Su aparición explosiva y su perfil de goleador que no perdona, perfilaron a Lautaro Martínez como un delantero que el ambiente del fútbol argentino ya consagró como un auténtico fenómeno sin haber jugado ni un minuto en la Selección mayor. Esta urgencia en ubicarlo por encima de Agüero e Higuaín, expresa también pulsiones y ligerezas que no contemplan los contextos. El delantero de Racing, vendido al Inter, sin embargo parece no confundirse.

En tiempos de grandes enamoramientos y grandes decepciones, la aparición explosiva de Lautaro Martínez viene a llenar el espacio que ocupan los jugadores que en cuestión de días despiertan fervorosas adhesiones.

A este ritmo, muy poco le falta al ambiente del fútbol del fútbol argentino en categorizar al delantero de Racing transferido hace algunas semanas al Inter de Milan, en un monstruo de dimensiones infrecuentes.

Son tantos los apuros y urgencias desatadas para entronizar a Martínez como un verdadero fenómeno, que parece que el único que pone los pies sobre la tierra fuera precisamente el juvenil de 20 años, quien con sus respuestas no denuncia estar capturado por los panegiristas de turno ni por los cantos de sirena siempre extendidos en estas circunstancias.

No solo se pide casi con desesperación que Martínez sea convocado a la Selección que dirige Jorge Sampaoli para jugar los amistosos ante Italia el 23 de marzo en Manchester y el 27 frente a España en Madrid, sino que además sea confirmado como el punta que acompañe a Messi en Rusia 2018. Todo esto sin que Martínez todavía haya jugado ni un partido con la camiseta de la Selección mayor.

Sin debutar ya se lo consagró como un auténtico elegido en una movida anticipatoria que tiene muy pocos precedentes. Parece una notable exageración. Y lo es.

No es la intención bajarle el precio futbolístico a Martínez. Ni no reconocerle su capacidad para ser letal en el área rival. Allí suele no perdonar. Hace años, Carlos Bianchi decía que él como delantero supo cual era “el curro” para hacer goles. El “curro” era, en definitiva, el instinto depredador que poseen los goleadores para estar en el momento preciso en el lugar indicado, reivindicando la especialidad.

Martínez goza de ese beneficio: está en la zona de fuego, donde se cocinan los partidos, pero más allá de estar, resuelve con un nivel de eficacia de alto registro. No duda. No se permite la duda que en el fútbol casi siempre es fatal. Y como un adicional muy importante y decisivo, sabe entrarle y pegarle a la pelota. Porque sabe acomodar el cuerpo para que en el instante del impacto su remate no gane las alturas, como por ejemplo le ocurre en repetidísimas ocasiones al delantero de Independiente, Leandro Fernández y a tantos otros.

A propósito de Martínez y sus felices circunstancias, vale refrescar un episodio con otros protagonistas.

A los pocos días de haber finalizado el Mundial de Estados Unidos en1994 que terminó conquistando Brasil en aquella final ante Italia en definición por penales, el Flaco Menotti en una entrevista que concedió a la inolvidable revista El Gráfico, afirmó: “En el área, Romario es más que Maradona”.

Veía Menotti por aquellos años que Romario se enfocaba en lo esencial sin gastar más energías que las indispensables : era perfecto en interpretar el pase a la red sin necesidad de hacer jugadas memorables. Un toque esquinado. Una pelota rasante. Un disparo madrugando a los defensores. Un anticipo en el primer palo. Una diagonal quirúrgica. Y el gol que no podía detenerse. Romario lo hacía fácil, sencillo, simple.

No es la intención de comparar a Martínez con ese extraordinario jugador que fue el Chapulín Romario.

Pero en el área, cuando parecen no existir tiempos ni espacios, tiene algo en particular que remite al punta brasileño: es certero, aprovecha todo lo que se le presenta (de arriba y de abajo) y ejecuta sin darle la mínima chance al que lo enfrenta, porque sorprende llegando. O sorprende por su velocidad y repentización para resolver en la dificultad, incluso barriendo y convirtiendo desde el piso como lo experimentó en el último 2-2 en Mar del Plata ante Independiente.

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De ahí a sostener que es un delantero impresionante por el que Sampaoli no tendría que dudar ni un segundo en darle la titularidad en el Mundial, forma parte de las erráticas pulsiones y espasmos que sacuden el ambiente.

Tanta ligereza y liviandad para enamorarse o decepcionarse son retratos finales que no sirven para profundizar ninguna mirada. Y tampoco le sirven ni al propio Lautaro Martínez, mucho más prudente y sensato que muchos de sus apasionados admiradores.

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