Desde junio de 2014 cuando asumió, el Muñeco, ha tenido apuesta bravas que en su mayoría le dieron resultado apostando a jugadores que al principio generaron dudas y que luego acabaron con la platea aplaudiendo de pie. Conocé la historia y los nombres propios.

Casi como si la historia personal hubiera sido una señal, Gallardo, suele no dejarse llevar por los primeros fracasos y siempre da nuevas oportunidades. A él le pasó lo mismo cuando empezó su carrera de jugador y, por ejemplo, en la Selección le llovieron críticas por errar un penal en la cancha de Quilmes. Nunca bajó los brazos y le fue bastante bien. Algo parecido le sucedió en River como DT con algunos jugadores que pasaron del banquillo de los acusados de las dudas al estrellato y los premios. De la Cruz fue el último, pero la historia empezó con un peso pesado.

Leonardo Ponzio. El capitán de River se estaba por ir de River ante que asumiera Gallardo. No era tenido en cuenta por Ramón Díaz y su relación con los hinchas era rara. Le habían reconocido su vuelta en el descenso pero tras el ascenso, los silbidos y los murmullos no cesaban en lo poco que jugaba. Incluso en un partido en frebrero del 2014 ante GELP hizo un gol y desafió a toda la gente en el Monumental. Gallardo llegó y lo encontró como el náufrago como el mismo DT dijo. Lo que vino luego desde sus partidos ante Boca en la Sudamericana -en ese mismo año que lo habían silbado- fue todo gloria y hoy es uno de los máximos ídolos de la historia de la institución.

Gonzalo Pity Martínez. El segundo caso emblemático es el del Pity. Una de las apuestas más insistentes del Muñeco. Fue su primera compra fuerte de mercado a fines de 2014 y generó una polémica altísima por el gasto. Los primeros tiempos fueron durísimos e incluso le hizo un gol a Quilmes y pidió que no lo grite la gente. Sin embargo Gallardo nunca le dio importancia a lo que decían afuera y fue el que más jugó. Luego de más de un centenar de partidos, en un partido ante el DIM en Colombia por Copa Libertadores hubo una charla que al Pity lo destapó. Lo que vino luego fue brillante en especial por los goles a Boca coronando todo con esa corrida inolvidable en Madrid ante Boca.

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Milton Casco. El lateral tuvo que debutar ante Boca. Luego tuvo que reemplazar a Vangioni y después tuvo que bancar el fenómeno Saracchi que llegó, la rompió y lo vendieron. Por eso en cada oportunidad que tuvo las cosas no le salieron nada bien y el fastidio de la gente se hacía notar mucho. Hasta que luego de decenas de partidos sin brillo y llenos de murmullos, Casco empezó a jugar bien, en especial en los partidos definitorios de la Libertadores del año pasado. De golpe, con goles y mucho rendimiento alto, Casco volvió a ser el que alguna vez jugó en la selección y quien iba a suponer que ahora todos los extrañan por su lesión en la clavícula.

Lucas Pratto. Sus dudas tuvieron que ver con la millonada de dólares que pagó River el año pasado y para peor sus primero partidos no fueron buenos. El Oso no fue insultado gracias al paraguas protector de Gallardo, pero las dudas estaban en todos lados, claro que nadie se animaba a contradecir al DT. Pratto tenía un solo objetivo y lo hizo público, “ganar la Libertadores”. Pagó con bonus porque en las finales ante Boca la rompió, se puso el equipo al hombro e hizo los goles más impórtantes en las dos finales, los empates en los momentos justos cuando la cosa estaba mal barajada. Hoy la gente ya le reconoce a Pratto todo lo que antes no alcanzaban a ver.

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Bruno Zuculini, Nicolás De la Cruz, Rafa Borré y Juanfer Quintero. Todos pasan por una situación parecida a la de Pratto gracias a la protección de Gallardo. Pero en otro momento y en otras circunstancias, la paciencia y el murmullo, hubieran sido más drásticos. A todos ellos le costó el periodo de adaptación y los primeros y segundos pasos se parecieron a tropezones. Zucu tratando de hacer cosas que no podía, De la Cruz livianito, Borré enredado y sin goles, Juanfer jugando lejos del área y sin intensidad. Hoy cada uno de ellos tiene un lugar asegurado entre los titulares; Zucu le ganó su lugar a Ponzio, De la Cruz viene de partidos y goles de alta factura y pinta de sucesor del Pity, Rafa está bajo pero le ganó en su momento el lugar a Scocco y Juanfer ahora lesionados ya es ídolo con la 10 en la espalda.

Carlos Sánchez. Fue un caso que se resolvió rápido. Pero Gallardo sabía que sus tiempos en River no habían sido buenos cuando lo fue a buscar a México para que regrese. Con Ramón y con Almeyda, el uruguayo nunca se había afirmado y siempre terminaba jugando menos de los esperado, en especial cuando el equipo volvió a primera y él variaba entre ser lateral o volante, la gente mucho no lo bancaba cuando terminaba corriendo y chocando contra los carteles. Por eso el Pelado Díaz lo mandó afuera para que le libere un cupo y venga Carbonero. Gallardo lo repatrió, lo ordenó y fue clave en todo aquellos primeros años de éxito con goles claves y una continuidad impensada años antes.

Ramiro Funes Mori y Sebastian Driussi. fueron otras dos apuestas de Gallardo que si bien nunca pasaron por momentos de silbidos si generaban alguna duda. El Melli porque todos miraban a Balanta y èl era el hermano de Rogelio tan resistido en su momento y Driussi porque jugaba siempre sin afirmarse ni destaparse. Los dos tuvieron reposando y espera, los dos se fueron campeones y dejando en el club millones de dólares como buenas joyas de las inferiores del club.

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