El cantante dice que al principio de la carrera todo es mas fácil, pero que "cuando llegas a una posición, subirte a un escenario implica una exigencia mucho mayor que antes". Afirma que le parece increíble poder generar a sus 80 años

Lleva más de sesenta y cinco años trajinando por distintos escenarios. Siente que deja la vida en lo que hace. No le molesta rendir examen cada vez que canta. No se siente de vuelta de nada. Sigue buscando nuevos desafíos. Con humildad admite que se sabe profeta en su tierra. En esta ocasión, Raúl Lavié -quien se encuentra protagonizando en el teatro Astral la comedia musical “El Violinista en el Tejado”- responde con sinceridad a cada uno de los interrogantes que se le plantearon en el siguiente reportaje.

l Para aquellos que no lo conocen, ¿cómo diría que es el ambiente de la música?

-Es interesante como cualquier ambiente creativo. Para mí, los que hacen música son seres maravillosos y muy talentosos. Yo estoy rodeado de jóvenes con un gran futuro.

l ¿Es un ambiente recomendable?

-Absolutamente. Mis hijos son músicos. Yo me siento muy orgulloso cuando me encuentro con grandes músicos que hablan maravilla de mis hijos. Yo defiendo al ambiente musical y también me siento músico.

l Usualmente, ¿cuáles son los obstáculos que debe enfrentar un músico se inicia en nuestro país para vivir de la profesión?

-Esta no es una carrera fácil. A veces, se lucha muchísimo y nunca aparecen las posibilidades de mostrarse. Existen un montón de variables que intervienen en esta cuestión, como las ganas de crecer de trabajo, de insistir para poder darse a conocer.

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l ¿Usted siente que se le va la vida en lo que hace?

-Sin duda. Yo vivo para trabajar pero, para ser sincero, lo mío no es un trabajo, sino una vocación, un hecho artístico. Por ejemplo para hacer “El violinista sobre el tejado” ensayábamos ocho horas diarias, poniéndole toda la onda. No nos quejábamos, al contrario, agradecíamos tener esa posibilidad. Yo llevo más de 65 años trajinando por los distintos escenarios. Si yo no tomara mi trabajo con seriedad que se merece, no sería lo que soy.

l A estas alturas, en sus interpretaciones, ¿prevalece la técnica o la emoción?

-Ambas cosas. Una lleva a la otra. No hay que descuidar ninguna. La técnica es esencial, pero la emoción es vital para lo que uno está haciendo. Las dos son importantísimas.

l Cuando sube a un escenario, ¿tiene una sensación similar a la que experimentaba cuando comenzó?

-Creo que es mejor, porque ya llevo muchos kilómetros recorridos. Lo que siente me maravilla. Al principio, todo resulta muy lindo y muy divertido, pero cuando llegás a una posición, subirte a un escenario implica una exigencia mucho mayor que antes.

l A pesar de ser un cantante consagrado, ¿siente una mayor responsabilidad?

-Absolutamente.

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l ¿Por qué?

-Porque tengo que demostrar las razones por las cuales estoy ahí.

l Dicen que para muestra alcanza un botón.

-No creo en eso. Es más, también debo exhibir los motivos por los que sigo vigente después de tantos años y por qué me sigue la gente.

l ¿Cómo se acomoda a una actividad en la que debe dar un examen en forma permanente?

-Muy bien. Ya estoy curtido

l ¿No le pesa?

-No. Por el contrario, es lo que me mantiene vivo y con todas las energías. Si mi tarea fuera algo rutinario, si sintiese que estoy hecho, sería muy negativo. Lo trascendente es enfrentar todos los días un nuevo desafío y encontrarte con gente diferente a la que tenés que convencer y eso es lo que disfruto.

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l Profesionalmente, ¿no se siente de vuelta de nada?

-No, mi viejo, yo sigo yendo.

l ¿Cuándo tomó conciencia que usted era Raúl Lavié?

-De a poco. Yo vine a Buenos Aires a los 18 años con un nombre y acá me pusieron Raúl Lavié. Haber debutado a esa edad en Radio El Mundo presentado por Antonio Carrizo y con la orquesta estable de la radio dirigido por Víctor Buchino como si fuese un nombre fabuloso en el mundo musical fue una sorpresa porque yo recién empezaba. A medida que fui creciendo profesionalmente fue todo un proceso. Es más, realmente no me doy cuenta hasta dónde llegué. Me parece increíble que a mi edad, ya tengo 80 años, yo pueda generar emoción y que la gente me lo agradezca. Todavía me cuesta elaborar ese tipo de cosas. Me da como un prurito.

l Por último, ¿es usted el Carlos Gardel contemporáneo?

-Eso lo decís vos. Corre por tu propia cuenta (risas).

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