Debía ganar de local. Debía el triunfo en el clásico. Debía un partido casi perfecto. Debía la reconciliación definitiva con su gente, ésa que desde hace muchos tiempos espera una alegría en medio de tantos cachetazos.
“Porque los jugadores/ me van a demostrar/ que salen a ganar/ quieren salir campeón/ que lo llevan adentro/ como lo llevo yo”. Con esa canción, un Libertadores de América exultante, celebró el fantástico triunfo, cara a cara con el plantel y el cuerpo técnico. Esa comunión que se empezó a recuperar en el inicio de este nuevo ciclo, necesitaba un broche de oro que llegó en la tarde más deseada.
Independiente le ganó a Racing con autoridad, con oficio, con determinación y con un corazón gigante. Ese juramento que nació dentro del plantel, usando las siglas del club para resaltar el Compromiso, la Actitud y la Intensidad para encarar la tarea de defender la camiseta de Independiente, fue respetado íntegramente durante los noventa minutos y pico del clásico.
Lo pensó con sagacidad en el primer tiempo, cuando se vio a dos equipos resueltos a imponer presencia en el medio y, desde la presión y la movilidad, adueñarse del control emocional del juego. Independiente asumió la iniciativa, pero Racing no se dejó domar con facilidad. De hecho, fue el equipo visitante el que tuvo la más clara de esa parte inicial, cuando Campaña le tapó un mano a mano a Bou. El Rojo, que hacía todo con mucho vértigo desde los arranques de Benítez y Barco, las corridas de Rigoni y una trabajo de inteligencia ofensiva muy claro y generoso de Rigoni, más las trepadas de un Bustos furioso, no encontraba la profundidad necesaria para lastimar.
Tuvo que esperar al arranque del complemento para pegar el tiro de gracia. El equipo apretó el acelerador y empezó a encontrar fisuras en la defensa de Racing que apeló recurrentemente a los golpes. Abal no dio un penal contra Barco pero sí un tiro libre, también a Barco, en la jugada siguiente. Rigoni, con un zurdazo esquinado, marcó el golazo que desarmó la resistencia académica y empezó a definir el clásico. Quedaba media hora para que el Rojo multiplicara la intensidad, defendiera la ventaja con hombría y sellara la fiesta con un golazo a pura gambeta y definición a tres dedos contra el segundo palo. Está todo pago, Independiente.
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