Y en busca de encontrar explicaciones, las culpas son repartidas, entre un técnico que no logró darle un estilo de juego al equipo, futbolistas que mostraron un nivel bajísimo y una interna del plantel que sigue perjudicando el rendimiento colectivo.
Panorama complicadísimo, sobre todo teniendo en cuenta lo que asoma por delante, en un segundo semestre con la obligación de pelear bien arriba para intentar ganar el torneo Inicial, que es la única manera de meterse otra vez en la Copa Libertadores.
En pocas palabras, Boca necesita reinventarse como equipo, con el agravante que sólo tendrá una semana de vacaciones y arrancará la pretemporada el 2 de julio apenas con la certeza de tener sentado en el banco de suplentes a Carlos Bianchi como entrenador y a su máximo estandarte futbolístico, Juan Román Riquelme, entre los once.
Las demás son todas incógnitas, tanto de los jugadores que permanecerán en el plantel como de los que llegarán como refuerzos. Por el momento, parecen ser más los que se bajan del proyecto que los que se suman.
Porque a las salidas casi seguras de Franco Sosa, Emiliano Albín, Lautaro Acosta y Christian Cellay; se agregan las más que probables de Santiago Silva, Lucas Viatri y Guillermo Burdisso, que no son considerados por el entrenador; la de Walter Erviti, quien anunció que quiere cambiar de aire; y las que penden de un hilo, como en los casos de Clemente Rodríguez y Leandro Somoza, que están más para irse que para renovar el contrato que se les vence.
Y si a eso le sumamos las ofertas tentadoras de clubes del exterior por Agustín Orión, Juan Manuel Sánchez Miño y Cristian Erbes, todo pinta más oscuro aún.
De refuerzos, por ahora lo que asoma con más fuerza es la llegada de Daniel "Cata" Díaz, a quien le harían un contrato de tres años para que se convierta en el nuevo líder de una defensa que preocupa.
Después, está la chance de que se sume Matías Rodríguez, un lateral que se formó en Boca pero que triunfó en Chile y viene de jugar en Sampdoria de Italia. Y como pedido especial del Virrey, la intención de hacer un esfuerzo económico para que llegue el goleador Emmanuel Gigliotti, que hoy está más cerca de irse a México.
La gran pregunta es, entonces, entre tantas salidas, tan pocas certezas de los que quedan y un panorama austero de refuerzos: ¿Qué futuro tiene el nuevo Boca? Y la primera respuesta es simple y rápida: complicado.
Al menos valen las palabras de Bianchi en Catamarca, por primera vez autocrítico y realista con su trabajo de estos primeros seis meses, para afirmarse en un mejor horizonte.
"No cumplimos bien los deberes y a partir de julio tendremos que tratar de encontrar las soluciones que Boca Juniors se merece. Tengo que conseguir darle un estilo, esa impronta que debe darle un técnico a un equipo para intentar lograr lo que se pretende, que es pelear arriba. Tenemos que encontrarle la vuelta, porque fuimos muy irregulares y obtuvimos resultados para nada satisfactorios. Me siento responsable de eso", afirmó el Virrey con crudeza, aunque renunciando a calificar como un "fracaso" esta primera parte del año.
Sin embargo, el propio Bianchi sabe que en la medida que no se meta en la pelea grande en el torneo Inicial, ese calificativo será inevitable. Por lo pronto, hay algo claro, que ya no debe dejarse en un segundo plano.
Sostenido en Riquelme como su jugador emblema, el Virrey deberá rodearlo de otros que lo entiendan, no sólo en la cancha sino afuera de la misma, para que el equipo sea un bloque a la hora de jugar pero también en la de conformar un grupo homogéneo. Un punto clave para que Boca pueda recuperar su perfil ganador.
comentar