Parece un número digno de otra selección, pero es Argentina el segundo país con menos goles convertidos en las Eliminatorias Sudamericanas. Hizo 16 en los 15 partidos que disputó. Solamente un país gritó menos, y es Bolivia: incluso Venezuela, sin delanteros de renombre, concretó más. El poderío ofensivo, de momento, es más ilusión y esperanza que realidad.
La anemia de goles tiene un origen en la falta de un mapa de ruta claro y preciso. Argentina, en estas Eliminatorias, trabajó con tres entrenadores distintos. La presión se sobredimensionó: en todo momento los futbolistas jugaron bajo una exigencia gigantesca. Para el periodismo —y para los hinchas— cada partido significaba una revancha de las últimas tres finales perdidas. Como si ganar fuese la única manera de olvidar los fracasos. En ese escenario arrancó Gerardo Martino, con un sistema y una idea que acabaron siendo tragadas por un pozo ciego cuando Ecuador ganó en el Monumental. Continuó Edgardo Bauza y la confusión fue tan grande que el plantel no sabía si debía atacar o si debía defenderse. Y ahora en Ezeiza se lee el manual ofensivo de Jorge Sampaoli, cuyo trajín recién comenzó el último jueves en Uruguay.
Ninguno de los tres fueron capaces de activar a las bestias. Los atacantes parecen incapaces de desbalancear un resultado. Hubo seis partidos en los cuales Argentina no pudo hacer un gol. Apenas suman una decena de goles entre los once futbolistas ofensivos que fueron titulares en estas quince jornadas. La fracción, equiparada con los promedios que ellos mismos lucen en los campeonatos europeos, es ridícula.
El puñado de goles se divide en pocos hombres. Lionel Messi, como es habitual, encabeza la lista de artilleros con cuatro gritos en siete presentaciones. Lucas Pratto, lejos de la órbita del actual cuerpo técnico, y Ángel Di María metieron dos cada uno, mientras que Gonzalo Higuaín y Ezequiel Lavezzi, también rezagados por el casildense, se anotan con uno. El resto son goleadores no habituales: Gabriel Mercado, Nicolás Otamendi, Lucas Biglia y Ramiro Funes Mori.
¿La tendencia se repite en los goleadores de otras selecciones?
"La cantidad de goles que tiene el equipo no tiene relación con la calidad de los jugadores que tenemos. Hay que vincularlos los unos a los otros. Naturalmente hay futbolistas que se potencian y otros que se neutralizan", aseguró Sampaoli. Sampaoli sabe que la crisis ofensiva es real. Sabe que Argentina no pesa en ataque a pesar de la densidad de los nombres propios. Son leones sin selva, sin hábitat donde rugir. En eso trabaja el entrenador: en hallar el reactivo que les provoque la furia.
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