Se escuchó en las tribunas. Y también en el vestuario ganador: “Un minuto de silencio, para Boca que está muerto” celebraron los hinchas, en paralelo con los propios protagonistas, porque River se despertó a tiempo, dejó atrás los altibajos que había desnudado en la Superliga, y se puso nuevamente de pie, de la mano de Gallardo, nada más ni nada menos que contra su histórico rival, al que parece tener alquilado estos últimos años de la mano del Muñeco, por tres duelos directos que quedaron para el Millonario.
“El que no salta, abandonó”, fue el himno, de los simpatizantes de River, durante la coronación, con los propios hinchas de Boca que se quedaron en el terreno de juego para recibir, primero, sus medallas, y después, para asistir a la entrega del cheque de casi cinco millones de pesos, y de la Supercopa Argentina, en manos de Leonardo Ponzio, para el Millonario.
Y no faltó el clásico “que nacieron hijos nuestros, hijos nuestros morirán”, en relación a la sucesión de festejos de los dirigidos por Gallardo, en los duelos directos, nacionales o internacionales. Porque primero fue la Copa Sudamericana de 2014, que terminó en las vitrinas de Núñez; después, el polémico choque en los octavos de final de la Copa Libertadores de 2015, con la suspensión del partido en la Bombonera por el gas pimienta, en una competencia en la que el Millonario también terminó dando la vuelta olímpica.
Y ahora, ya en el ámbito doméstico, otra vez con Boca y otro título. Porque River resurgió de sus cenizas, supo cambiar a tiempo y dejó atrás los problemas futbolísticas que arrastraba en lo que va del año. Se concentró en vivir el encuentro como lo que era una final. O una Superfinal. Y mostró la personalidad suficiente como para volver a sonreír, ante su clásico rival.
“Somos campeones otra vez”, gritaban los hinchas, que ya deben estar pensando en la estatua para Marcelo Gallardo, que sumó su octavo título como entrenador. Esta vez, Franco Armani se vistió de héroe, con una actuación consagratorio, a partir de cinco intervenciones de oro, y Pity Martínez fue la pieza desequilibrante, para marcar el primero y asistir a Nacho Scocco en el segundo. Para un River que tuvo una noche soñada y un festejo interminable.
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