El cantor Alberto Castillo nació un 7 de diciembre de 1914 y hoy cumpliría un siglo. Brilló ante los micrófonos y las cámaras, en el disco y en las numerosas presentaciones personales que realizó, y fue el responsable de embaucar a muchos acerca de que la ciudad de Buenos Aires tenía cien barrios.
Llamado Alberto Salvador De Lucca, tuvo la particularidad de ser un artista muy popular que pasó por la universidad y se recibió de médico ginecólogo, un antecedente que le da cierta singularidad por lo menos en su tiempo.
Simpático, entrador, con una voz que estiraba algunas sílabas para darle un cariz reo, fue también un actor natural en películas que fueron enormes éxitos de público, al tiempo que era descalificado por algunos puristas, sobre todo porque había hecho de su canto un género bailable.
Era un cantor 'raro', opuesto a los alambicados vocalistas de sus años, que tomaba el micrófono como si fuera su compañera de baile y le cantaba de costado, como los guapos, siguiendo el compás, mientras usaba la corbata corrida o directamente prescindiendo de ella para abrir el cuello de su camisa sobre las solapas del saco. Castillo reinó desde principios de la década de 1940 casi hasta 2002, el año de su muerte, aunque su actividad se fue frenando en sus últimas décadas por el simple avance de la edad, pero no casualmente fue el primer peronismo su etapa de mayor gloria.
Entonces fue cuando ocupó el trono de lo 'vulgar' que le endilgaban los 'pitucos', sobre todo cuando se asoció a la orquesta de Ricardo Tanturi para enfrentar músicas francas, sin elaboraciones exquisitas, a la manera de Juan D'Arienzo, sobre todo bailables y convocantes de la alegría. En 1941, reveló toda su calidad de intérprete popular, cuando cada una de sus presentaciones en teatros, cines, cabarets y clubes de barrio se transformaban en celebraciones jubilosas en las que el tumulto de su público solía cortar el tránsito por varias cuadras. Según Horacio Salas, con ese estereotipo que abreva en los dibujos de la revista Rico Tipo, "Castillo se burla de la burguesía y de las pautas de los sectores medios.
El proletariado y los marginales que llegan al poder junto con el ascenso del peronismo ya no necesitan imitar otra clase para disimular su origen"
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