Ahora en su rol de presidente del Barcelona de Guayaquil, el ex puntero izquierdo que salió campeón en Independiente y en Ecuador reveló que no hace consideraciones políticas por ser un hombre del fútbol, mostrando consignas y esquemas atados a miradas sin conexiones sociales     

“Yo soy apolítico, soy un hombre de fútbol. No voy a emitir un ataque al gobierno ni un concepto a favor de la oposición porque no me compete”, dijo Carlos Alejandro Alfaro Moreno (presidente del Barcelona de Guayaquil) en una reciente entrevista que dio al diario Olé. El marco de esa respuesta estaba vinculado al colapso del sistema sanitario que padece Ecuador frente a la pandemia provocada por el Covid-19.

La declaración del ex puntero izquierdo de Platense e Independiente, entre otros clubes donde jugó, remite a viejos esquemas de pensamiento en el que los futbolistas se veían como personajes totalmente ajenos a los distintos climas sociales.

Hace varios años, ese extraordinario arquero que fue Ubaldo Matildo Fillol, nos dejó picando en una nota para la revista El Gráfico, unas palabras reveladoras de cierto contenido existencial: “Después del retiro me fui dando cuenta que mientras era jugador vivía en una burbuja. En esa etapa te encontrás con que está todo resuelto y no tenés que hacer nada. Pero esa no es la realidad. Cuando te despedís del fútbol vas advirtiendo que tenés la necesidad de aprender muchísimas cosas que antes, otros las hacían por vos”.

Aquella definición de “vivir en una burbuja” que Fillol con una mirada autocrítica descubrió luego de abandonar la practica activa del fútbol en diciembre de 1990, quizás sintetiza una modo y una manera de conectarse con su profesión. Como si el ambiente naturalizara que jugar al fútbol no habilitaba la apertura de otros escenarios (políticos, económicos, sociales) para interpretar los rasgos y perfiles de la realidad que a cada uno le toca transitar, en comunión con los demás.

Esa “burbuja” a la que apeló el Pato, por supuesto siempre trascendió a la aldea donde se expresan los jugadores. Hay múltiples “burbujas” más ocultas o más desnudas. Quizás Alfaro Moreno vive en una de ellas. Por eso planteó una consigna que tiene todo el contenido de un lugar común: “Yo soy apolítico, soy un hombre del fútbol”.

Y es sugestivo. Porque él es presidente de un club con la dimensión policlasista del Barcelona. Y más bien que tuvo que construir política para arribar a ese cargo. No llegó en paracaídas. No fue un hombre providencial. Se preparó para ejercer, como él mismo explicó en la entrevista citada.

El fútbol, por otra parte, aunque sea un juego, también se resignifica a cada paso en un hecho político. Cualquier tipo de conducta encierra un entramado político. Transformar a un jugador, ex jugador, un entrenador o dirigente en un protagonista despojado de una ideología, no deja de ser un reduccionismo que termina subestimando y cosificando a las personas.

Seguramente Alfaro Moreno tiene una ideología política. Pero en las urgencias sanitarias desatadas por el coronavirus, prefirió jugar a las escondidas. Fiel a las consignas de otros tiempos, naturalizó que un intérprete del fútbol es apolítico. Y lo sacó de la cancha. Para ubicarlo en aquella “burbuja” que identificó el Pato Fillol.

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