Chile estrelló a su generación dorada. Juan Antonio Pizzi pagó los platos rotos y tampoco pudo manejar a un grupo de futbolistas talentosos pero descontrolados. Los éxitos en las Copas Américas no se cristalizaron en las Eliminatorias

En Chile los éxitos pasaron como diapositivas fugaces. Ganaron dos Copas América en dos años y llegaron a la final de la Copa Confederaciones hace pocos meses. Jorge Sampaoli asustó a Brasil en su Mundial. Tuvieron a Marcelo Bielsa que, como dicen los chilenos, "les enseñó a creer". Hace diez años disfrutaron a una generación brillante que llegó a la semifinal del Mundial sub 20 de Canadá. De esa camada surgieron Alexis Sánchez, Arturo Vidal y Gary Medel, tres apellidos ilustres en la historia del seleccionado.

Una pesadilla en San Pablo lo derrumbó todo hace dos días.

LEA MÁS:

Mirar el pasado de la selección chilena no funciona como un argumento válido para explicar el presente. La ausencia en Rusia tiene otras razones. Algunos periodistas culpan a Juan Antonio Pizzi. Dicen que el argentino no tuvo el control del plantel. Lo acusan de no haber tenido mano dura. Lo acusan de no haber castigado a Vidal cuando se fue de la concentración para jugar en un casino. Lo acusan de no haber sancionado a Mauricio Isla cuando lo detuvieron manejando borracho. Lo acusan de no haber separado a Alexis Sánchez cuando agarró el celular en el entretiempo del partido contra Paraguay que culminó en una derrota por 3-0 que, al final, salió muy cara. Lo acusan a él, extranjero al mando de la ilusión de todo un país, por errores cometidos por los propios futbolistas. Por no encarrilar un grupo habituado a desbarrancar.

Pizzi perdió la autoridad en Estados Unidos. En la fase de grupos de la Copa América Centenario, el plantel lo encaró en una reunión. Se quejaron porque no estaban convencidos con el estilo de juego que planteaba el entrenador. Querían -y pedían- cambios. La revelación trajo resultados positivos. Primero despegaron con la apabullante victoria contra México, y el camino terminó con la definición por penales ante Lionel Messi. Ese título le dio crédito a Pizzi ante la rabiosa opinión pública. Pero se lo quitó en el vestuario. El saldo fue desfavorable.

Juan Pizzi

A partir de su renuncia, la gestión del ex técnico de San Lorenzo quedó enterrada. Su lápida no le reconocerá la Copa América. Ahora los directivos miran hacia el futuro. El horizonte es negro. Vidal tiene 30 años y Sánchez los pisa. Llegarían a Qatar con 35 y 33, respectivamente. La ANFP no puede proyectar sobre las carreras de dos futbolistas dorados que ensayan sus últimos actos. Para encabezar la renovación, los dirigentes sueñan con Manuel Pellegrini. El Ingeniero es un anhelo y una cuenta pendiente. Trabaja en el fútbol chino, donde fue a planificar su jubilación en una competencia sin competencia, en un torneo con más dinero que desafíos. Para repatriarlo hay que desembolsar una millonada acorde a su contrato desorbitante.

Pellegrini está grande: cumplió 64 años y en Qatar tendría 68. Otros medios hablan de Eduardo Berizzo, entrenador del Sevilla, campeón en el campeonato chileno y mano derecha de Bielsa durante el proceso que cambió la historia. También aparece Marcelo Gallardo. Lo ven como un candidato potable por su gestión revolucionaria en River. Gallardo podría hacer la transformación que necesita el fútbol chileno.

Arturo Salah, presidente de la ANFP, no quiere "tomar decisiones en caliente". La esposa del arquero Claudio Bravo cargó contra "jugadores que entrenaban borrachos", y Vidal confirmó su continuidad después de amenazar con una renuncia. El vestuario chileno es un infierno. Los futbolistas son bestias con vidas desordenadas. Ese desorden se notó en el campo de juego. Chile es un equipo incontrolable compuesto por un vestuario descontrolado. Lo que necesitan es un diablo capaz de gobernarlo.