El Millonario, que empató de local con Vélez, no se termina de acoplar para golear, gustar y gan
La casa no está en orden por el barrio de Núñez. River no se termina de ensamblar para ser esa máquina que todo el hincha riverplatense quiere volver a ver. Golear, gustar y ganar son tres palabras que hace rato no se utilizan para describir a este Millo que hoy lo dirige el DT con el paladar más negro en comparación a todos los que pasaron por el banco Millo, Ramón Díaz. Ramón tuvo un amor frustrado de verano por el cual pidió día y noche: un enganche (Jonathan Fabbro) que jamás llegó. Está bien, el hincha pudo bancarse esa negativa por la simple aura ganadora del Riojano en el banco de suplentes, incluso llegó a mirar con buenos ojos la defensa de tres hombres pese a los sustos y taquicardias que podía llegar a ocasionar pero, mientras el Final sigue marcando los minutos, los rivales de peso hacen pasar vergüenza a La Banda poniendo al desnudo sus falencias defensivas y ofensivas. No hay juego. Falta ese pase entre líneas que despache la pelota limpia a los delanteros y, lo más importante, está brillando por su ausencia el gol y peligro en ofensiva.

Se le ganó a Colón en el Monumental, pero cuando viajamos a Rosario el conjunto Millonario tuvo en frente a un verdadero candidato que tiene juego y un delantero letal en los últimos metros (Scocco). Con un parate por Eliminatorias en el medio, la revancha estuvo en la mentalidad del elenco de Núñez durante semanas aunque al momento de recibir a Vélez ni River ni el Fortín se faltaron  el respeto para quebrar la amarga igualdad. Ramón terminó usando a Rodrigo Mora como mediocampistas por derecha. Sí, como mediocampista para contener un poco las proyecciones del Papa Fortinero. Trezeguet terminó jugando sus últimos minutos en cancha como única punta y, si poca acción tuvo haciendo dupla con el uruguayo Mora, menos que menos la tocó en soledad arriba.

La situación más clara ante los de Gareca la tuvo Sánchez, ese mismo que está a años luz de lo que fue en la B Nacional y quien sobre el final del Torneo Inicial dejaba afónicos a los hinchas mediante golazos desde afuera del área.

Se renunció al esquema con enganche ante ausencia del mismo y ahora se está renunciando al gol. De todas formas el Millonario no puede andar llorando delanteros porque los tiene, de todos los gustos. Que el mejor jugador de River siempre sea Barovero o Vangioni no habla bien de la defensa ni de los artilleros. Lamentablemente la mala racha continúa en defensa pues esta semana habrá que prenderle una vela a Mercado para que su lesión sea simplemente un susto pasajero. Flojo arriba y abajo, Ramón necesita encontrar urgentemente una fórmula ganadora porque, este River, no está para "campeonar" ya que de medirse con rivales de fuste los resultados le dan la espalda y el arco tampoco se abre.

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