Una atmósfera diferente; de seis jugados seis ganados, a sólo un punto de seis y tres goles en contra en dos partidos, con los daños colaterales mencionados. Circunstancia que encamina al plantel rumbo a un nuevo examen de personalidad para saber cómo asume el tropiezo y de qué manera encara el camino que queda por delante.
Y también le corresponderá a Pellegrino reorganizar sus objetivos; en su análisis privado sabrá si hizo bien en preservar a los titulares para el juego en San Juan, en la competencia que más crédito había acumulado.
Es decir, los triunfos en serie habían fortalecido las chances del Rojo en el torneo y, en los papeles, parecía recomendable proteger ese caudal que empezaba a acumular. Si había que hacer descansar a los futbolistas titulares, tal vez hubiera sido menos arriesgado hacerlo en la Copa Argentina, máxime teniendo en cuenta la floja actuación colectiva que había ofrecido en el partido ante Defensa y Justicia. Pero claro, ese balance corresponde a la intimidad del entrenador que, además, ya no puede volver sobre sus pasos.
Pero como decíamos al principio, hora empieza otro capítulo. El miércoles, en Sarandí, será el debut en la Sudamericana que,
por fixture y prestigio, parece acomodado en un lugar de privilegio en el podio de los objetivos de Independiente. Por estas horas, Pellegrino deberá resolver cuál será el equipo (los apellidos) más apto para encarar esta nueva experiencia, mirando de reojo los próximos compromisos del torneo local (Estudiantes de local, Huracán de visitante y nada menos que Racing, en casa) sabiendo que entre los de arriba, salvo
Belgrano, todos se sacarán puntos entre sí.
Un dato extra: en estos momentos, Independiente es el último de los cuatro clasificados a la
Liguilla Pre-Libertadores (si finalizará así el torneo, debería enfrentar a Racing en condición de visitante el único partido de semifinales); para cambiar esta ventaja deportiva debería superar en la tabla a Rosario Central que ahora le lleva tres puntos.
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