Pasaron más de tres años y nunca se relajó: cada temporada, cada torneo y cada partido es una nueva oportunidad para empujar al equipo hacia la Historia. Hoy afronta tres torneos en simultáneo, porque siempre se juega por algo

Pasaron más de tres años desde aquel julio de 2014, cuando a Marcelo Gallardo lo presentaron como DT de River. Ese día dijo que había que “ir por más”, en medio de la euforia de un plantel que venía de salir campeón luego de mucho tiempo de sufrimiento. Aquel entendible y probable relax no llegó y lo que asomó fue una furia ganadora que no se detiene y que se retroalimenta con cada triunfo. El equipo de Gallardo es un adicto a las victorias y a las peleas en todos los frentes que se le presentan.

Otra vez, como viene sucediendo en la era del Muñeco, el equipo compite a pura adrenalina en tres competencias: marcha segundo en la Superliga, donde no conoce la derrota y un par de empates en medio de los cruces históricos con Wilstermann lo hicieron perder un poquito de terreno; está metido en las semifinales de la Copa Libertadores, para jugar con Lanús el 24 y 31 de este mes; y afronta con entusiasmo un panorama muy favorable en la Copa Argentina, donde no quedan grandes en pie y espera en cuartos de final a Atlanta.

Javier Pinola dijo días atrás algo que pinta de buen modo esa furia ganadora: “Decimos que queremos pelear todo y eso parece una frase de compromiso, pero nosotros sabemos que no es así. Lo demostramos en cada partido que jugamos, este plantel lo tiene muy metido y los que llegamos nos contagiamos enseguida; no nos relajamos nunca”.

El zaguero, que se sumó este semestre al club, lo vive ahora en carne propia, incluso en la competencia por el puesto. “Acá ye descuidás y terminás en el banco”, suele decirles a sus amigos.

river plate formacion defensa y justicia

Esa misma furia por competir y estar siempre al palo, en especial en los mano a mano definitorios, donde el equipo demostró que sabe jugar como nadie, se repite al interior del plantel. De hecho, tener dos jugadores por puesto, que armen una disputa durante la semana para quedarse con el lugar, es parte del mismo sistema.

“Acá no te aburrís nunca, toda la semana tenés algo en juego que es importante. Eso te hace vivir a full todo y lo venimos viviendo desde hace rato. Ser protagonista no es sólo una declaración de principios, es una realidad”, le dijo Gallardo a DIARIO POPULAR en una charla informal.

Competir es la palabra clave, y la Copa Argentina es un ejemplo gráfico: ya no tiene el valor del año pasado, cuando ganarla le dio el pase a esta Copa Libertadores, y sin embargo en su edición 2017 causa la misma adrenalina. ¿Por qué? Gallardo la usa para que los jugadores experimenten la intensidad de la competencia que te elimina o te clasifica. Un estado emocional que sirve porque se vienen las semifinales de la Libertadores y el sueño de volver al Mundial de Clubes está cada vez más cerca. Como yapa, si la gana, volverá a jugar la Supercopa Argentina, un trofeo que este equipo perdió dos veces. La tercera sería contra Boca, pavada de objetivo.

Alguien que conoce al DT hace muchos años define así esas obsesiones: “Mirá, desde que debutó en Primera, en los ‘90, Gallardo siempre estuvo arriba, siempre en lo más alto, siempre peleando títulos sin importar la liga, y no es casual que haya sido campeón con cada camiseta que vistió. Hasta se retiró campeón y debutó como DT también campeón. Es muy fuerte mantener ese nivel de exigencia sin parar durante más de 20 años. Es su ADN”.

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Cada año pasó muy rápido. Uno tapó al otro. Y merecen un repaso.

2014

Con un plantel corto, tuvo tres competencias. En el torneo local llegó con chances a la última jornada y sólo la necesidad de cuidar a algunos jugadores porque afrontaba la final de la Sudamericana le evitó la doble corona. Claro que levantar la copa internacional después de tantos años fue una locura que hizo olvidar que casi sale campeón del torneo local y qué pasó tres rondas en la Copa Argentina.

2015

El objetivo fue internacional y vaya si cumplió con una Recopa, con la Libertadores, con la Suruga y con el Mundial de Clubes. En el torneo local anduvo derecho y metido hasta la mitad del año, pero el cambio de formato y el recambio lo dejaron lejos de los de arriba y eso le hizo perder efectividad.

2016

Hubo Copa Libertadores con una eliminación tan injusta como impensada en octavos, pero la segunda parte del año tuvo el golpe de meter otra Recopa y tras los malos resultados en el torneo local, todo apuntó a la Copa Argentina y el objetivo de meterse en la Libertadores 2017, donde no tenía lugar. El objetivo se cumplió con aquel recordado 4 a 3 frente a Central.

2017

Tuvo una versión de Libertadores anual, con una fase inicial pasada de manera holgada, y un torneo local donde peleó casi las tres cuartas partes del torneo, pero Boca, que sólo jugaba un torneo, sacó diferencias. El Muñeco avisó que iban a pelear por el cupo de la Copa 2018 y lo obtuvo al ser nuevamente subcampeón. Ahora se viene quizá el fin del ciclo y la tónica no ha cambiado: el equipo sigue peleando en todos los frentes. El horizonte del Mundial de Clubes, terminar el torneo local bien parado para la segunda parte, la Copa Argentina y la Libertadores le meten combustible a esta carrera donde ganar, ganar y ganar es casi el único mandamiento.

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