“Les pido perdón porque no me gusta mentir, pero hemos mentido. Dijimos que veníamos a hacer un acústico y estamos todos enchufados, dijimos que veníamos a hacer un café concert con mesitas y están todos parados y agitando y dijimos que veníamos con un quinteto y somos ocho”. Con esa frase en broma Tabaré Cardozo le habló al público que colmó Niceto para ver una nueva y soberbia presentación de, tal vez, uno de los mejores exponentes de los “nuevos” dueños de la vieja poesía murguera y arrabalera del Uruguay. Tabaré se anunciaba en un concierto acústico al que no pudo respetar y simplemente porque lleva el ritmo, la murga y el rock en la sangre.
El uruguayo volvió a demostrar que está en un nivel superlativo tanto a nivel musical como en su vínculo con la gente y si bien anoche la garganta le jugó una mala pasada, salió adelante con el oficio y el corazón de tantos años de tablado. Guitarra eléctrica, acordeón, criolla enchufada, bajo, batería y tres coros, entre los que estaban los dos hermanos de Tabaré, Yamandú y Martín, fue la banda que presentó el uruguayo que funcionó aceitada y sólida en todo el concierto. Es más, en el momento en el que la voz de Tabaré, sacudida por el clima y el trajín, flaqueó, apareció el coro para “salvarlo” y demostrar que las voces uruguayas no tienen contra en este lado del mundo. Lo que el tiempo me enseñó, Niño payaso, El gorrión, El murguero oriental, fueron algunos de los temas históricos en los que el público se hizo sentir. El momento más emotivo fue cuando cantó Soy, con una brillante introducción de Yamandú, el tema que grabaron para “Teatro por la identidad” y que Abuelas tomó para ellas. Casi dos horas de un show donde cantó todo lo que quiso, tuvo invitados de lujo, como la armonicista Sandra Vázquez, y mostró que en la intensa búsqueda por lograr encontrar su lugar más allá de Agarrate Catalina está por el camino correcto.
Tabaré se hizo conocido de este lado del río por ser el director de la murga que reconvirtió el carnaval y esa es una marca que le costará quitarse para también poder caminar como el mayor de los Cardozo. Pero si hay algo que hace bien es no renegar de eso y potenciarlo. Anoche logró el clima murguero, pero también le metió rock y blues, dejando en claro que todos los géneros le sientan bien. El ida y vuelta con el público también hizo que por momentos se viva el clima que se genera con la murga y si bien no hubo “retirada” fue una fiesta al mejor estilo carnavalero.
No fue una noche más la de Niceto. Fue la noche donde valió la pena la “mentira” de Tabaré. Un “Botija” que ya dejó de ser “maula” (NdeR: en Uruguay maula es cobarde) y cada vez tiene más en claro por donde llevar su carrera que está lejos del techo.
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