Irreprochable su designación desde el punto de vista técnico para dirigir este partido (el otro candidato era Fernando Rapallini), un par de falsas actuaciones en los últimos partidos, habían abierto un paréntesis respecto de su designación para esta nueva final (en la anterior su padre que luego hasta iría a un Mundial, fue asistente) entre Boca y River. Pero su actuación estuvo a la altura de esta Superfinal. Volvió a cantar el presente cuando más se lo necesitaba. A dejar a salvo el apellido.
Al principio dejó pasar un rodillazo de Fabra a Mora. Pero luego fue más que correcto en la aplicación de las tarjetas y además, estuvo impecable en la sanción del penal.
En el segundo tiempo se le puede achacar no haber mostrado una amarilla a Magallán y bien en no considerar ese supuesto penal por presunta mano de Ponzio.
En la previa al segundo gol, entendió que no hubo penal a Pablo Pérez de parte de Zuculini y un detalle clave fue que ningún jugador del equipo boquense protestó y hubo un entrevero entre Pinola y Magallán, en donde quizá Loustau se pueda anotar uno de los pocos errores de una actuación prácticamente irreprochable.
Está claro que después de lo vivido en General Díaz-Cerro Porteño y Racing-Vélez, se motivó de forma especial para este partido y fue uno de los protagonistas destacados.
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