
No necesitó decir nada Carlos Tevez. Los gestos del final alcanzaron para confirmar lo que no se animó a decir en estos días, tal vez conflictuado por esa oferta casi obscena que le hicieron los chinos para llevar su fútbol a esa parte del mundo. Esta vez la Bombonera no pesó, gritó, suplicó con el corazón en la mano, pero no alcanzó. Ganaron los chinos, los millones chinos..
Guillermo decidió sacarlo a los 44 minutos del segundo tiempo y a partir de allí comenzaron a escribirse los últimos instantes de Carlitos en Boca. Primero le dio la cinta de capitán a Pablo Pérez con abrazo incluido, después fue caminando triste y sin ganas de salir rumbo al banco para abrazarse con Guillermo y así con cada uno de los integrantes del banco de suplentes, mientras la Bombonera descargaba desesperadamente sus últimas súplicas para que cambie una decisión que ya había tomado hace varios días.
"Vení, vení, cantá conmigo, que un amigo vas a encontrar, que de la mano de Carlos Tevez, todos la vuelta vamos a dar", gritó con locura la gente intercalando un "O, lé, lé, o, lá, lá, Carlitos es de Boca y de Boca no se va"; lo recibió con el equipo. El 10 levantó las manos, saludo como si fuera un partido más, pero no lo era. En un lugar de la platea baja estaban sus amigos de Fuerte Apache con una bandera blanca, marcada a los apuradas dejaban su mensaje, "Carlitos Idolo para siempre, de la Boca a la China".
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