Cuando las cosas peor estaban, el Muñeco tuvo el partido que esperaba para tapar todos los rumores y el mal clima. Le volvió a ganar un mano a mano a Boca y esta vez el cruce tuvo la frutilla de una Copa. De este modo, sumó su octavo título en River y mantiene la marca de dar una vuelta por semestre

Con lo mal barajado que venía el semestre, hubiera sido casi una catástrofe si River perdía la final contra Boca. Pero el Muñeco tenía el as en la manga para que el equipo vuelva a los caminos de la gloria: logró que sus hombres muestren la mística copera y, en el partido más importante del semestre, el único que definía algo, levantó una nueva Copa.

Si el crédito del Muñeco ya era enorme, con este título -nada menos que en un clásico-, mandó a la quiebra directa algunas dudas, los rumores y las malos presagios.

Gallardo andaba preocupado, pero lo que siempre supo es que sólo necesitaba un partido. La chance estaba en Mendoza, frente a Boca, en una final. A mayor riesgo, mayor recompensa, y la fiesta fue el mejor modo para que el equipo vuelva a empezar.

Se viene en este semestre la definición del grupo de la Copa Libertadores y el milagro de empezar a ganar en la Superliga para lograr meterse en los lugares de las copas. El punto de partida es el mejor, una nueva vuelta consagratoria.

Las decisiones del DT para este partido fueron acertadas. La dupla Maidana y Pinola se la bancó, el cuidado para que Pity llegara bien, la elección de Mora y Pratto y el ingreso de Scocco para definir, así como el respaldo para Nacho Fernández, que había perdido la titularidad y volvió con todo.

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Las claves del partido, incluyendo a Armani, son todas cartas de Gallardo que eligió y le salió muy bien desde el resultado y con algunos pasajes de gran juego. Pero, por sobre todo, hay un dato que tiene que ver con la cuestión anímica y ese respaldo del equipo al proyecto se notó en un nivel de ganas que hasta este partido andaba faltando.

La noticia esta vez alimenta la historia y no la tapa. Por el contrario, la alimenta y la engorda. Gallardo volvió a ganar una copa y así como se hizo responsable del mal momento del equipo, también es el padre directo de una nueva consagración.

Lo que vendrá marcará la tendencia del 2018, pero a la vista está que con este título frente a Boca vuelven la paz, la tranquilidad y el buen clima por un largo rato. Gallardo lo hizo de nuevo.

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