El gerente de Programacion de El Trece dice que no existen recetas infalibles para captar audiencia tanto en television como en cine, donde acaba de estrenar una comedia con Julieta Diaz y Carla Peterson. “En este negocio uno mas uno no es dos”, dice.
Siempre que arranco el armado de una historia me pasa lo mismo: hay un momento de iluminación en el que uno dice ‘tengo la fórmula’, pero este negocio es tan divino, tan de palo enjabonado, que cuando creés que la tenés, no tenés nada”, confesó el director de Programación de El Trece. Adrián Suar, quien volvió al cine como una de las figuras centrales de Dos más Dos -se estrenó hace tres días-, una comedia dirigida por Diego Kaplan, en la que comparte cartel con Julieta Díaz, Carla Peterson y Juan Minujín, tuvo un año extraño con las ficciones de la emisora de Constitución.
“Este negocio tiene cosas... como cuando te dicen: ‘Bueno, ya sabés que cuando operás hay arterias que no hay que tocar porque matás al paciente’, y a veces no registrás eso, y el error que ya sabés que no tenés que cometer, lo volvés a cometer por otro lado”, asegura con algo de resignación.
“En este negocio uno más uno no es dos... Podés tener la mejor historia, pero claro, ‘no tenía el mejor elenco’, o ‘no había química’, o ‘estaba mal producida’... Hay tantas cosas. Creer que tenés la clave... no, yo puedo tener alguna fórmula propia, pero de ahí a que sea ‘la fórmula’ hay mucha distancia”, dice.
“¿Qué me gusta tener para armar un programa de televisión o una película..? Algunas cosas del arranque y el ritmo, todo eso lo sabemos todos, pero eso otro que se siente en el pecho, en el corazón, es otra cosa. Solamente el 20 por ciento de las películas son buenas, y todos tenemos las mismas fórmulas”, dice.
En Dos más Dos, su octavo film, Suar encarna a Diego, un cirujano cardiovascular, que comparte una exitosa clínica especializada con su colega Richard, está casado hace dieciséis años con Emilia, y tiene un hijo adolescente, que propio de esa edad, empieza a construir su independencia. Y como dicen que cuando los chicos crecen y entran en la adolescencia los padres comienzan a sufrir el hastío de su vida cotidiana, muy en especial la matrimonial, surge inesperadamente una propuesta de la esposa de Richard: sumarse al universo swinger, es decir el del intercambio de parejas.
A regañadientes, presionado por su esposa y sus amigos, Diego acepta el juego, y cuando todo parece una revolución, una nueva sorpresa parece echar por tierra los logros y la singular excitación inicial, revelando que nada era tan sencillo, momento en que la historia pega un giro decisivo.
Los papeles cinematográficos que Suar aceptó en los últimos cinco años tienen en común que le permiten demostrar su facilidad para pasar de una situación graciosa a una más emotiva, que aunque no termine en lágrimas permita al espectador reír, pero también reflexionar.
Suar acostumbra a estar de los dos lados del mostrador porque es actor pero además empresario, y de los de más alto vuelo, en el mundo del espectáculo argentino.
Su actividad principal tiene que ver con la pantalla chica, donde delante de cámaras y por Canal 9, debutó en 1981, y donde detrás de escena maneja los hilos de la programación de El Trece.
No son las únicas actividades que lo unen al gran mundo del show business: es propietario de la productora Pol-ka -una parte de la empresa es del canal- y, además, con frecuencia respalda espectáculos teatrales.
Con respecto al cine, donde hace cuatro años estrenó Un Novio para mi Mujer y hace dos Igualita a Mí, confiesa que le gustaría incursionar con más frecuencia: “Si me diera el tiempo me gustaría hacer más cine, filmar cosas que me den ganas, alegría, pero filmar por filmar, sólo por aparecer, no”, concluyó.