El volante convirtió su primer gol con la Albiceleste tras siete partidos y se sumó a un reducido grupo de futbolistas que compartieron la red con sus padres en la historia del seleccionado.
El primer gol de Nico Paz con la Selección Argentina no fue uno más. Le llevó siete partidos poder convertir y lo hizo de una manera poco habitual: con un tiro libre, un recurso históricamente monopolizado por Lionel Messi, principal ejecutor del equipo en los últimos años.
Su tanto frente a Mauritania no solo le permitió abrir su cuenta personal, sino que además lo colocó en un grupo muy reducido dentro de la historia del seleccionado: el de los jugadores que compartieron la alegría del gol con sus padres en la Albiceleste.
El mediocampista ofensivo continúa así un camino que había iniciado Pablo Paz, quien convirtió el 20 de julio de 1997 en un triunfo ante Venezuela por las Eliminatorias rumbo al Mundial de Francia 1998. Casi tres décadas después, el apellido vuelve a aparecer en la red con la camiseta argentina.
Los antecedentes de este tipo de coincidencias familiares son escasos. Uno de los casos más conocidos es el de los Galletti: Rubén marcó en su única presentación en 1974, mientras que Luciano tuvo un paso más prolongado y sumó tres goles entre 2000 y 2005.
Otra familia que dejó su huella es la de los Simeone. Diego “Cholo” Simeone convirtió en nueve oportunidades durante su extensa etapa en la Selección, y con el tiempo sus hijos también lograron anotar: tanto Giovanni como Giuliano ya gritaron sus primeros goles con la mayor.
A estos casos se suman otros apellidos donde la herencia futbolística también tuvo presencia en la Selección, aunque sin continuidad en el gol. Entre ellos aparecen los Redondo: Fernando fue una figura en los años 90, pero su hijo Federico no logró marcar en la mayor.
Algo similar ocurre con los Almeyda, con Matías como referente de su generación, aunque sin convertir durante su paso por el seleccionado, en otro ejemplo de linaje que no se trasladó al marcador.