual de costosos, igual de trabajosos, igual de necesarios".

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