A Laura Franco o Panam, según las circunstancias ("Luca la tiene clara, arriba del escenario soy Panam, pero en casa, mamá Laura", confía a Diario Popular) le encanta hablar de sus 14 años con los chicos. Asume que en la adversidad surgió su verdadera vocación y se enorgullece de abandonar su lugar de "elegida", por el trabajoso pero auténtico sentido de su vocación. Feliz con su hijo y la pequeña Sofía de 4 meses, conforma una familia ejemplar junto a Ricardo Pini. Chiara, la beba que perdió en 2013, sigue omnipresente.
-Siempre miro para atrás y me acuerdo cuando salí al escenario por primera vez. Desde el principio sentía la ilusión y la adrenalina que me generaba este mundo nuevo con el que ya había soñado mucho antes. Recuerdo ese momento en el que tenía tanta claridad y ahora siento que no me equivoqué, que elegí bien.
-En esa ocasión yo salía de un lugar cómodo, estaba en el auge de mi carrera. Pero si hay algo hermoso en la vida es elegir lo que querés ser. Muchas veces te eligen y uno se conforma con esto. Como sabemos, yo tuve la suerte de ser elegida. Me llevaron al programa de Raúl Portal, fui modelo, secretaria, coconductora y actriz. Sin embargo, luego de sufrir un gran dolor como fue la pérdida de mi papá, un motorcito surgió desde adentro de mi corazón y tuve la virtud de salir de la comodidad para elegir desarrollar mi verdadera vocación. Esa imagen la tengo muy presente.
l ¿Quisiste sostener los buenos momentos de la infancia?-Lo que siempre recuerdo es el amor y toda la entrega que viví desde todo mi entorno al momento de tomar una determinación. Entonces, pese a que tenía todo en contra, por lo que podrían pensar, por el qué dirán, me animé. Nadie daba dos pesos por mí, ¿ves? Ese fue uno de los títulos de mis primeros años.
l ¿Lo deseabas pero era difícil?-Tuve que nadar en mares de prejuicios, de descreimiento: por eso hoy, catorce años después de aquella elección, agradezco haberme tirado al agua. A veces el gran mérito de lo que buscás, transcurre en una etapa de no elección, cuando la vida no te da una mínima señal. Fue como cuando sucedió lo de Chiara, también, ahí la vida te pone verdaderamente a prueba. En realidad si tengo que elegir dos circunstancias de mi carrera como animadora infantil que me marcaron mucho: la pérdida de mi papá, que significó salir de mi comodidad y jugarme por mi vocación, y lo que sucedió después con Chiara.
l ¿Y de qué modo te transformó?-A partir de la pérdida de Chiara, aprendí a vencer el dolor y lo primero que tuve que aprender fue a levantarme del dolor, sin quedarme peleada con la vida o resentida. Me propuse no tener temor por volver a intentarlo, porque ése era mi deseo, quedar embarazada otra vez.
l ¿Igual no estuviste sola?-Me apoyó mi marido y recibí todo el amor de los chicos, que me llevó a sentir un agradecimiento impresionante frente a ese amor incondicional y el apoyo de la familia. Sentimiento que me llegaba desde todas partes y de diferentes formas, pensamientos positivos, rezos, mucha gente me mandaba estampitas. Realmente todo eso me ha hecho mucho bien.
l El dolor no se puede ocultar...-Siempre me mostré tal cual soy, igual estoy orgullosa al decir que fueron más los momentos lindos pero en aquellos en los que necesité amor y contención, también los he tenido y los he dado. Soy agradecida porque todo el amor que recibí fue mayor del que di.
l ¿Qué buscás desde las canciones?-Y la verdad es que a mí me gusta escribir intentando involucrarme en todo lo que pueda con la manera de sentir de los chicos. Yo no soy prejuiciosa, por eso escribí un tema sobre los prejuicios. Lucho por la igualdad, siempre acompañada por el sueño de Carlitos Tarrío (su coautor), pero más que nada trato de, en cada canción que escribo, dejar un mensaje y tratarlo desde mi humilde lugar. Sumar, demostrar que creo en lo que escribo. Tengo muchos valores marcados a partir de las enseñanzas de mi familia, pero también todo este mundo que he transitado me ha fortalecido la fe. Me entregué al público infantil contando toda mi vida.
l ¿Estás con muchos chicos argentinos en el día a día, cuáles son sus déficits y sus virtudes?-Los chicos son el futuro, la esperanza, viste eso de que el hombre propone y Dios dispone, yo lo cambié, una propone y los chicos disponen. No encuentro falencias por parte de los chicos. No hay una contra, a través de ellos he compartido los peores momentos. ¡Imaginate ahora con lo que estoy viviendo en familia, en esta etapa de Sofi! Sólo tengo ganas de disfrutar y agradecer.
l Tu trabajo te obliga a mostrarte de la mejor manera...-Hay que aprender a disfrutar de los buenos momentos, porque uno no sabe qué puede pasar. En mi caso, trato de concentrarme en vivir el día con intensidad. Que mi corazón pueda transmitir lo más sano y noble, para poder jugar con ellos y divertirme, entrar en las familias que me siguen. A mí tampoco me gusta quedarme sujeta a una sola manera de transmitir desde el arte. Por eso la gente se sorprende con algunos invitados "atípicos" que llamo al escenario a jugar. Lo hice con el abogado Mauricio D'Alessandro, con Rodrigo Lussich (Panam grabó para Infama El Botonazo), con Daniel Agostini o Sandra Mihanovich.
l Bueno, tenés la libertad que te da la confianza...-Sí, pero en realidad lo que yo elijo son chicos, corazones de niños. Eso es lo que se valora, nosotros pudimos ser adultos, pero lo bueno es conservar ese corazón de niño.
l ¿Pero en los espectáculos ellos deben ser tu prioridad?-En mi caso, siempre me dirigí a la familia, obvio que tengo un público capturado que es el que va "de la papilla hasta los ocho años", pero después son muchas las seguidoras que me llenan el corazón. Tengo fans de 20 y 24 que ya vienen con sus hijos. Imaginate, hay una generación que me sigue, me hace decir "guaaau, gracias Dios por todo lo que tengo".
l ¿Entre la demanda de la gente te tocó enfrentar situaciones complejas?-Intento dar todo lo mejor que pueda desde mi lugar. Al recibir cada acto de ternura, o frente a chicos que se acercan con una enfermedad, o que estén atravesando situaciones de vida o muerte. Eso me motiva a seguir luchando, me pasó cuando perdí a Chiara. Volví a apostar a la vida y tuve la bendición de volver a ser mamá.