La cumbre entre Daniel Angelici y Claudio Tapia dejó varias conjeturas. Allí aparece la Superliga como moneda de cambio.
A veces las alianzas se dan por oposición a un tercero, más que por afinidad propia. La cumbre Daniel Angelici - Claudio Tapia, repartida entre la confitería de un parador balneario y potenciada en un hotel marplatense con otros dos invitados de peso, dejan más conjeturas que certezas.

No hay dudas que están negociando, pero no únicamente el sillón de Don Julio. El presidente de Boca desprecia al Ascenso y pretende que la categoría en la que compite el club que administra Tapia -Barracas Central, de la Primera B-, sea amateur. Sin embargo, Angelici dejó de combatir al Ascenso: se alió porque prefiere tener a su favor el poder de voto que no tiene su propio sector político.

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"Si se aprueba garantizando equidad y con la AFA como pieza fundamental y además teniendo un presidente que defienda esas cuestiones, es un negociación posible", atinó un dirigente del Ascenso Unido y quien asumió la idea de un acuerdo que lleve a su líder a la presidencia sin contienda, a cambio de esa estructura.

Entonces emerge una vez más la Superliga como moneda de cambio. Los clubes grandes quieren ese control, Angelici fue el principal promotor y encuentra en este escenario caótico la llave para lograrlo: consensuar a Tapia como candidato y que ninguno de sus filas muerda el polvo en una elección, pero a cambio le destraban la cuestión de la Liga Profesional. En ese escenario, todos pierden algo, pero conservan lo que esencialmente defienden. A excepción de quien no apareció en las últimas fotos: Marcelo Tinelli. El empresario se queda fuera de la AFA y en la Superliga moldeada por Angelici.

Nadie en el entorno del vice de San Lorenzo vislumbra un acuerdo del cual él no forme parte. Incluso desde ese sector advierten que el binomio Angelici-Tapia no se prolongará más allá del momento en que la Super Liga quede fuera de toda amenaza. El quiere ser el candidato de consenso, no otro. Y en todo caso, el desea negociar y, en el peor de los casos, moldear su Superliga.

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