El 5 de septiembre de 2011, Antonio Mohamed anunciaba su renuncia como director técnico de Independiente.
La noche anterior, la barra brava comandada por Bebote Alvarez, había insultado al plantel con una apretada que incluyó la ejecución de la marcha fúnebre al paso del entrenador, campeón de la Sudamericana del año anterior, y que unos años antes había sufrido la muerte de uno de sus hijos.
“Así no se puede trabajar -contó el entrenador que, en su despedida, responsabilizó a las autoridades del club por entonces presidido por Julio Comparada- la decisión la tomó la barra que, evidentemente, maneja al club. Ahora no hay problemas deportivos pero si esto no se corrige, van a llegar... los futbolistas no pueden jugar así, insultados, amenazados, sin saber si les van a romper los autos”. Menos de dos años después, Independiente descendió.
El estadio se dividió entre los hinchas de verdad y los barras que los agredían, al punto que en un partido contra San Martín de San Juan, tras la salida de Mohamed, ni se gritó el gol del triunfo en medio del clima de intolerancia reinante.
No sólo el club no corrigió ese problema con los violentos sino que el sucesor de Comparada, Javier Cantero, sufrió tormentos de todo tipo.
Presentó denuncias ante el fiscal Prieto del Polo Judicial de Avellaneda detallando el dinero que se le entrega a la barra durante la gestión anterior, pero no fueron escuchadas.
Luego se hicieron famosas las peleas televisadas entre Cantero y Bebote disfrazado de Frankenstein, con un casco o encapuchado y la posterior asamblea en la que volaron las sillas.
Al mismo tiempo, el plantel recibía visitas intimidatorias en los entrenamientos y hasta en los hoteles que se alojaba para los partidos en el interior. No había manera que el Rojo terminara perdiendo la categoría.
Ahora, con el equipo buscando volver a los primeros planos deportivos, los mismos personajes nefastos hicieron su jugada de terror. Por eso mañana, cuando el equipo salga a jugar ante Patronato, es muy probable que sus hinchas genuinos hagan conocer su veredicto.
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