Miles de personas, argentinos y también turistas, muchos con mate en mano y una banqueta, le dieron una inusual estampa a la Plaza Vaticano y parte de la Avenida 9 de Julio, en pleno centro porteño, al congregarse en la tarde de ayer para seguir el concierto gratuito de Daniel Barenboim y Martha Argerich -dos de las más prestigiosas figuras de nuestra música a escala mundial-, a modo de prólogo de la serie de conciertos que ofrecen en el Teatro Colón.
Un grupo de apenas 350 elegidos siguió desde muy cerca -desde un espacio cerrado- el concierto de los dos célebres pianistas luego de un sorteo realizado entre más de 17 mil inscriptos en las redes sociales. Las sillas naturalmente no cubrieron la expectativa y toda la zona aledaña al Colón quedó cubierta por el público; en algunos casos, ajeno a la tradición lírica.
El concierto gratuito fue el producto de un compromiso que asumió Barenboim con el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, que no fue menor si se observa el exigente cronograma de actividades oficiales que el Festival tiene previsto en forma oficial en la sala del coliseo.
El director orquestal argentino-israelí ya había ofrecido un concierto público, tres años atrás, ante ocho mil espectadores en el Puente Alsina- en el límite entre Pompeya y Lanús-, donde dirigió una orquesta integrada por jóvenes árabes y judíos de países del Medio Oriente, con un programa de música de divulgación.
Argerich también tocó gratis hace dos años en el Centro Cultural Kirchner y a poco de su inauguración, luego de ser sometida al escarnio público por la difusión de información -falsa- sobre el cachet del espectáculo.
“La música clásica no puede ser sólo de la elite. Claro que exige una posición activa de la escucha, pero eso es otra cosa”, afirmó Barenboim.
Los dos pianistas salieron indemnes este mediodía de los riesgos propios de un concierto gratuito, que más de una vez devienen -en la selección del repertorio- en un prejuicio despreciativo hacia el público.
Nada de eso: la maravillosa Sonata para dos pianos en Re mayor de Wolfgang Mozart y la obertura de “El holandés errante”, en la transcripción de Claude Debussy de la ópera de Richard Wagner -la misma que se tocó anoche con entrada paga-.