El actor indica que el film basado en el libro de Claudia Piñeiro pone en evidencia las miserias humanas. Y analiza las diferencias entre la novela y la película de Nicolás Gil Lavedra que protagoniza con Furriel

La película comienza con la construcción de un edificio que produce en el departamento lindante una grieta física producto de la remoción de cimientos. El film La Grietas de Jara, sobre el libro homónimo de Claudia Piñeiro, esa grieta real crece en una trama de trhiller y tiene un gran cauce simbólico en el personaje de Joaquín Furriel (el arquitecto Pablo Simó), un hombre que a su vez cursa una crisis de los 40 años.

De la grieta real y física, que nada tiene que ver con la grieta política de nuestro país, a la grieta simbólica en cada uno de los personajes, sobre todo, el de Furriel en relación con Nelson Jara (Oscar Martínez), el damnificado que trabaja sobre las inseguridades de Simó.

Oscar Martínez compone un papel muy distinto al de los últimos films y su look (pelo largo con colita, desprolijo y sucio, el típico quinielero clandestino) es uno de los grandes aciertos de la película: “Soy villano de poca monta, pero efectivo. Tiene toda la pinta de cagón. Un psicópata clase C que mediante la extorsión busca dinero”. Jara no se conforma con la respuesta del estudio de arquitectura Borla de que se le iba a ser la reparación de su departamento. El exige dinero a cambio de evitar una denuncia que genere, de manera automática, la paralización de la obra.

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“Somos todos honestos hasta que te ponen en la mesa una pila de billetes. Ahí es donde se ve cuando la gente tiene poder o cuando tiene la posibilidad y renuncia. Hay muchos puristas que cuando le ponen la plata sobre la mesa, cambian. También hay ejemplos de todo lo contrario. Hay gente altruista, solidaria, que no especula, que es ética y que no está dispuesta a que la compren. Pero son los menos. Si a esta altura de la vida creyera que esa es la mayoría, entonces no estaríamos como estamos”, reflexiona Oscar Martínez con el nudo central del film.

El actor disiente que Las Grietas de Jara conlleva una fuerte crítica al funcionamiento propio del sistema capitalista, de aquellos que tienen el poder e incluso de los afectados que aprovechan una falla o error para alzarse con dinero. En el film el mayor temor del estudio de arquitectura Borla es que le paren la obra y eso implica una pérdida de dinero.

“En esta película, y creo que también en la vida, nadie es inocente, y lo único que mueve es el interés personal por obtener dinero. En este caso, aunque sea por una extorsión. Yo creo que está más allá del sistema capitalista, la vida te pone en situaciones de tomar decisiones de orden moral y ética. Mi planteo es por el lado humano. Incluso en los pocos países no capitalistas estas miserias se ven igual”, desafía el actor.

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Cuando se le pregunta si hoy en día estas miserias humanas las ve más seguido, Martínez tiene su postura: “Hoy me parece que hay más información, las redes sociales han producido una gran revolución. Te enterás de todo al instante, por ejemplo la denuncia masiva de acoso sexual en Hollywood. El acoso ocurre desde el cine mudo, lo que pasa que en esa época no se sabía tanto, se tapaba más. No es que no ocurría, estaba enmascarado, encapsulado, no se divulgaba. Hoy por hoy es muy difícil. Hoy cualquiera en la calle con un celular te hace una foto, te graba un video y también te puede inventar algo. Esto es lo que pasa. Y el ser humano es así, es capaz de las más grandes miserias. Y a mí me parece que es inherente al ser humano independientemente del sistema económico, político y social”.

Entre la novela y la película existe una clara diferencia en el tratamiento de la historia, Oscar Martínez se sincera que no leyó libro “pero sí lo escuché hablar a Joaquín (Furriel) que es verdad que en el libro tiene mucha más desarrollo la crisis existencial de su personaje de Pablo Simó y para mí es una buena decisión que el director (Nicolás Gil Lavedra) haya enfatizado el trhiller. La novela es un género que se ocupa de la interioridad y la subjetividad de los personajes y eso es intratable para un film. La novela es para ser leída, no vista. Por eso el film elige acentuar el camino de la acción y el suspenso”

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