San Lorenzo tiene mejores números que nivel de juego en esta Superliga. Si uno se remite a la data numérica que carga la tabla, se sustenta que sea uno de los principales seguidores del ritmo que impone Boca en la punta.
Pero desde lo estrictamente futbolístico, aparece la versión opuesta. La de un equipo pobretón, inconexo, carente de figuras y con algunos jugadores referenciales importantes que no están a nivel de las exigencias y otros que empujan desde atrás pero que les queda lejos el arco contrario, aunque uno de ellos ayer en la última acción estuviese a punto de quebrar el empate. Viéndolo jugar, no se entiende en base a qué San Lorenzo llegó a esperanzarse con discutirle el campeonato a Boca. Obviamente, por algo sumó los puntos que calza. Pero el fundamento lo tiene fallado de fábrica. No conforme con su mal desempeño hace una semana en el bosque, se encontró en Unión a un rival que le manejó el partido y que no le ganó porque el equipo de Madelón no tiene ese peso atacante necesario y acorde a lo que genera viniendo desde la zona media hacia el área de enfrente. Por eso, el mal clima. En una tribunas no del todo pobladas que bajaron como mandato ganarle si o si a Huracán el próximo cotejo. Por eso los silbidos mayoritarios entre aislados y fríos aplausos al final de este cero a cero que pudo no ser tal, por uno y otro lado, pero que califica más, castiga más, a un grupo que perdió figuras por ventas y que tiene un entrenador que ya es cuestionado aunque tímidamente, por sus antecedentes, por ser de la casa. Si este San Lorenzo fuese dirigido por el uruguayo Aguirre, sería una hoguera.
San Lorenzo apenas llegó cuatro veces con riesgo de gol de cara a Nereo Fernández, quien terminó siendo figura no por trabajar a destajo sino por haber solventado las dos más importantes, la primera y la última. A los 17 minutos, cuando falló el negro Gómez Andrade y Blandi capturó para dejar solo a Botta, quien se asustó ante el arquero pateándole débil a las manos. Y la última, a los tres minutos 58 segundos de los cuatro de adicional dados por Rapallini al final, cuando con todos en el área visitante, el balón le cayó a Caruzzo tras otra pifia -de Bottinelli- y su toque definitorio murió en Nereo, quien se quedó con la pelota del partido. En medio de estos extremos, hubo un cotejo que controló Unión con tranquilidad, sin meterse atrás y jugando la pelota con criterio del medio hacia adelante. Unión terminó llegando más que San Lorenzo con pelotas cruzadas que nadie llegaba a conectar y no definió porque siempre eligió mal cómo lanzar la última estocada. Nada de Belluschi, nada de Botta, nada de Blandi. Sin mediocampo, San Lorenzo fue empuje desde atrás por Coloccini y Caruzzo, más algunas aventuras inconsistentes de Angeleri por derecha y recién con el ingreso de Nahuel Barrios se encendió algo, a pura gambeta de éste. Con un esquema de un solo punta que no fue modificado y que no fue arriesgado, se diluyó en el cero. Que lo dejó demasiado preocupado.
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